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Los vendedores no saben qué hacer con las vuvuzelas

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En los puestos de venta del Green Market Square de Ciudad del Cabo las atractivas máscaras de Camerún, las figuritas Zulú y los collares Masai reclaman sus antiguos lugares que habían perdido en favor de las vuvuzelas del Mundial.

Las coloridas trompetas de plástico, un símbolo de la Copa del Mundo de Sudáfrica, se llenan de polvo en los puestos o incluso ya han sido devueltas a sus cajas de cartón, después de que el interés por las ruidosas trompetas que se extendió por todo el país durante dos semanas, parece estar decayendo.

Tras la avalancha de vuvuzelas que llegó al mercado desde China, los precios también cayeron desde entre 60 y 70 rands (entre 6,5 y 7,5 euros) a 30 rands.

"¿Que qué voy a hacer con todas mis vuvuzelas?. No tengo ni idea. Me sobran cientos de ellas", dijo Amadou Sise, un comerciante sudafricano.

Muchos vendedores aún esperan que los turistas se las lleven de regalo para sus amigos y familiares.

"Un hombre estadounidense acaba de comprar 15, pero aparte de eso no estoy vendiendo muchas más", agregó Sise.

Las vuvuzelas son duras, resistentes al agua, y con su irritante sonido no son atractivas para los ladrones, por lo que la gente no tendrá que comprar una nueva durante el torneo.

Las nuevas vuvuzelas vienen con una correa para que sus dueños se las cuelguen sobre los hombros, haciendo que sean incluso más difíciles de perder.

"Necesitamos que los chinos vengan y se las lleven de nuevo. Quizás puedan derretirlas y transformarlas en algo útil como tazas", dijo entre risas Ochi Nyamori, otro vendedor.

Evelyn Marshall, una comerciante de Zimbabue, no ha vendido ninguna vuvuzela en la última semana e indicó que las ventas han disminuido desde la eliminación de los anfitriones del torneo la semana pasada.

"He colocado mis productos africanos en la parte trasera del puesto", dijo Marshall, que señaló una impresionante selección de esculturas y cestas Zulú.

Para aquellos que acaban de llegar al país, las vuvuzelas son todavía un accesorio necesario.

"Me compré la mía en una esquina de camino al aeropuerto", dijo Sam Banting, un estudiante australiano de 22 años, mostrando su vuvuzela de color verde oscuro con una pegatina de la bandera de Sudáfrica.

Pero para aquellos que llevan más tiempo, la novedad se comienza a desvanecer.

"Tengo una, pero la deje en el hotel. Estoy harto del ruido", dijo Hanno Weiss, un aficionado alemán de 21 años, antes de entrar a ver un partido en Ciudad del Cabo.