Publicado: 10.11.2014 07:00 |Actualizado: 10.11.2014 07:00

Valla se declina en femenino

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Estados Unidos podría conceder el permiso de residencia a las migrantes maltratadas. El fallo de la Junta de Apelaciones de Inmigración dictado el pasado agosto restringía la posibilidad de solicitar el asilo a las mujeres guatemaltecas, pero abría la puerta a considerar la violencia de género como un motivo para regularizar la situación administrativa al resto. En España, donde en 2013 sólo se reconoció como refugiada a una víctima de trata de seres humanos con fines de explotación sexual, la decisión parece una quimera. Ellas son cada vez más visibles en el flujo migratorio, pero las administraciones siguen tapándose los ojos.

Más allá de las causas económicas, que llevan a alguien a emigrar en busca de una vida mejor, sexo y estatus fuerzan a las mujeres a dejar atrás su tierra, pues en muchos países ocupan una posición secundaria en la sociedad, sufren violencia física y sexual, están desamparadas por la ley y sus derechos son vulnerados, una situación que empeora cuando estalla un conflicto armado, pues son usadas como arma de guerra: las violaciones y el contagio intencionado de enfermedades de transmisión sexual están a la orden del día. Su huida, también forzada por la amenaza de la ablación o el matrimonio forzado, choca con los muros de la Europa Fortaleza, que no atiende a razones, por lo que muchas confían su arriesgada odisea a las mafias de tráfico de personas o caen en redes de prostitución.


 

Todo migrante se expone a los peligros que jalonan el tránsito hacia la UE y a la negativa a la hora de conseguir los papeles, como pone de manifiesto que la Comisión Interministerial de Asilo y Refugiado (CIAR) solo aprobase el pasado año la concesión del estatuto de refugiado a 206 personas (un porcentaje exiguo de los 4.502 solicitantes, que representan el 0,4% de los que lo hicieron en toda la UE), según un informe de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Otras 376 personas lograron algunas de las formas de protección, aunque las cifras están a años luz de los refugiados reconocidos por Alemania (10.910), Francia (8.925), Gran Bretaña (6.750) o Suecia (6.750).

En el caso de las mujeres, a las mayores dificultades a las que se enfrentan durante el viaje se suma el blindaje al que está sometida la concesión del asilo, pues en la práctica resulta casi imposible obtenerlo por motivos de género o violencia sexual. La Oficina de Asilo y Refugio deniega "la inmensa mayoría" de las peticiones de protección internacional a víctimas de trata, denuncia CEAR. "Sufren una triple discriminación: por ser mujer, por ser extranjera y por ser pobre", afirma Luz Modroño, representante de la Unesco en la Comunidad de Madrid. "Las mafias las traen en pateras y su destino en España será el servicio doméstico o la prostitución, donde serán sometidas a una violencia permanente, tanto física como económica".

 

Apenas un par de mujeres han logrado saltar la valla de Melilla. La primera, una camerunesa menor de edad llamada Mirelle, superó la verja con la tibia rota después de intentarlo cuatro veces. La segunda, de nombre Astan, veinteañera y procedente de Malí, estaba embarazada. "Esa muralla cierra al resto la posibilidad de que sean demandantes de asilo", subraya Matilde Fernández, vicepresidenta de ACNUR España, quien considera que el cierre de las fronteras provoca que "las mafias se forren" con el tráfico de personas. "Mientras, cada día entra más gente con documentación falsa a través de los aeropuertos de Barajas o El Prat", añade la exministra de Asuntos Sociales, preocupada por el "intento de legalizar las devoluciones en caliente", una práctica irregular "que niega los derechos y viola las leyes".

Estas expulsiones sumarias de migrantes, a quienes se les niega la posibilidad de demostrar su condición de refugiado, se producen una vez superada la valla, que acapara la atención mediática y proyecta la imagen "esteotipada" de un migrante "joven, sano y atlético", en palabras de la historiadora Ana Fernández Asperilla. Pero en los campamentos también hay mujeres que ansían cruzar el Estrecho. Según datos de la ONU y de la OIM, desde hace medio siglo casi la mitad de los migrantes que cruzan alguna frontera del mundo son mujeres, que llegan a ser más numerosas en los países desarrollados.


