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Turismo cultural en Sudáfrica

Visitar una aldea cultural, una forma en auge para conocer las etnias que conforman el "país del arco iris".

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Los pedi, una de las etnias de Sudáfrica, se rindieron al ejército británico tras perder la batalla de Tsate en 1879. Se cuenta que no ofrecieron la resistencia debida al avance de las tropas extranjeras porque ellos, unos fieros guerreros, no podían disparar a un regimiento de mujeres. Cuando se dieron cuenta de que los soldados que les atacaban no eran mujeres sino fornidos escoceses vestidos con su tradicional kilt ya era demasiado tarde.

Ésta es la razón por la cual muchos pedi usan en la actualidad una especie de kilt, la falda escocesa, como un elemento de su traje tradicional. Es una de las historias que se pueden aprender en Lesedi, una aldea cultural en la que los visitantes pueden observar algunos aspectos de las formas de vida tradicionales de cinco etnias sudafricanas: los xhosa, los bashoto, los zulu, los ndebele y los pedi. Y empezar a distinguirlos por sus ropas: los turbantes xhosa, los sombreros de paja y las mantas bashoto, las pieles zulu, las coloridas mantas ndebele y, sí, las faldas pedi.

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Las aldeas culturales son uno de los aspectos que se están desarrollando en el panorama turístico de Sudáfrica, más allá de los destinos tópicos como Ciudad del Cabo, los parques nacionales y las playas. Con ellas se pretende que el visitante acceda a un conocimiento, aunque sea somero, de la riqueza cultural tradicional del país. Hay varias de estas aldeas culturales por el país, pero la mayoría de los visitantes parece coincidir que Lesedi es la más atractiva, por varios motivos. Uno de ellos es la facilidad de acceso desde ciudades como Johannesburgo y Pretoria. Pero sobre todo porque ofrece la posibilidad de vislumbrar los modos de vida de cinco culturas diferentes y no sólo una como es lo más frecuente.

En Lesedi hay varias familias que viven allí de forma permanente, en recintos que reproducen la arquitectura propia de cada etnia, con sus ropas tradicionales. Hay ocasiones en que se ejecutan danzas tradicionales o se cuentan historias. Es como asistir a un concentrado de cultura rural puesto a disposición del viajero, en su gran mayoría extranjero y urbano.

Puede darse la posibilidad de que el visitante poco interesado se crea ante un teatro que desvirtúa la propia cultura que se quiere mostrar. Evidentemente hay mucho de representación, pero no necesariamente de deformación. Por un lado cuentan las historias de siempre, las que sustentan el entramado de un grupo. Por ejemplo, la historia de Shaka, al que puede llamarse el Gengis Kan de los zulu, que surgió de un origen pobre como hijo ilegítimo dentro de un clan poco importante hasta liderar un ejército que dominó el sur de África a principios del siglo XIX.

Pero también está la lucha de las propias culturas rurales para sobrevivir en un mundo cambiante en el que parece que todo gira alrededor de las ciudades. Hay canciones que hablan de los temores de los campesinos que llegan a Johanesburgo, de su encuentro con una sociedad diferente a la que conocían en las lejanas montañas. En Lesedi se trata de mostrar lo que permanece, pero también ofrecer una visión de los retos del mundo moderno. Si se comprenden ambos factores será más fácil el conocimiento y, por tanto, la supervivencia.


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