Público
Público

En las tripas de García-Alix

Fotografía. Público penetra en las entrañas del fotógrafo, en el taller donde se preparan las copias murales de la muestra

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Las tripas de Alberto García-Alix huelen a revelador y a fijador. El corazón del fotógrafo late en las cubetas gigantes del estudio del también fotógrafo Juan Manuel Castro Prieto, en el centro de Madrid.

El estudio cruje en el primer piso de un apartamento rodeado de bares con aceite y calles con negocio. Suelo de madera, ventanas a un patio interior, enormes mesas para tratar las copias más grandes, libros de fotografía por todas partes y unas cuerdas de tendal en la sala destinada al secado. Castro Prieto ha sido el encargado de hacer palpitar las copias murales de la exposición que se inaugura este miércoles en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, bajo el título De donde no se vuelve, con casi 200 fotografías y un vídeo.

Quienes ya han hurgado en los secretos de la muestra, han visto en ella un hito en la maduración del Premio Nacional de Fotografía de 1999. Quizá se hayan encontrado con el trabajo que hará posible borrar todas las pistas que insistían en relacionarlo exclusivamente con la noche, la discoteca, los años ochenta, sus motocicletas y sus costumbres. Todavía hoy hay quien lo llama 'poeta callejero', haciendo de menos una de las apuestas artísticas más arriesgadas. Ahora Alberto lucha contra ese personaje visto por los demás.

Cuando entramos en el laboratorio, Castro Prieto remata las últimas copias. Estamos a finales de octubre y lleva meses con este encargo. Cuchilla en mano, detrás de las gafas da la puntilla a una de las fotografías: 'Alberto es muy exigente, tiene muy claro lo que quiere', y apunta que para llegar a la copia ideal le trae una de referencia. 'La diferencia entre una buena copia y una mala copia es una cuestión de gusto del fotógrafo. Mi obligación es ceñirme a lo que el autor quiere'.

Habla de otro gran fotógrafo, Eugene Smith, para señalar las diferencias con García-Alix. Al primero le gustaban las fotos fuertes, oscuras y con mucha atmósfera. 'Alberto busca el drama en el contenido, no en el positivado. Huye de las estridencias, quiere reproducir la atmósfera natural tal y como se la encontró al hacer la fotografía', nada de efectismo, explica, y ahora pone el ejemplo de Salgado, cuya fotografía es 'casi bíblica'.

Cuando Alberto llega al laboratorio, Castro Prieto le dedica todo el día para revisar copias. Juanma ha trabajado con cuidado, ha repetido mucho cada foto. 'Deben ser impecables García-Alix confirma la exigencia; cuando digo impecables quiero decir que pueda ver en ellas la luz que las alienta'.

Parece que se conseguirá otra vez. Lo artesanal es infalible. Todavía puedes encontrarte a sus colaboradores, en el laboratorio, llenando un bidón con agua para lavar las copias en papel baritado. A veces el olor es horrible, a huevo podrido, 'el monosulfuro', explica. 'Me están arrinconando. La última noticia es que ya no me mandarán papel para contactos en blanco y negro, lo han dejado de fabricar', ahora el tono de Castro Prieto se vuelve de plomo. 'El día menos pensado dejan de fabricar papel', porque el digital le come. La llegada de la comodidad ha sido la gran revolución de la historia de la fotografía en 150 años.

¿Con qué García-Alix vamos a encontrarnos en el Reina Sofía? Por lo que hemos visto, camina hacia lo lírico, para alejarse de su clásico retrato rotundo, aunque él piensa lo contrario, que encontraremos 'al mismo de siempre'. 'Conservo mis demonios. Camino hacia delante, sin alejarme del retrato. El retrato es un encuentro y el encuentro es la magia de la vida.

De eso mismo habla la exposición', su voz podría descubrirse entre mil, como su fotografía. Sus amigos dicen que se cuida, que antes su bebida preferida era Ron Negrita, que ahora está a Coca Cola y agua, que es un goloso y no perdona ni una mañana su té y su bizcocho. Que es un gran amante del tango hay que verle en su Harley cantándolos y todos se preguntan por su gran secreto: ¿De dónde saca la energía?

'Más que sus resultados, lo que me sorprende es su capacidad de trabajo', explica Luis Baylón, fotógrafo con el que compartió sus primeros años con cámara. 'Trabaja como una fiera, todo el tiempo cavilando', reconoce Baylón, que ya no comulga con sus experiencias fotográficas, pero que le descubre como un gran luchador al que 'nadie le ha regalado nunca nada'.

Luis también señala esa huella delirante y mitómana que hay en las fotos, pero también en guiones y vídeos, de García-Alix. ¿Qué le aporta el vídeo? 'Le pone ruido, busco fotografiar mi voz', vuelve la voz de Alberto, no ha perdido en determinación. 'La introspección la cultivo en el vídeo, la narración visual es el eje de la muestra. Es una exposición narrativa', cuenta sobre De donde no se vuelve.

Veremos un trabajo más maduro y más duro, donde la potencia del trabajo se ha curtido en el vacío. 'Alberto está evolucionando hacia un lugar muy interesante. Su fotografía es cada vez más sugerente. Además, sus registros se han ampliado; aparecen paisajes nocturnos, arquitecturas', cuenta Juanma Castro Prieto. Resumir su fotografía a un diario personal es ponerle límites irreales: 'Nunca lo ha sido cuenta Alberto; lo que sí es cierto es que mi biografía, el eco de mis pasos, va pegado a mis imágenes'.

'Alberto es quien está más cerca de la llama', ahora entra en escena la voz de Ricky Dávila, otro de los grandes fotógrafos de este país templados al calor de la esencia de García-Alix. Se refiere al uso de la cámara, al motivo por el que fotografía el amor a la vida con sus duelos y sus celebraciones, 'hay un fundamento humanista en todo su trabajo'.

Reconoce en él a uno de los pocos y verdaderos referentes culturales, siempre que se limpien los clichés mediáticos que se le han ido pegando a golpe de leyenda. 'Su mirada es inocente, tan rica, que está en un eterno primer día. Es un fotógrafo de recorrido sin escuela, porque su aproximación al medio es la de un gitano: llega a la fotografía desde fuera de la fotografía, sin academicismos.

Su formación no es su deformación', reconoce tajante Dávila, que asegura que a Alberto le influyen más Joseph Conrad, Celine o Gutiérrez Solana tiene una cantidad ingente de héroes que cualquier fotógrafo. Y con una lucidez sin apasionamiento apunta: 'Alberto, con su trabajo, sólo da cuenta de sí mismo, sin atender a gramáticas preestablecidas, como un lamento de Camarón o un riff de Django Reinhardt: sin falanges, la mirada velada y a golpes de corazón'.

La llama, la esencia, la mirada sin amaneramiento, parecería el cronista perfecto de su interior. 'Yo nunca he sido un cronista', reclama el canto del marinero Alix. 'Lo que no se puede negar es que cada foto pertenece a un tiempo específico, visible en toda la información que llevan implícitamente las fotos, como por ejemplo la forma de vestir, el lugar donde están tomadas, etc. No tomo las imágenes con intención documental. Las tomo al hilo de mis emociones', en todo el centro. Pero, según esto, ¿cuáles son los límites de la experiencia artística? 'De donde no se vuelve', dice. Esperemos regresar.