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"La vanidad es una trampa"

La actriz estrena este viernes 'Toda la culpa es de mi madre'

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Alejada de la interpretación durante 15 años a causa de una depresión nerviosa, CharlotteRampling (Essex, Inglaterra, 1946) consiguió volver a primera línea a principios de esta década gracias a jóvenes realizadores del nuevo cine francés como François Ozon (Bajo la arena) y Laurent Cantet (Hacia el sur). Instalada en París desde hace 30 años, esta actriz de mirada gélida, timbre cálido y rictus tragicómico estrena Toda la culpa es de mi madre, donde encarna a una de esas mujeres burguesas, estiradas e insatisfechas que sabe interpretar casi con el piloto automático.

Mady es una madre de familia que trata a sus hijas con sadismo, marcada por un secreto de juventud que le ha acabado amargando la vida. Igual que su personaje, Rampling cargó durante media vida con un secreto familiar muy pesado: su hermana Sarah se suicidó cuando tenía 20 años. Su padre, un estricto coronel británico, permitió que Charlottese marchara a Londres para convertirse en actriz, pero sólo a condición de que nunca le contara la verdad a su madre. No se liberó del secreto hasta que murió en 2001.

¿Se parece usted a su personaje?

No demasiado, pese a ciertos paralelismos que me permiten entender su carácter. Mady es una mujer que ha tomado un camino equivocado en la vida. Ha decidido esconder tantas cosas que su situación se ha vuelto insostenible. Los secretos son necesarios para proteger a las personas que queremos, pero llega un momento en que debemos tener la valentía de romper el silencio.

¿Se siente cómoda en este registro de mujer fría?

Me suelen proponer personajes de este tipo. Somos lo que somos y no podemos ocultarlo. Desde muy jóvenes se nos escoge para un tipo de papeles y luego cuesta mucho hacer cosas diferentes, excepto un pequeño número de actores superdotados que son capaces de hacerlo todo. Yo no formo parte de ese grupo. Soy consciente de tener talento sólo para un tipo de registro.

'Un artista siempre aspira a renacer varias veces en la vida'

'Podemos vivir perfectamente sin ser felices', dice su personaje. ¿Lo comparte?

Absolutamente. La mayor parte del tiempo estamos obligados a vivir sin ser felices. Aspiramos a serlo de forma permanente, sin entender que se trata de un deseo imposible.

¿El dolor es un buen motor creativo?

El sufrimiento forma parte de la vida. Los actores representamos la vida, así que debemos conocer lo que se suele encontrar en ella. El dolor es una condición inherente al acto creativo, al nivel de la felicidad.

La película sostiene que vivimos la misma vida que nuestros padres. ¿Está de acuerdo?

No cabe duda de que la educación recibida nos influye profundamente, aunque debemos evitar someternos a la tendencia natural de los padres, que consiste en querer dominar a sus hijos. No tengo la sensación de haber tenido la misma vida que mis padres, que vivieron dos guerras y se vieron condicionados por las prohibiciones y los tabúes de su época. Pese a todo, cuando llegaron los sesenta mi padre entendió que un nuevo mundo estaba comenzando y dejó que me marchara para participar en él.

'Los secretos son necesarios para proteger a las personas'

¿Entiende que le hiciera guardar el secreto familiar?

Fue un hombre que sufrió mucho, recluido en el silencio de sus secretos. Como buen militar, nos obligaba a seguir ciertas reglas. Al mismo tiempo, tuvo una gran generosidad de espíritu. Le debo muchísimo.

¿Le molesta que se diga y repita que fue François Ozon quien la hizo renacer?

El periodismo actual consiste en una repetición infinita de los mismos temas, así que no me sorprende demasiado. Además, reconozco que hay algo cierto en esa afirmación. Con Ozon tuvimos una conexión muy fuerte y mi madre murió poco después del estreno de Bajo la arena, lo que supuso un cambio rotundo en mi vida. De hecho, renacimiento es una palabra muy bonita. Un artista siempre aspira a renacer varias veces en la vida.

¿Con cuántos directores ha tenido esa conexión tan fuerte?

Con Luchino Visconti, con Patrice Chéreau y con Nagisa Oshima. Y por mérito suyo. Soy una actriz reticente. Yo no busco, yo dejo que me propongan. No me acerco a la gente, espero que los demás se acerquen a mí. Los directores tienen que seducirme e insistir.

Hace poco decidió posar para la revista Elle sin maquillaje. ¿Por qué aceptó?

Porque yo soy así, casi nunca llevo maquillaje. Desde muy joven he tenido una actitud muy distendida respecto a mi belleza. La vanidad es una trampa. El instinto de gustar a los demás es natural, pero siempre he creído que la gente que se mira demasiado en el espejo está perdida.

¿Eligiría hoy un proyecto tan extremo como Portero de noche, por el que se la sigue recordando en todo el mundo?

¿A mi edad? No lo sé, puede que sí. Sigo eligiendo con el mismo criterio, aunque con los cambios que implica la edad. Mis impulsos interiores siguen siendo idénticos, aunque en una versión más calmada. Me sigue gustando el riesgo, pero tengo menos ganas de cambiar el mundo o de enfrentarme a obstáculos de forma permanente. Soy algo menos aventurera, excepto cuando llega a mis manos un proyecto realmente interesante.

Está de acuerdo con su personaje: 'Podemos vivir sin ser felices'

Francia debate sobre la identidad nacional. ¿Cómo se convirtió usted en francesa?

¿Quién le ha dicho que lo sea? Ni lo soy ni tengo ningún interés en convertirme en francesa. No tengo nada que ver con ellos, salvo que vivo aquí desde hace años y que hablo bien la lengua. Lo cual puede que sea suficiente para convertirse en francés si a uno le apetece. Pero no es mi caso. A mí me gusta sentirme extranjera.

¿Puedo hacerle una pregunta sobre política?

Puede preguntarme lo que quiera, pero no le responderé [risas].

En 2007 decidió asistir a un mitin de Sarkozy. ¿Por qué hizo público este apoyo, que descolocó a tanta gente?

Porque me pareció que era el mejor candidato. Dos años más tarde, sigo creyendo que tenía razón. A la gente le sorprendió, porque se suele creer que todos los actores somos de izquierdas. Yo sigo teniendo afinidades con la izquierda, pero Ségolène Royal nunca me convenció. Me pareció que no estaba preparada, aunque tal vez sólo necesite madurar.