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La UE confía a dos valiosos desconocidos la misión de darle peso en el mundo

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Dos valiosas personalidades, pero desconocidas dentro y fuera de Europa, ocuparán los nuevos cargos creados para dar coherencia y peso mundial a la Unión Europea.

Los veintisiete gobernantes europeos acordaron hoy, por unanimidad y en un tiempo récord para lo que suelen ser estas cumbres nocturnas, elegir al belga Herman Van Rompuy como primer presidente estable del Consejo Europeo, la más alta institución de la UE.

Eligieron, igualmente sin disidencias, a la británica Catherine Ashton, como sucesora de Javier Solana en el nuevo y reforzado puesto de Alta representante europea para la política exterior y de seguridad.

Ninguno de los dos rostros es conocido fuera de los pasillos de Bruselas, pero el tándem personifica la imposible cuadratura del círculo que buscaban los Veintisiete.

Un democristiano y una laborista, un país pequeño y federal y otro grande y euroescéptico, un hombre y una mujer.

Van Rompuy, actual primer ministro de Bélgica, se convertirá el 1 de diciembre, por dos años y medio, en el primer presidente estable del Consejo Europeo, la institución que reúne a los jefes de estado o gobierno de la Unión.

Después de casi ocho años de negociaciones, tratados fallidos y referendos perdidos, los europeos van a estrenar, finalmente, una nueva arquitectura institucional con la que pretenden mejorar la toma de decisiones y aumentar su influencia en los asuntos mundiales.

El presidente del Consejo Europeo preparará los trabajos de los gobernantes de la UE, dirigirá sus debates y los representará ante los líderes de otras potencias.

No será el "presidente de Europa", porque la Unión "no es un estado ni lo quiere ser", según ha subrayado José Manuel Durão Barroso, pero ayudará a dar coherencia, continuidad y visibilidad a las decisiones colectivas de la Unión.

Van Rompuy, de 62 años, discreto, hábil negociador y experto en lograr consensos, era el candidato ideal para el puesto y representa lo que los líderes comunitarios querían, ha reconocido el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt.

En la cuneta ha quedado el ex primer ministro británico Tony Blair, de un perfil diametralmente opuesto, pero a quien la invasión de Irak en 2003, que tantas divisiones provocó en Europa, le ha terminado pasando factura.

En su primer discurso ante los medios, Van Rompuy se ha comprometido a "tener en cuenta los intereses y sensibilidades de todos" y a tratar de garantizar el consenso en las decisiones de los Veintisiete.

"Todos y cada uno de los países deben surgir victoriosos de las negociaciones. Una negociación en la que una parte termina derrotada no es nunca una buena negociación", ha dicho.

Los gobernantes también han elegido hoy, sorprendentemente rápido, a su representante de exteriores, una baronesa británica, socialista, que ocupaba la cartera de Comercio en la Comisión Europea.

Catherine Ashton, Cathy, ha tenido que defenderse a las primeras de cambio de los dardos de los medios británicos que, en la rueda de prensa final la han preguntado si no se sentía elegida solo por el hecho de ser mujer.

"En el pasado, gran parte de los hombres consiguieron sus cargos sobre las mujeres precisamente por ser hombres", ha espetado a la BBC.

"Júzguenme por mis acciones y quedarán satisfechos", ha añadido con rotundidad.

La baronesa Ashton tendrá nuevas y amplias competencias respecto a su predecesor Javier Solana: será vicepresidenta de la Comisión Europea y al mismo tiempo presidirá las reuniones de los veintisiete ministros de Asuntos exteriores de la Unión.

Coordinará en el futuro todas las políticas externas de la UE y dirigirá el nuevo e imponente servicio diplomático europeo.

Tras su designación hoy por los gobernantes comunitarios, Ashton tendrá que obtener todavía el visto bueno del Parlamento Europeo.

El presidente de la Comisión Europea, Durão Barroso, que también tenía que aprobar la designación del Alto representante, dado su doble mandato como miembro de la CE, ha expresado en público su "entusiasta" apoyo a Ashton.

Barroso ha subrayado sus virtudes negociadoras y también el hecho de que sea británica, porque es muy importante, ha dicho, que el Reino Unido se sienta en el corazón de Europa y porque aportará la "visión global que tienen los británicos".

Lo importante ahora es echar a andar, han asegurado Reinfeldt y Barroso, que "la práctica y no la teoría ni los papeles" engrase los nuevos cargos y las relaciones entre las instituciones, preservando el equilibrio.

El antiguo Secretario de estado estadounidense Henry Kissinger, del que se dice que lamentaba no conocer el número de teléfono de Europa, ya tendría a quién llamar, se ha felicitado Barroso.