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Velázquez y Vermeer, inspiradores de la ópera "Yo, Dalí", de Xavier Benguerel

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Los cuadros de Velázquez y Vermeer inspiran la ópera "Yo, Dalí", de Xavier Benguerel, según ha explicado hoy el director de escena, Xavier Albertí, en la presentación de esta obra que se estrenará en el Liceo el 19 de octubre.

La ópera se comenzó a gestar hace más de diez años a instancias de la mujer de Xavier Benguerel, que le invitó a que se atreviera con una ópera grande y ella misma le sugirió el tema, para que coincidiera con el centenario de Dalí.

Benguerel ha explicado el largo periplo de esta obra hasta su estreno en el Teatro de la Zarzuela el pasado mes de junio: "Se iba a estrenar en el Teatro de la Zarzuela en 2004, cuando lo dirigía Xavier Casal, pero dimitió y su sustituto, José Antonio Campos, me dijo que debía estrenarse en el Real o en el Liceo, y no se pudo estrenar hasta que llegó al Ministerio Juan Carlos Marset".

Para el libreto de esta ópera, dos horas divididas en cuatro actos, Benguerel había contactado con su amigo el dramaturgo Jaime Salom, que se basó en una obra suya anterior, "Casi una diosa", sobre la vida de Gala.

Como el arte no es historia, el propio Salom se permitió algunas licencias artísticas, como atribuir la muerte de Dalí al incendio que sufrió el castillo de Púbol, un tiempo antes de morir realmente a causa de una pulmonía.

El director de escena ha comentado que la solución para trasladar texto y música a la escena la encontró en dos grandes maestros confesos de Dalí, Velázquez y Vermeer, y en concreto en dos de sus obras más representativas, "Las Meninas" y "El arte de la pintura".

"En el cuadro de Velázquez se ve al pintor de cara y el objeto pintado está oculto salvo en el reflejo del espejo del fondo, mientras que en el óleo de Vermeer, el artista aparece de espaldas y muestra el objeto pintado", ha dicho Albertí.

Para el director artístico, la escenografía y el vestuario historicista se acerca a lo que tanto Benguerel como Salom intentaban escribir: "una reflexión sobre la función del creador en el mundo contemporáneo, sobre las pulsiones humanas que hay en este conflicto".

Y añade: "gracias a Velázquez y Vermeer hemos inventado un engranaje en el que la imagen iconográfica de la pintura de Dalí es usada con cuentagotas, mientras que sí aparecen los reversos de los cuadros para que el espectador intuya lo que pinta Dalí de espaldas, que no es otra cosa que toda una época, en la que el pintor ampurdanés fue un centro de gravedad".

Benguerel ha concretado que la música atonal domina la ópera y ha remarcado: "sólo me interesa la ópera si la música y la voz están a un mismo nivel, como sucede con Mozart o Monteverdi".

La obra va creciendo, ha revelado el compositor, y por eso "lo importante es el tercer y cuarto acto, en el que se produce el desenlace de esa vida tan compleja y de esa relación tan dramática que mantuvieron Gala y Dalí".

Benguerel ha confesado que "estrenar en el Liceo es un impacto, porque este teatro impresiona" y ha asegurado que "Yo, Dalí" es de las cosas más dramáticas que ha escrito y seguramente figura entre sus mejores obras.

Si en los dos primeros actos, la historia de la ópera sigue los primeros encuentros de Gala y Dalí en Cadaqués (Girona), su convivencia en la Costa Azul y el viaje a Nueva York, el tercer acto, de escena única, muestra "el circo surrealista y onírico" de Dalí, y el cuarto muestra el mayor dramatismo, con un Dalí que acaba muriendo solo.

El director musical, Miquel Ortega, ha definido "Yo, Dalí" como "una gran sinfonía, con una sección de percusión que tiene un protagonismo especial y una música que siempre está explicando lo que sucede en la escena, a partir de un lenguaje atonal, pero sin pedir cosas imposibles a las voces".