Público
Público

Vecinos de un pueblo salmantino reviven la elaboración clandestina del aguardiente

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Los vecinos del municipio de Castillejo de Martín Viejo, localidad situada al oeste de Salamanca, reviven durante esta semana la elaboración clandestina de aguardiente, una práctica que estuvo muy perseguida y penada en la zona de la frontera hispanolusa, ya que era una forma de contrabando.

Uno de los reductos donde aún perdura arraigada esta tradición es la comarca charra del Campo de Argañán, que hace frontera con la zona lusa de Almeida y donde la mayoría de los vecinos aún guardan en sus desvanes antiguas "alquitaras" (alambiques) de cobre con las que se elaboraba el aguardiente.

Gumersindo Sierro Rodríguez, vecino de Castillejo de Martín Viejo, ha habilitado una pequeña cuadra del corral de su casa, donde ha colocado una alquitara antigua de más de 200 años, que heredó de sus antepasados, para mostrar cómo se obtenía este líquido alcohólico.

"Primero se prepara la lumbre, con buenos palos de encina, que servirá para dar el calor suficiente para que cueza el orujo de la uva y, así, extraer el líquido", ha explicado a EFE Gumersindo Sierro.

El orujo, denominado por las gentes de esta zona como "vagazo", se coloca en el recipiente inferior de la alquitara, recubierto de paja de centeno (para que no se pegue en las paredes de cobre del recipiente y tenga mejor sabor).

Tras la ebullición del líquido que aún conserva el orujo, los gases se condensan tras chocar contra un segundo recipiente de agua fría, colocado en la parte superior del alambique y, acto seguido, el líquido, transformado en aguardiente, baja por un pitorro hasta la jarra donde se va acumulando.

"Es un mecanismo muy simple", ha asegurado Gumersindo, a la vez que reconoce que "hay muchos trucos que hacen que un aguardiente sea de más calidad".

"Es muy importante que el orujo no esté ácido y que haya reposado, al menos, durante un mes", ha argumentado.

Para revivir esta práctica, los vecinos han reparado en todos los detalles, como el de tapar uno de los conductos de la alquitara por donde se cambia el agua con una patata, "como se hacía antaño", exclama el alcalde del municipio, Cándido Palacios.

Es muy importante saber cuando el aguardiente pierde graduación y, por tanto, hay que cambiar el orujo por otro.

"Cuando el aguardiente va cayendo en la jarra, gota a gota, crea una especie de 'collar de perlas' con las burbujas que se forman y eso significa que tiene muchos grados y que es de calidad", ha explicado Gumersindo.

Una de las personas más recordadas en esta zona por su gran destreza para elaborar aguardiente es Gertrudis Martín, que fue vecina de Castillejo de Martín Viejo y que "se tiraba mes y medio de casa en casa elaborando aguardiente a los vecinos, ya que muchos no disponían de alambique", según ha explicado el regidor de Castillejo de Martín Viejo.

La elaboración del aguardiente era una forma más de contrabando o estraperlo en esta zona del oeste salmantino, limítrofe con Portugal, "ya que había que hacerla por la noche y en un lugar muy resguardado donde no soplara el viento, para que nadie se enterara, ya que se desprende un olor muy fuerte a alcohol", ha afirmado Palacios.

Si la Guardia Civil sorprendía a algún vecino fabricando aguardiente, le requisaban toda la mercancía producida, le podían condenar a varios días de calabozo y, además, le sancionaban con una multa.