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Valencia podría tener en 3 años el primer centro para tratar el cáncer con protones

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Valencia podría tener en un periodo de tres años el primer centro español de partículas aceleradas para el tratamiento del cáncer, que mediante el uso de protones permitirá el tratamiento de tumores que precisan dosis altas de radiación y junto a los cuales hay estructuras sanas vitales que se deben proteger.

El Instituto de Física Corpuscular (IFIC), promotor de este proyecto, está a la espera de que el Gobierno central y el autonómico firmen la constitución de un Consorcio para iniciar las obras del Instituto de Investigación en Física Médica (IFIMED) en el entorno del parque Científico de la Universitat de València, en el campus Burjassot-Paterna.

Una vez sea suscrito el acuerdo, se prevé que en un plazo de tres años ya pueda ser atendido el primer paciente en la nueva instalación, un proyecto incluido en el Mapa de instalaciones singulares en España del Ministerio de Educación y Ciencia y que tiene un coste aproximado de 120 millones de euros.

La pieza principal de la instalación es un Ciclotrón, que por medio de campos magnéticos puede acelerar los protones de hidrógeno hasta dos tercios de velocidad de la luz. El acelerador produce varios haces de protones con los que tratar a más de un paciente simultáneamente.

Aunque su aplicación fundamental será la terapia oncológica especializada basada en la utilización de haces de protones, también puede ser usado para otras aplicaciones científicas, tecnológicas y médicas.

El investigador y catedrático del Instituto de Física Corpuscular (IFIC), José Bernabéu, promotor de este proyecto, y el jefe del servicio de Oncología Radioterápica del Hospital La Fe de Valencia, Ignacio Petschen, han coincidido en destacar a EFE las ventajas que en oncología tiene el uso de protones frente a la radioterapia.

Petschen ha explicado que la ventaja de los protones frente a la radioterapia se produce en la distribución de dosis, ya que el efecto de la radiación es la misma.

Así, cuando un haz de rayos X penetra en el organismo la dosis va disminuyendo según va profundizando, es una dosis exponencial decreciente, lo que significa que para conseguir una dosis muy elevada en zonas profundas haya que recurrir a técnicas muy especiales.

Sin embargo, cuando el haz de protones penetra en el organismo la dosis que se deposita es muy baja y a determinada profundidad salta un pico de dosis alta, denominado "pico de Bragg", que coincide exactamente con el tumor y permite que se puedan proteger las estructuras sanas de alrededor.

"La terapia da en la diana y en el tumor se consigue una dosis mucho más alta mientras los tejidos de alrededor pueden protegerse mucho mejor. Esto tiene unas ventajas físicas innegables", ha asegurado Ignacio Petschen.

El uso de protones estaría indicado para tumores muy localizados y que están próximos a estructuras vitales muy sensibles, como médula espinal, cráneo o nervio óptico, y para los niños, donde la radioterapia puede ser especialmente nociva debido a que sus estructuras son más sensibles y la radiación, incluso a dosis bajas, puedes provocarle cáncer a largo plazo.

Actualmente hay una veintena de instalaciones de este tipo repartidas por todo el mundo, aunque en España no existe de momento esta tecnología y algunos pacientes tienen que ser remitidos a centros europeos para recibir este tratamiento.

Según los expertos, la instalación de terapia mediante haces de protones podrá servir para atender a pacientes oncológicos de toda España y se estima que requerirán esta tecnología entre unos 3.000 y 4.000 casos por año.

"Estoy convencido de que cuando empiece a funcionar en Valencia otras autonomías, como Madrid o Barcelona, también las pondrán en marcha", ha indicado Petschen, quien ha indicado que aunque el coste es elevado "el beneficio es rentable, porque salva vidas humanas y tiene posibilidades curativas".

José Bernabeu ha explicado a EFE que este proyecto fue aprobado a finales de 2006 y en noviembre de 2007 se dio el visto bueno al informe del diseño elaborado por los técnicos, y cuando las administraciones central y autonómica firmen la constitución del Consorcio en un plazo de tres años podrá comenzar a funcionar.