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La UE exige "unidad nacional" al Gobierno y a la oposición griegos

El líder conservador heleno Samaras desafía a Merkel y a Bruselas y rechaza apoyar el plan de recortes de Papandreu para evitar el rescate. Pero los 27 sólo desbloquearán la ayuda a Atenas si el ajuste sale adelante

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En el más de año y medio que lleva como primer ministro de Grecia, Yorgos Papandreu se ha acostumbrado a que la UE le exija una y otra vez austeridad para salir de la crisis. El llamamiento se produce casi en cada cumbre y en la que comenzó ayer, días antes de la crucial votación parlamentaria sobre el plan de recorte, recibió una dosis doble. En un gesto inaudito, los líderes de la UE también presionaron al jefe de la oposición conservadora, Antonis Samaras, para que apoye al Gobierno de Papandreu y garantice que la votación no zozobra.

En su declaración final, los 27 exigieron 'unidad nacional' a la clase política griega, en línea con la que hubo en Irlanda o Portugal cuando se negociaron sus respectivos rescates. Según ellos, el apoyo de Samaras al plan de recorte es un 'prerrequisito para el éxito' del mismo. A cambio, la zona euro y el FMI pondrán en marcha 'un nuevo programa' de rescate y 'permitirán' el desbloqueo de los 12.000 millones de ayuda urgente que 'Grecia necesita en julio'.

Merkel exige a la oposición en Grecia 'responsabilidad histórica'

'Quiero hacer un llamamiento a la oposición para que haga honor a su responsabilidad histórica', aseguró la canciller alemana, Angela Merkel. 'El parlamento griego tiene que cumplir' y la oposición no puede 'hacer creer a los griegos que puede haber otra solución, porque no hay un plan B', aseguró Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo.

Samaras se niega en redondo a apoyar los recortes que el Gobierno griego remite hoy a su Parlamento, asegurando que sería respaldar el uso de 'una medicina para alguien que está muriendo por culpa de esa misma medicina'. El líder de la oposición estaba ayer en Bruselas para la reunión de líderes conservadores previa a las cumbres europeas. Papandreu tiene mayoría en el Parlamento heleno para aprobar el programa, que incluye 28.000 millones entre subidas de impuestos y recortes del gasto y 50.000 millones en privatizaciones, pero varios diputados amenazan con romper la disciplina de partido.

En el cónclave que termina hoy, los 27 pretenden asegurar por escrito que la UE 'seguirá apoyando a Grecia', diseñando un segundo rescate. Es precisamente eso lo que Papandreu aspiraba a llevarse de Bruselas para ablandar las resistencias dentro de su partido. 'Si hay un firme compromiso de la UE, habrá un compromiso firme del Parlamento griego y podremos avanzar juntos', aseguró.

El banco belga Dexia promete recomprar su parte de deuda helena

Las conclusiones avanzaron que en el segundo rescate participarán 'fuentes de financiación públicas y privadas'. La banca privada participará de manera 'voluntaria' manteniendo su exposición a la deuda griega para reducir 'sustancialmente' la parte de la factura de la zona euro y el FMI. El primer compromiso llegó ya ayer de la mano de Dexia, un banco belga con bonos de deuda griega por 5.400 millones de euros. El banco aseguró estar dispuesto a mantener su exposición volviendo a comprar bonos por valor de 4.200 millones y evitando así que Grecia tenga que buscar a otro inversor. Según fuentes de la Comisión, el caso de Dexia 'es un ejemplo a seguir'. Aunque las conclusiones evitaron cualquier cifra, diversos cálculos apuntan a un segundo rescate de Grecia de alrededor de 100.000 millones, de los que el sector privado podría asumir 25.000, únicamente accediendo a no huir del país.

De forma coordinada, Francia, Alemania, Italia, Holanda y España han mantenido reuniones con los bancos con sede en esos países para explicarles la conveniencia de colaborar y así evitar una quiebra catastrófica para sus intereses. Fuentes del Gobierno confirmaron que la vicepresidenta económica, Elena Salgado, celebró ayer reuniones con las principales entidades, pero recordaron que la exposición del sector financiero español a la deuda griega es muy limitada, de apenas mil millones.

Por su parte, el ministro de Economía griego, Evangelos Venizelos, anunció los detalles del plan de recortes acordado con el BCE, la Comisión y el FMI. Entre ellos, está un impuesto 'de solidaridad' que gravará del 1% al 5% el salario. Se rebajará el umbral del impuesto de la renta de 12.000 a 8.000 euros, se introducirá una tasa de 300 euros al año para autónomos y subirán los gravámenes del gasóleo profesional.

Un grupo de 19 políticos y profesores ha publicado una carta con la que piden a los gobiernos europeos un rumbo político de salida de la crisis que no pase únicamente por la imposición de austeridad. Alejados del consenso habitual en las cumbres de la UE, los firmantes reclaman un nuevo plan que apueste por el crecimiento y las reformas económicas, 'y no sólo constantes dosis de austeridad que no sirven para restaurar la confianza y la sostenibilidad económica y social'. El mensaje, publicado en ‘The Guardian', está suscrito por ex primeros ministros de Italia (Giuliano Amato), Dinamarca (Poul Rasmussen) y Austria (Alfred Gusenbauer), así como por los filósofos Jürgen Habermas y Bernard-Henry Lévy. Creen que la falta de liderazgo político es una de las claves de la crisis de la eurozona: 'Durante mucho tiempo, los líderes de Europa se han limitado simplemente a responder a los acontecimientos en vez de afrontar las causas de la crisis'. La política de reaccionar a cada imprevisto y de parchear soluciones hasta la siguiente cumbre ha creado confusión entre los ciudadanos, y la primera víctima es la idea de solidaridad europea que ha ido desapareciendo de los discursos. La carta apuesta por una mayor integración política en las instituciones comunitarias. 'La unión monetaria requiere una unión política más profunda', dice. La alternativa sería la ruptura de la eurozona, 'que supondría costes políticos y económicos impredecibles'. Los daños a largo plazo de la pasividad de los dirigentes europeos serían inmensos. Por eso, exigen un cambio de dirección sin el cual resulta imposible recuperar la confianza en la estabilidad financiera de los gobiernos.