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La UE rechaza un plan para rescatar a los países del Este

Los 27 escenifican una postura "solidaria", pero los países del antiguo bloque comunista reclaman contra el "egoísmo". Las ayudas se estudiarán caso a caso

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La UE se esforzó este domingo en mostrar una foto de familia de unidad frente a la crisis, pero la cumbre extraordinaria que se celebró en Bruselas evidenció la fractura entre los países de la zona del euro y los nuevos socios europeos, que celebraron una reunión previa por separado.

La conclusión de la cumbre es que no habrá de momento un plan de rescate para apoyar a las renqueantes economías de los países procedentes del antiguo bloque comunista. Sólo se estudiarán necesidades específicas caso por caso.

Los países del Este, convocados a una cumbre alternativa por el primer ministro polaco, Donald Tusk, exigieron un mayor compromiso de los 27 para paliar los efectos que está teniendo la crisis económica en su sistema bancario. Hungría propuso la creación de un fondo de 190.000 millones de euros para rescatar al sistema bancario de estos países, muy castigado por la crisis.

Según la delegación húngara, los socios de la zona del euro están inyectando capital sólo en las empresas matrices, lo que puede provocar un “vuelo de capital [hacia el oeste], devaluación de divisas y que se agrave la situación” de las cuentas públicas.

La demanda húngara no llegó a exponerse ante los 27, en parte por disensiones con Polonia y en parte porque no hubiera prosperado, pero subrayó la dura crítica hacia los países de la zona del euro, que controlan las entidades del Este a través de filiales austríacas, italianas o griegas. El primer ministro polaco declaró que hay que luchar contra “el proteccionismo y el egoísmo” en favor de la solidaridad con los nuevos países.

Sin embargo, los estados que comparten el euro redujeron todas estas aspiraciones a “recalcar las claras diferencias entre estados de la Europa central y oriental” y “confirmar que la ayuda a los bancos matrices no debe de suponer ningún tipo de restricciones para las actividades de las filiales”, según el comunicado de prensa de los 27.

“Hungría ya se ha beneficiado de la solidaridad de la UE, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial [que inyectaron 21.000 millones de euros]. Es suficiente como para no dramatizar las cosas”, declaró tajante Nicolas Sarkozy. “Mi recomendación es contraria a debatir sobre grandes números”, aseguró la canciller alemana, Angela Merkel, que pidió que la UE, el FMI y el Banco Mundial analicen cada situación caso por caso.

El presidente de turno de la UE y primer ministro checo, Mirek Topolánek, a quien toca el papel de árbitro, llamó a la “solidaridad y responsabilidad”, recalcando que “nadie quiere líneas divisorias”.

La devaluación de varias divisas del este, en particular el zloty polaco y el florín húngaro, han llevado a países del Este a pedir que se relajen los criterios de convergencia para entrar en la zona euro (que fijan líneas rojas en cuanto a la inflación, el déficit y tipos de interés).

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, se mostró impasible y aseguró que “no es un derecho, sino un deber para los países fuera de la zona euro [salvo los nórdicos y el Reino Unido], tratar de entrar en el euro, pero siempre de acuerdo con los criterios”.

“Acordamos usar lo máximo que se pueda el Mercado Único [...], el proteccionismo no es la respuesta”. Con esta frase, incluida en el comunicado conjunto de los 27, la UE zanja por el momento el debate proteccionista originado por el plan francés del automóvil, que condicionaba la ayuda al sector a la permanencia de la industria en el país. “Aquí nadie es proteccionista”, recalcó Sarkozy un día después de que la Comisión Europea anunciara que Francia daba marcha atrás en sus condiciones. El proteccionismo “es el camino a la ruina”, aseguró Gordon Brown, primer ministro británico.