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Últimas noticias: Obama no es socialista

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Es sabido que los periodistas preguntan a veces las cosas más peregrinas. Eso debió de pensar Barack Obama cuando un periodista de The New York Times le preguntó si era socialista. No consta que se santiguara horrorizado ante la mención de Lucifer. Se limitó a responder con un 'no' y a explicar sus prioridades de gasto.

Obama no quedó muy contento con la respuesta y horas más tarde llamó por teléfono al periodista para completarla. El comienzo de esa segunda conversación fue un pequeño homenaje a la hipocresía: 'No me puedo creer que lo haya preguntado en serio'. Será por eso que decidió continuar hablando del tema.

Forzados a lo que temen que será una larga convivencia con un presidente carismático, los republicanos hablan terriblemente en serio cuando denuncian que Obama pretende imponer un sistema 'europeo' (sic), como mínimo una socialdemocracia extraña a los usos políticos de EEUU. El presidente ha descubierto en menos de dos meses que sus llamamiento a superar las discordias de la era de Bush no han sido muy efectivos. A fin de cuentas, el consenso está sobrevalorado en política.

Con un puñado de excepciones, los republicanos han votado en bloque contra el presupuesto aprobado esta semana. Para ellos, las cuentas sólo son una orgía de gasto. Ya se han olvidado la memoria de los políticos siempre es selectiva de los gigantescos déficits creados por Bush.

Pragmatismo

La Casa Blanca no tiene más opción que gastar, gastar y gastar con la intención de salir de la recesión a golpe de dólar. Es anatema para los republicanos, pero no parece que el pragmatismo consustancial a Obama le vaya a empujar a grandes innovaciones. En otras palabras, no tiene ninguna intención de refundar el capitalismo.

Ni podría si quisiera hacerlo. El sistema americano obliga al presidente a una convivencia a veces incómoda con el Congreso. No importa lo puras que sean las intenciones del presidente, al final siempre llegan los legisladores con sus componendas. Obama, como otros antes, puede afirmar que no hará las cosas al estilo de Washington, pero en su presupuesto de 2009 los congresistas le han colado 8.570 earmarks. Así se llaman las inversiones que cada congresista incluye en el presupuesto para financiar proyectos, por ejemplo de obras públicas, destinados a su circunscripción electoral. En esta ocasión, sólo cinco de los cien senadores no hicieron uso de este derecho por considerarlo un derroche de fondos cuya principal función es asegurar la reelección de los congresistas.

Sobre un presupuesto de 410.000 millones de dólares, los earmarks han supuesto esta vez unos 7.700 millones. Esa es la mordida que se llevan los congresistas y que Obama ha tenido que sufragar.

El presidente también hizo bandera durante de la campaña de la necesidad de hacer frente al poder de los lobbies. Y hay pocos grupos de presión más conocidos que el lobby judío. Esta semana ha hecho gala de su poder, ante la pasividad de la Casa Blanca, al conseguir descarrilar el nombramiento del ex embajador Chas Freeman como presidente del Consejo Nacional de Inteligencia, un organismo entre cuyas funciones está la de coordinar el trabajo de los distintos servicios secretos.

Freeman es un diplomático muy valorado por sus compañeros, incluidos los que discrepan de sus opiniones. Pero había hecho en el pasado declaraciones muy críticas con la política israelí en su relación con los palestinos.

Esos pecados no se perdonan. Varias organizaciones judías reclutaron a neoconservadores y congresistas demócratas el tipo de improbable coalición que sólo es posible cuando se habla de Israel, hasta que tumbaron el nombramiento. Como dice el periodista y bloguero Andrew Sullivan, siempre que el lobby ha presionado a Obama, el presidente ha terminado cediendo. Eso ya no es pragmatismo. Es sólo que hay batallas que el presidente no está dispuesto a dar.