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La UE confía en una sólida recuperación en otoño

Bruselas y los 27 ultiman el diseño del gobierno económico del futuro

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La Unión Europea comienza hoy el curso económico aguantando la respiración. La sensación es casi literal, ya que Bruselas y los 27 confían, no sin cierta ansiedad, en nuevos datos que apuntalen por fin la recuperación y dejen para los libros de historia nuevos rescates de la moneda única en reuniones de madrugada o golpes de timón en el gasto público. Los 27 socios de la UE consideran que su estrategia de reducción del déficit y apoyo del BCE a la banca es suficiente para dejar atrás la crisis. No hay medidas a corto plazo sobre la mesa, por lo que las instituciones comunitarias se centran desde hoy en blindarse contra las futuras recesiones haciendo realidad sus promesas de gobierno económico de la zona euro.

El grupo de trabajo liderado por el presidente del consejo, Herman Van Rompuy, se reúne hoy para perfilar el endurecimiento, con nuevas sanciones, de las líneas rojas del déficit y deuda supervisados a nivel europeo por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Además de los castigos a los países incumplidores, obra intelectual del Gobierno alemán, los 27 cerrarán el capítulo de la prevención con la propuesta de someter a examen europeo a las grandes líneas de los presupuestos de todos los países en primavera, antes de que los parlamentos nacionales pacten su letra pequeña, algo que habitualmente sucede en otoño.

Se endurecerán las sanciones a los países que no controlen su déficit

Las dos ideas no son nuevas sino que llevan meses debatiéndose. Van Rompuy tendrá ahora que pisar el acelerador y transformar principios generales en letra pequeña si quiere cumplir con los plazos. Los jefes de Gobierno pretenden tomar alguna decisión definitiva sobre el nuevo gobierno económico de la UE el mes que viene (todavía está por ver si el presidente del consejo saca adelante su vieja idea de reunir a los jefes de Gobierno una vez al mes, siguiendo la máxima de que 'ningún Gobierno se reúne sólo dos veces al semestre'). En paralelo, los 27 afrontan la puesta en marcha de tres nuevas autoridades supervisoras y un sistema de alerta rápida en caso de colapso financiero, pactados la semana pasada y que comenzarán a funcionar en enero. Los ministros de Finanzas, en la reunión mensual del Ecofín, darán su aprobación a los nuevos supervisores financieros.

La publicación de las pruebas de esfuerzo a la banca, o test de estrés, y unas previsiones económicas del BCE más optimistas que las de hace tan sólo unos meses inyectan cierta calma en los 27. Sin embargo, la amenaza de la especulación bursátil y la desconfianza de los mercados no se ha serenado del todo. En el último mes, el coste de la refinanciación para países como Irlanda, Grecia o Portugal ha seguido creciendo en comparación con el bono alemán, referencia habitual.

El Ecofín aprueba mañana los nuevos reguladores financieros

Fuera de la moneda única, Hungría, un país ya subsidiado por la UE y el FMI, amenaza con abrir una nueva grieta por su penosa situación económica. Incluso el fondo de rescate de la eurozona, dotado con 750.000 millones de euros, vislumbra algún nubarrón en el horizonte por culpa de Eslovaquia, el primer país que se ha echado atrás y ha anunciado que no aportará lo que le toca, al menos de momento.

De cara a la reunión del G-20, que se celebrará en noviembre en Seúl (Corea del Sur), los 27 tratarán de ponerse de acuerdo sobre un modelo de impuesto a los bancos para que paguen sus propias crisis. La idea, que no concitó el acuerdo de la última reunión del G-20 en Toronto, podría ir acompañada de una tasa que grave las transacciones bancarias. Alemania presentó su propio impuesto a la banca hace semanas, pero otros países, arropados por la industria financiera, consideran que no es el momento de exigir más a un sector recapitalizado con dinero público y en plena reestructuración.

Por otra parte, Bruselas subirá el volumen de una alerta lanzada en julio, cuando advirtió de que los sistemas de pensiones actuales no resistirán el envejecimiento de la población. Entonces, la Comisión Europea sugirió que, para garantizar las prestaciones actuales, la media de edad de jubilación tendría que ir incrementándose progresivamente hasta los 70 años en 2060. En paralelo, varios países, como España y Portugal, necesitan reformar en profundidad su mercado laboral, según el Ejecutivo comunitario.

Los sindicatos europeos no han asistido impasibles a lo que consideran un recorte claro de derechos consolidados y celebrarán, el 29 de septiembre, coincidiendo con la huelga general en España, una euromanifestación en las calles de Bruselas y otras capitales.