Público
Público

Un ultra pagado con dinero de Las Vegas

Luterano, baptista y ahora católico divorciado, habla de "valores profundos"

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Hace algo menos de un año, Newt Gingrich estaba muerto políticamente. Al volver de un crucero por las islas griegas con su mujer, Callista, sus responsables de campaña dimitieron ante el escaso interés que el candidato parecía tener por sus ambiciones presidenciales. Y después de Iowa, Gingrich ya parecía definitivamente enterrado. Tras liderar los sondeos en diciembre, su candidatura se desplomó en unas semanas y quedó en cuarto lugar en los caucus, con tan sólo el 13% de los votos.

Era subestimar el tremendo oportunismo político del que fuera líder de la 'revolución conservadora' de los noventa. Gingrich, con las aportaciones millonarias del magnate de los casinos de Las Vegas, Sheldon Andelson, se lanzó a la yugular de Romney y se ganó al electorado más derechista fustigando la 'visión radical' y 'revolucionaria' de Obama.

Gingrich, que en 2010 ganó algo más de 3 millones de dólares, ha logrado definirse como un hombre corriente 'que representa los valores profundos del pueblo estadounidense'. Eso para un político que pasó de ser luterano a baptista, ahora dice ser católico, y se ha divorciado dos veces.

En la campaña ha hecho propuestas cuanto menos originales: por ejemplo, que los niños de los barrios marginales hagan pequeñas labores como limpiar sus escuelas, por aquello de 'familiarizarse con la cultura del trabajo'.

De momento parece salirse con la suya. Y los trapos sucios no han afectado a su popularidad. Cuando se supo que había cobrado 1,6 millones de dólares como consultor privado de los dos gigantes financieros estatales Fanny Mae y Freddy Mac, que garantizan buena parte de las hipotecas del país, los votantes republicanos no parecieron inmutarse.

Esta semana otro escándalo amenazó con hundirle. Las revelaciones de su exmujer, Marianne, sobre sus infidelidades. Pero Gingrich consiguió convertirlo en un ataque injustificado e injusto según la 'prensa progresista'.