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El Turner vuelve a premiar el arte

Richard Wright gana este año con un fresco abstracto alejado de la provocación de los galardonados en pasadas ediciones

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Quien dijo que el arte no puede ser divertido no sabía nada del Premio Turner. Se entrega cada año en Londres al artista menor de 50 años que ha realizado la mejor obra de arte contemporáneo. El año pasado, lo recibió una instalación de vídeo de Mark Leckey que contaba con la compañía de un muñeco de Homer Simpson. Y eso que había candidatos aún más delirantes.

Este año, el jurado del premio ha optado por una vía revolucionaria: conceder el galardón a una obra de arte. Los que siempre apuestan por un artista que utilice vísceras de animales e incluso excrementos habrán quedado decepcionados.

Wright cree que el arte es algo fugaz, por eso suele destruir sus frescos

El ganador ha sido Richard Wright, de 49 años, un pintor que entiende el arte como algo fugaz. No debe permanecer en el tiempo sino que sólo tiene valor ahora y por tanto está obligado a desaparecer. Ese es el destino que tendrá la obra ganadora. Al tratarse de un fresco, cuando se cierre la exposición en la Tate Britain que ofrece el trabajo de los candidatos el próximo 3 de enero, le aplicarán por encima una capa de pintura blanca.

La obra premiada que ocupa casi toda una pared forma una estructura arbórea vista desde lejos que ofrece formas muy diferentes al acercarse a ella. Las simetrías y los barroquismos forman un tipo de abstracción que muchos artistas contemporáneos al menos, los que se presentan al premio Turner han abandonado en favor de figuras y conjuntos que buscan sólo provocar una reacción inmediata.

Wright no era el favorito, según las apuestas. Efectivamente, también se apuesta por el ganador del Turner, como si fuera una carrera de caballos. Este año, por alguna razón que nadie tiene muy claro, se apostó de forma desaforada.

En la 25º edición del premio, el jurado ignoró las excentricidades

El favorito, hasta el punto de que su victoria no habría dado mucho dinero al apostante, era Roger Hiorns. Había fundido el motor de avión y el engrudo pulverizado resultante cubría el suelo de la sala.

Tampoco ganó Lucy Skaer, que entraría dentro de la categoría de arte animal: el elemento fundamental de su obra era el cráneo de una ballena.

Wright ha sido el ganador de la 25º edición del Turner en el momento justo. Por edad, no podría presentarse en 2010. Su obra no recogerá tantos titulares como Turner anteriores ni una revalorización instantánea. Casi no pinta sobre lienzo y por tanto es difícil que su obra se pueda comprar o subastar. Como dice él, su arte es sólo para el presente.