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La UE busca una postura común que supere las diferencias internas sobre Kosovo

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Los ministros comunitarios de Exteriores intentan lograr hoy una postura común sobre la independencia de Kosovo desde dos posiciones contrapuestas: la de los que opinan que es la mejor solución y se ajusta al derecho internacional, y la de los que, capitaneados por España, creen que es peligrosa e ilegal.

La reunión no busca un acuerdo sobre el reconocimiento de la independencia kosovar, ya que es un asunto que corresponde a cada país de la Unión de forma individual.

A pesar del consenso en torno a la necesidad de abrir la puerta de la UE a todos los países balcánicos y no olvidar a Serbia, las declaraciones a la llegada a la sede del Consejo de Ministros mostraron las diferencias que la declaración secesionista de Kosovo ha abierto entre los 27 miembros de la Unión.

España "no va a reconocer el acto unilateral" de la proclamación este domingo de la independencia de Kosovo "porque no respeta la legalidad internacional", afirmó el ministro español, Miguel Ángel Moratinos, a su entrada al Consejo.

Moratinos anunció que propondrá a sus colegas unas conclusiones comunes que "manteniendo la posición española garanticen el mayor grado de unidad" en el seno de la Unión y de "estabilidad y seguridad" en los Balcanes.

También recordó que los países de la UE que están en contra de la secesión son "los más cercanos a los Balcanes occidentales", en referencia a Rumanía, Bulgaria, Grecia, Eslovaquia y Chipre.

Sin embargo, otros ministros se mostraron menos reticentes o francamente favorables a la declaración kosovar de independencia.

El titular francés, Bernard Kouchner, negó que la independencia de Kosovo sea "una tragedia" para nadie, ni siquiera para Serbia, y minimizó las diferencias entre los países europeos respecto al reconocimiento del nuevo Estado.

Kouchner dijo que recibió la declaración kosovar "con alegría", también "alegría por los serbios, porque creo que es el principio para los serbios de la marcha que les va a conducir hacia la Unión Europea".

"Sé que es muy penoso para ellos, sé que tienen en Kosovo mucho de su historia y un trozo de su corazón, pero no había otra solución salvo el enfrentamiento perpetuo", añadió.

El británico David Miliband intentó tranquilizar a otros países al insistir en que "es muy importante" que se entienda que "ésta es una situación única y no sienta precedentes" en otros territorios.

El presidente de turno del Consejo de la UE, el esloveno Dimitij Rupel, dejó claro que "no le compete a la Unión como tal" reconocer a Kosovo, y que cada Estado miembro "es libre" de hacerlo.

Rupel confió en que el proceso "llegue a un final lo antes posible" e insistió en que la Unión Europea "quiere ayudar a todos" los países de la región, incluyendo a Serbia.

Recordó que la UE está unida en el envío de la misión civil a Kosovo, acordada la pasada semana, y que tendrá unos 1.900 efectivos internacionales entre policías, jueces, fiscales y agentes aduaneros, para ayudar a ese territorio a crear una administración eficaz.

Por su parte, el comisario europeo para la Ampliación, el finlandés Olli Rehn, resaltó que la UE intentó facilitar la negociación de un acuerdo entre albano-kosovares y serbios, pero no hubo resultados.

Rehn, igual que varios ministros europeos, insistió en que el actual "statu quo" es "insostenible" y se remontó a los conflictos que asolaron la antigua Yugoslavia en los años 90 y que culminaron con la guerra de Kosovo de 1999, cuando se estableció el protectorado de la ONU en ese territorio.

A su juicio, las manifestaciones de ayer del primer ministro kosovar, Hashim Thaçi, fueron muy positivas, porque habló de independencia bajo supervisión internacional, de un Kosovo multiétnico y de la protección de las minorías.