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Urdangarin acusó a Torres de robarle y este al duque de no trabajar

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Un empresario afirmó a la policía que Iñaki Urdangarin acusó a su socio Diego Torres de robarle, mientras que este criticaba al duque de Palma por no dedicarse al Instituto Nóos, con el que, según este imputado, ambos siguieron relacionados hasta el año 2008, cuando Urdangarin estaba ya viviendo en Estados Unidos.

Así consta en la comparecencia en Valencia ante la policía el 24 de noviembre, a la que ha tenido acceso Efe, de Miguel Zorio, quien comenzó declarando como testigo en la pieza del caso Palma Arena sobre el Instituto Nóos y acabó haciéndolo en calidad de imputado.

Este empresario es dueño de Lobby Comunicación y trabajó con asiduidad con Urdangarin y Torres a partir de 2004, cuando llevó la prensa del Valencia Summit, una cumbre deportiva que realizó Nóos para el Gobierno valenciano y que se investiga por supuesta corrupción.

Colaboró también con Nóos en un proyecto para que Valencia fuera la sede de los Juegos Europeos, para lo que los miembros del instituto hablaron con el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, y con el expresidente del Consejo Superior de Deportes y actual portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky.

El empresario también acudió a una reunión, junto con Urdangarin y Torres, con el expresidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, para exponerle el proyecto.

"Fue Camps el que decidió que liderase el Instituto Nóos este proyecto", afirmó a los agentes de Delincuencia Económica.

La iniciativa "no funcionó", según Zorio, porque no se obtuvo la autorización del COE y porque había "divergencias de criterio" entre la Generalitat Valenciana y Nóos, puesto que este instituto entendía que era un proyecto "llave en mano" en el que "no tenía que justificar el destino de los fondos públicos que recibía", en contra del criterio de la Administración autonómica.

A pesar de que Urdangarin dejó la presidencia de Nóos en 2006, Zorio aseguró que las personas de contacto de este instituto en 2007 y 2008 seguían siendo el duque de Palma y su socio, hasta que entre mediados y finales de 2008 ambos le informaron de que habían discutido y se separaban.

A partir de ese momento, el imputado afirmó que solo mantuvo relación con Urdangarin, quien le dijo que discutió con Torres porque, tras analizar las cuentas de Nóos, detectó que "le estaba robando".

La versión que le dio Torres sobre la separación fue, en cambio, que Urdangarin "no trabajaba y no tenía dedicación en el Instituto Nóos", así como que habían tenido un problema en el reparto de beneficios.

Durante el interrogatorio se le preguntó asimismo por una factura de 34.800 euros que pagó su empresa a la inmobiliaria Aizoon, propiedad a medias de Urdangarin y la infanta Cristina, para realizar un evento de "grandes fiestas internacionales", que la Fiscalía sospecha falsa porque la empresa no se dedicaba a este tipo de eventos.

A este respecto, el imputado dijo que desconocía que la sociedad era de Urdangarin.

Otro imputado en la causa, Miguel Tejeiro, cuñado de Torres, refrendó en su declaración la versión de que Urdangarin y su socio se pelearon, afirmando que "no acabaron bien" y tuvieron discusiones porque al segundo de ellos "no le sentó bien" que el duque de Palma dejase el Instituto Nóos.

En su declaración del pasado 9 de noviembre, Tejeiro afirmó que había sido contable y asesor tributario de las entidades gestionadas por Urdangarin y Torres y secretario del instituto.

Destacó ante la policía que el tema financiero de Nóos lo llevaban Urdangarin y Torres en diversas etapas, ya que "en un momento dado se separaron".

Recordó que esa separación de los socios debió de producirse en 2007 o 2008, cuando "le indicaron a Iñaki Urdangarin que dejase el Instituto Nóos".

Asimismo, el imputado señaló que para llevar la contabilidad de Nóos recibía en su despacho fotocopia de todas las facturas y luego se destruían porque los originales los tenían Torres y Urdangarin.

Tejeiro manifestó que la mayoría de los fondos percibidos por el instituto acababan en empresas vinculadas a Torres y a Urdangarin porque ambos así "lo decidían" y que toda la facturación se hacía "por instrucciones" de ellos, que eran "los dueños" de la sociedad.