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Valladolid recuerda a Helen Levitt, último eslabón de la fotografía moderna

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Un recuerdo a la fotógrafa estadounidense Helen Levitt (1913-2009), a los dos años de su muerte, tributa la ciudad de Valladolid a través de una exposición, inaugurada hoy, con las etapas más representativas de quien fue el último superviviente del grupo creador de la fotografía moderna.

Deudora de Walker Evans y de Henri Cartier-Bresson, entre otros gigantes de la fotografía de entreguerras, la obra de Levitt no es tan conocida por haber sido escasa, producto de una vocación secreta y objeto de una "visibilidad tardía" dentro de la escena artística, ha afirmado esta mañana el comisario de la muestra, Jorge Ribalta.

"Lírica urbana" es el lema que engloba y da sentido al centenar de imágenes, cedidas por la sociedad La Fábrica, en su mayor parte copias de época y ambientadas principalmente en las calles de Nueva York, donde desarrolló toda su trayectoria profesional Helen Levitt.

Las clases sociales más populares, casi marginales, habitantes de suburbios o periferias y abocadas a la subsistencia en condiciones límite son los protagonistas de "Lírica urbana", que podrá verse hasta el próximo 3 de abril en la capital vallisoletana.

Son escenas callejeras dotadas de una gran carga social y documental, pero tratadas desde la dignidad y esperanza de unos personajes (niños, adolescentes, adultos y ancianos) que no pierden la sonrisa y disfrutan en medio de la calle, el teatro de su vida, a través de juegos, la venta ambulante e incluso poses insinuantes y desafiantes ante el objetivo.

Destilan poesía, la lírica a que hace referencia el lema de la exposición, sin alejarse del realismo documental propio de la generación de fotógrafos que, en los años treinta del siglo XX, fueron los pioneros de la cultura documental norteamericana, de la que ella formó parte.

Esa eclosión fue producto de una serie de factores mancomunados en una época determinada como el fortalecimiento de la prensa ilustrada, la comercialización de la cámara Leica -cuyo tamaño reducido facilitaba ese tipo de reporterismo-, y la emergencia de las clases populares como objetivo de intereses políticos.

Helen Levitt, además de la técnica, aprendió a mostrarse al margen de la realidad, de no dejarse llevar por los sentimientos, a presentar a sus personaje lejos de cualquier atisbo de victimismo, a contemplarlos bajo un presupuesto casi etnográfico o antropológico.

Niños desharrapados, un vendedor ambulante sesteando en el capó de un coche de lujo, un inflador de globos, pasajeros en el Metro y tiendas regentadas por negros componen esta exposición que, según su comisario, recorre la historia de la vida pública de las clases sociales en Nueva York, desde la década de los años treinta -con Rooselvet como presidente- hasta los años ochenta -con Ronald Reagan en la Casa Blanca-.

Influida por Henri Cartier-Bresson y el círculo de la Photo League de Nueva York, Levitt inició su andadura en los años treinta del pasado siglo con un enfoque donde confluyeron tanto valores documentales como reflejos de la cultura popular norteamericana.

En 1943 expuso por vez primera en el MoMa (Modern Art Museum of New York) y en la década de los cincuenta se dedicó a la cinematografía merced a dos becas Guggenheim (1959 y 1969). Regresó a la imagen ya con el color, como también se puede apreciar en "Lírica urbana", cuyo hilo conductor es el libro "A way of seeing" ("una forma de mirar").