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Veinticinco años de paz y amor en la comunidad hippie de Cáñar

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En plena Alpujarra de Granada, tras un pequeño desvío escondido en una curva, aparece un sinuoso camino en no muy buenas condiciones que conduce a un poblado de la zona que carece de señalizaciones, grandes comercios o carreteras, pero que lleva allí ya 25 años conformando la comunidad hippie "Beneficio".

Unas trescientas personas de diferentes nacionalidades, muchos de ellos llegados para pasar el verano, conviven en una comunidad que cuenta con el lujo de estar situada junto a una ladera del Parque Natural de Sierra Nevada, en el municipio de Cáñar.

A lo largo de un sendero de unos tres kilómetros, que comienza en un aparacamiento y termina en una poza natural de agua, se observan las viviendas, las huertas e incluso la plaza del pueblo, o como el argot hippie denomina, "la zona comunal".

Los tipis, tiendas cónicas originarias de los pueblos indígenas de las grandes llanuras de Estados Unidos, y las yurtas, tiendas circulares utilizadas por los pueblos nómadas de Mongolia, se mezclan con cabañas de madera, otras de piedra y cemento, e incluso con alguna de paja, que resiste el viento y las lluvias de los duros inviernos que se viven en el poblado.

No faltan las tiendas de campaña de aquellos que, llamados por la fama internacional de la comunidad, se acercan en verano a convivir unos días en ella, como es el caso de un joven estudiante británico que se encuentra encantado del estilo de vida mientras calienta una sopa e intenta quitarse de encima a tres pequeños gatos que se las ingenian para quitarle comida.

"Aquí no importa la religión, nacionalidad ni nada, todas las personas son libres de interesarse por el lugar", cuenta una de las personas que están haciendo de guía para reconducir la comuna, que hace algunos años pasó por malas épocas de drogas y sucesos varios.

Evita dar su nombre y asegura que su nacionalidad es "el mundo", mientras explica que los pocos problemas que surgen se solucionan, como siempre se ha hecho en estas comunidades, "con paz y amor", y con un amplio debate en la asamblea comunal, que se reúne periódicamente cuando se necesita tratar asuntos de interés.

En estas tierras, compradas hace años por un grupo de estos hippies para evitar problemas legales, se alternan las viviendas con las huertas, cultivadas mediante la permacultura, una "agricultura salvaje" por la que se trabaja un trozo de tierra solo una vez y "cada planta tiene su espacio", sin productos químicos y dejando que crezcan de forma natural.

Esta técnica, junto a un sistema de acequias y regadío que han creado, permite regar las huertas de cada vivienda y también las comunes, en las que todos colaboran para conseguir calabazas, pepinos, tomates o sandías que, en muchas ocasiones, son más grandes y frondosas de lo que se puede encontrar en un comercio.

Aunque parezca lo contrario, hay una serie de normas que sus habitantes deben seguir, como es no comer carne, ni beber alcohol o tomar drogas duras, ni llevar perros en las zonas comunales, aunque cada uno en su vivienda "es libre".

Unos son crudívoros, otros vegetarianos y otros no tienen reparos a la hora de alimentarse, pero todos "ofrecen algo a la comunidad", muchos de ellos en forma de trabajo, como cuando se desplazan al mercadillo de Órjiva para ayudar a los tenderos a instalar sus puestos para recibir a cambio alimentos.

Baños ecológicos, panaderías, bares donde poder tomar un refresco frío -la mayoría de ellos no tiene electricidad-, e incluso una pizzería no faltan en el Beneficio, que también se preocupa por el reciclaje de basuras.

En el lugar viven más de medio centenar de niños, nos cuenta mientras se baña en la acequia José Martínez, un chileno que lleva allí un par de años junto a su hijo y que espera ansiosamente que vuelva de la capital su mujer, ingresada en el hospital junto a su segundo hijo, nacido prematuro.

Asegura que es feliz, que su hijo también lo es y que piensa seguir allí muchos años, tantos como sean posible, algo que piensan la mayoría de sus habitantes, porque en la comunidad el Beneficio el tópico se hace realidad, y todos conviven en paz y amor.

Por Enrique Bermúdez