 

"He visto a mujeres que esperaban coger una patera junto a sus hijos, la mayoría nacidos allí mismo", recuerda la actriz Amparo Climent, quien ha recopilado en Las lágrimas de África dibujos y cartas de los acampados durante sus visitas al campamento Bolingo. Trazos que narran el tránsito hasta la frontera, expuestos en La valla: 100 artistas en la frontera sur, una muestra que puede ser vista hasta el 15 de noviembre en la galería madrileña Utopic_US. "Explican qué es para ellos la frontera y El Dorado español, pero también reflejan cómo son agredidos, incluso por la población marroquí, cuando van a buscar comida a la basura", añade la consejera de AISGE, en cuya sede tuvo lugar la semana pasada un coloquio protagonizado por las citadas voces sobre "la impotencia y el sufrimiento de las mujeres" camino de nuestro país.

Durante la charla, Consuelo Cruz, coordinadora del Grupo Afrosocialista del PSOE, dejó claro que quienes lo consiguen, una vez dentro, se enfrentan la discriminación social e institucional. "La policía me ha llamado gentuza y sinvergüenza", explicó la activista de origen colombiano, quien relató lo que le sucedió cuando se interesó por una persona a la que le pedían la documentación durante una redada racista. "Les hablé con educación, pero terminaron llevándome a comisaría. Cuando íbamos en el coche, empecé a tener miedo cuando uno de los agentes me dijo: No me puedes acusar de racista porque tengo una mujer y tres hijos negros, negra de mierda", rememoró Cruz, quien cree que esta situación es cotidiana.

"Es lamentable que en España, que según dicen es una democracia, pasen estas cosas mientras dejan libres a militares torturadores porque sus víctimas son presuntos terroristas", criticó la actriz Pilar Bardem, encargada de presentar el acto. Aunque el Ministerio del Interior lo niega, asociaciones como las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos han denunciado repetidamente los controles basados en perfiles raciales. "Una auténtica caza del inmigrante", según Modroño, quien denuncia la "ingente cantidad de dinero destinado tanto a su persecución como al control político de las fronteras para tranquilizar a la ciudadanía".


 

Con el objetivo de "acercar este drama a través del arte", en palabras de Climent, surgió la idea de la exposición, comisariada por la actriz junto a la artista plástica Concha Mayordomo, quien considera "necesario" abordar con un "lenguaje diferente" la situación de los inmigrantes que esperan en las cercanías de Melilla la hora de cruzar la frontera.

"Recurrimos a la visión del arte para dar visibilidad a todo lo que está pasando en la valla, pues las palabras están manidas y las imágenes de la televisión resultan repetidas", añade la también presidenta del colectivo Generando Arte. "Nos planteamos que en ese acto masculino de saltar la valla sólo había dos mujeres: ¿dónde estaban las demás? Ocultas, ya que ellas llegan a nuestro país en patera y a través de los puestos fronterizos usando documentación falsa".

Sin embargo, como indica Ana Fernández, la emigración femenina no es secundaria ni complementaria. "La Iglesia católica ha forjado un discurso que las presenta como pasivas, abnegadas y víctimas, insistiendo en los peligros para su moral sexual con un objetivo disuasorio", critica la historiadora. "Al contrario, la emigración es positiva en el aspecto laboral, pues tiene un efecto multiplicador sobre el empleo; en el educativo, ya que sus hijos estudian gracias a las remesas, y en el de las costumbres y la moral sexual, por el impacto emancipador que supone esa vía de escape a la durísima presión social", concluye Fernández, quien no se olvida de las que se quedan atrás, "encargadas de la gestión de los pequeños capitales y del cuidado de niños y mayores".