Publicado: 20.05.2014 14:26 |Actualizado: 20.05.2014 14:26

La UE, entre la espada nuclear y la pared rusa

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

No muerdas la mano que te da de comer. Ese parecía ser el sentimiento de Günther Oettinger, comisario europeo de Energía, cuando el pasado viernes afirmó que imponer nuevas sanciones sobre el sector energético ruso "sería algo inapropiado". Oettinger acababa de reunirse con los ministros del ramo de los Estados miembros, en una reunión informal en Atenas donde las consecuencias del conflicto ucranio centraron todas las conversaciones.

Oettinger sabe que la Unión Europea (UE) no puede permitirse contrariar a Rusia con sanciones que puedan inclinar a Moscú a utilizar el suministro energético como "un arma". No en vano, Rusia es el principal proveedor de carburantes para la UE, responsable del 30% del gas, el 35% del petróleo o el 26% de los combustibles sólidos que importan los Veintiocho, tal y como recoge Eurostat. Además, por el gasoducto ucranio discurre un tercio del gas ruso que llega a la UE.

En Atenas se pusieron encima de la mesa algunas soluciones para contrarrestar esta situación. La primera, aumentar la "reserva de seguridad" de gas desde los 30 días actuales a 50 o 60, un mayor colchón en caso de que Moscú decida cerrar el grifo. El segundo recurso planteado fue revisar el proyecto de crear un gran corredor mediterráneo para el abastecimiento de gas, que hasta el estallido de la guerra no declarada en Ucrania, era puesto en duda por la gigantesca inversión necesaria.

"No se pueden descartar grandes inversiones solo para asegurar el suministro energético", afirman fuentes comunitarias

"El supuesto de seguridad energética ha cambiado completamente y no se pueden descartar grandes inversiones con vistas a asegurar el suministro, más que por el retorno de beneficios" afirmó a Reuters antes de la cumbre en la capital griega Pasquale De Micco, asesor del Parlamento Europeo. Una parte de dicho corredor mediterráneo, que traerá gas turco a Europa vía Grecia e Italia, ya está en marcha. La segunda y más ambiciosa etapa consiste en crear un gran centro gasístico en el yacimiento descubierto en las aguas entre Chipre e Israel.

Es en esta explotación donde la UE sopesa utilizar un cheque en blanco con tal de asegurar un abastecimiento de gas independiente de Rusia. Pese a que tal inversión podría relanzar las deprimidas economías griega y chipriota, el desafío es grande: conflictos territoriales, tensión política y unas aguas profundas y sísmicamente activas dificultarán el desarrollo del proyecto. Además, este yacimiento del mar Levantino solo podría asegurar el suministro europeo completo durante siete años, por lo que los socios comunitarios contemplan extender las conexiones a Irán, Turkmenistán y Azerbaiyán.

Sin embargo, esta apuesta podría no ser más que una huida hacia delante. El corredor gasístico del Mediterráneo no corrige la dependencia europea de la energía exterior, y tampoco asegura una fuente de producción sostenible en el tiempo.

Europa no es un continente productor de energía, por lo que depende enormemente de las importaciones para mantenerse. La UE produce el 6% de la energía mundial, pero consume el 13,5%. Sin grandes yacimientos de petróleo o gas, la principal fuente de producción primaria continúa siendo la energía nuclear, con un 29% del total.

Sin embargo, la UE tampoco puede acomodarse en la energía atómica. Tal y como denuncia Greenpeace, el 44% de los reactores de la UE tienen más de 30 años y están a punto de llegar al final de su vida útil. Tras el desastre de Fukushima, los líderes europeos se comprometieron a no seguir promoviendo esta tecnología por los peligros que entraña y a no construir nuevas plantas. La organización ecologista denuncia que este propósito ha derivado en "una oleada creciente de nuevas estrategias para evitar una eliminación gradual de la energía nuclear, especialmente en los países que no han desarrollado alternativas viables".

Activistas de Greenpeace protestan en la central nuclear de Fessenheim, en Francia, una de las más viejas de Europa.  Foto: Greenpeace

Numerosos países europeos fiaron su independencia energética a la energía nuclear, dejando aparcado el desarrollo de las renovables. Francia, por ejemplo, obtiene hasta el 75% de su suministro de la energía atómica, acumulando 27 de los 67 reactores con más de 30 años de la UE. Las compañías eléctricas presionan para modernizarlos y así alargar su uso más allá del período original, lo que aumenta exponencialmente los riesgos y los costes para los Estados.

Excepto algunos países como Dinamarca, Letonia, Austria o Finlandia, donde las renovables superan el 20% de la producción energética, la UE aún está lejos de la acercarse a la voluntad política de convertir la energía limpia en la principal fuente de producción.

"En muchos países, entre los que se encuentra España, cuando las renovables han empezado a ser una competencia real de para las empresas establecidas, se ha cargado contra ellas", denuncia en una conversación con Público Rodrigo Irurzun, activista experto en energía miembro de Ecologistas en Acción. "Se ha dejado de invertir y los medios han hecho campaña en contra, es una tendencia que está pasando también en Europa".

"Los lobbies presionan para que no dejemos de utilizar gas, petróleo, carbón y uranio"

La UE ha comenzado las negociaciones para fijar los objetivos energéticos y medioambientales para 2030. Sobre la mesa está la posibilidad de poner la meta en conseguir que las renovables ofrezcan el 27% de la energía de la Unión, sin objetivos vinculantes por países. Esto podría provocar que los Estados que menos han avanzado en las tecnologías limpias utilizaran el colchón de los más adelantados para seguir retrasandolas.

"El cambio tiene que ser contundente y rápido, no podemos empantanarnos en objetivos intermedios mientras retrasamos un siglo la plena aplicación de las renovables", manifiesta Irurzun. "En la negociación entre Consejo, Comisión y Parlamento Europeo", continúa, "se están colando intereses poco democráticos de algunos gobiernos y grandes empresas que sí, permiten que vayamos haciendo cambios a favor de las renovables, pero presionan para que no dejemos de consumir gas, petróleo, carbón y uranio".