Publicado: 29.01.2014 07:00 |Actualizado: 29.01.2014 07:00

Veneno en 100.000 grifos de Euskadi

Ecologistas y grupos de vecinos de Barakaldo denuncian ante las autoridades europeas que el agua que llega a sus casas está contaminada por lindano, una peligrosa sustancia tóxica heredada de su pasado industrial

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"No creo que sea necesario elegir entre morir de sed o envenenado. Aquí hay más recursos", dice con voz firme el ecologista Javier Vázquez. Son poco más de las tres de la tarde en la localidad vizcaína de Barakaldo, y en miles de viviendas los grifos de las cocinas están abiertos. Para muchos, ese hecho tan simple y cotidiano constituye una grave amenaza a la salud: de acuerdo a las advertencias lanzadas por conservacionistas y asociaciones vecinales, el agua que sale de las tuberías proviene de un embalse contaminado por lindano, una peligrosísima sustancia tóxica que nadie debería beber.

"Los riesgos -puntualiza Vázquez- no sólo vienen por la ingesta. Tampoco deberíamos ducharnos, fregar ni lavar la ropa con agua contaminada. Quizás sea más conveniente ir con manchas o, directamente, oler mal", ironiza. Las alarmas saltaron por primera vez en julio de 2008, cuando el Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco detectó en un control rutinario "una elevada presencia de isómeros de HCH-lindano" en las aguas provenientes del pantano de Oiola, situado en el término municipal de Trapagaran aunque perteneciente al ayuntamiento de Barakaldo.

Tal como confirma un reciente informe de Ekologistak Martxan -delegación de Ecologistas en Acción en Euskadi- este embalse "se utiliza como punto de captación para la producción de agua de consumo humano" desde 1967. "No sabemos si antes de 2008 ocurrieron otros incidentes; en cualquier caso, habrían pasado desapercibidos. Hay que tener en cuenta que las analíticas han mejorado con el avance de los años", explica Vázquez, quien forma parte del mencionado colectivo.

Aquella primera detección oficial de lindano determinó que se suspendiese el suministro a la población por parte de ese embalse. Sin embargo, esa medida no tuvo carácter definitivo. Según indica el grupo ecologista en su documento, "se realizaron varios estudios que no fueron capaces de determinar el foco de contaminación de HCH, pero que llegaron a la conclusión de que las aguas contaminadas procedían del arroyo Gorriga", uno de los nutrientes del pantano de Oiola. Otra de las conclusiones obtenidas fue que las probabilidades de contaminación "se incrementaban en caso de fuertes lluvias". Y si algo no falta en Euskadi son, precisamente, los temporales.  

En julio de 2011, el gobierno vasco volvió a autorizar el uso del embalse, "que desde entonces ha estado en actividad con varias largas paradas debido a fallos en el sistema de control o abundancia de lluvias", destaca el informe de Ekologistak Martxan. Desde hace algo más de nueve meses, "esta agua se destina a una red que abastece a más de 100.000 personas" en Barakaldo, Sestao y Alonsótegui. Los barakaldeses serían los más afectados, ya que la localidad al completo recibe los suministros del problemático embalse.     


Tanto el ayuntamiento de Barakaldo como la Agencia Vasca y el Consorcio de Aguas han asegurado en varias ocasiones que no existe ningún riesgo para la salud, pero los colectivos verdes de la zona y varias asociaciones vecinales sospechan todo lo contrario. Estos temores les han llevado a formar un frente común para reclamar que sus hogares dejen de estar conectados a Oiola. Los vecinos más comprometidos decidieron dar un paso más en la protesta y dejaron de pagar la factura, lo que ya ha derivado en serias amenazas de corte. "No nos van a asustar. El agua es un bien básico de primera necesidad", afirma Vázquez, uno de los primeros en adoptar esta drástica medida.  

No es la primera vez que este militante ecologista se involucra en una batalla contra las sustancias tóxicas que invaden Barakaldo, una ciudad que hoy paga las consecuencias más infames de su pasado industrial. "Por cada kilo de lindano se producían nueve de residuos, y las industrias se deshacían de esos restos donde veían un agujero", explica. En el barrio de Lutxana, antigua sede de varias fábricas, dan fe de sus palabras: muchos vecinos que hoy rondan los cuarenta años recuerdan las "montañas blancas" en las que jugaban cuando eran niños. Hoy saben que se trataba de restos de lindano, abandonados con absoluta impunidad por las potentes fábricas de la zona.

Tras convivir durante varias décadas con el veneno industrial, los habitantes de la Margen Izquierda del Nervión se niegan a aceptar que el agua también sea una potencial amenaza contra su salud. Por ese motivo, el frente ecologista y vecinal ha recurrido a las instituciones europeas para tratar de conseguir que el embalse de Oiola deje de ser un manantial de miedos. "Hemos puesto una denuncia ante la Comisión Europea y también hemos formulado una petición en el Europarlamento. Hace poco estuvimos en Bruselas, donde nos dijeron que aquí están haciendo un trampeo jurídico para evitar los problemas", asegura Vázquez.

Con varios decretos e informes guardados en su ordenador, este ecologista advierte que las autoridades competentes "acomodan los resultados" de las analíticas. "Se está jugando con los resultados del agua potable -sostiene-, por lo que aquí alguien tendrá que dar la cara y explicar quién domina a quién. O hay unos técnicos ineptos, o se están haciendo trampas al solitario para que les cuadren los números, sin pensar en la salud de la población".

Entre los archivos de Vázquez asoman las declaraciones realizadas en 2010 por los responsables de Sanidad del gobierno vasco. "El HCH (lindano) es una sustancia cancerígena, por lo que se deben extremar las precauciones. Aunque el registro sea muy bajo, no es nulo. Existen en nuestra comunidad otros suministros alternativos y se impone la necesidad de ser muy prudentes y evitar riesgos innecesarios", expresó ese departamento.

A la vista de esas afirmaciones, Ekologistak Martxan plantea la interrogante del millón: "Teniendo en cuenta la constatada contaminación por HCH-lindano de las aguas del pantano de Oiola y las incertidumbres acerca de su origen y proceso de dispersión, ¿no sería más razonable, por un principio de precaución, evitar su uso para la producción de agua de consumo humano?". Los responsables del ayuntamiento de Barakaldo, que también beben, cocinan y se duchan en este municipio, no lo estiman necesario.