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Los Veranos de la Villa se rinden a Miguel Poveda

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Ya no cabe hablar de Miguel Poveda como promesa del flamenco, ni tan siquiera se le puede definir como joven realidad, porque el cantaor ha demostrado este jueves su enorme categoría artística en los Veranos de la Villa de Madrid, donde ofreció una actuación de altos vuelos ante un público entregado desde la primera nota.

La noche se presentó agradable en el escenario Puerta del Ángel, pero las condiciones meteorológicas empeoraron a medida que avanzaba el concierto y más de uno habría agradecido una chaqueta que ponerse encima de los hombros. Tanto daba, porque ni el frío ni el viento pudieron apagar la llama de Poveda, un hombre en estado de gracia.

No se habían marchado los últimos rayos de luz cuando el cantante saltó al escenario, envuelto por el respeto y la admiración del público capitalino, para dar inicio a la primera parte del espectáculo, un repertorio flamenco que arrancó por livianas y continuó por malagueñas y abandolaos.

Todo elegancia, ataviado con traje negro, camisa blanca y zapatos relucientes, Poveda se encontró cómodo desde el primer momento, en su salsa, tan animado que sus pies no paraban de moverse, como si quisieran estallar en zapateados a la menor oportunidad.

"Para mí es un privilegio cantaros aquí una vez más y os agradezco que hayáis llenado el recinto. Espero que la actuación sea del gusto de todos. Os invito a este viaje por el flamenco, por mis cosas y mis coplas. ¡Abrochaos los cinturones, que nos vamos!", advirtió el cantaor, que acto seguido montó una fiesta al ritmo de las cantiñas.

El cajón vibraba con los golpes de Paquito González, la guitarra hacía lo propio bajo los dedos de Juan Gómez "Chicuelo", las palmas retumbaban por obra y gracia de Carlos Grilo y Luís Peña... No había quien se resistiera, y Poveda salió disparado de la silla para marcarse unos pasos junto a la bailaora Laura Rozalén.

El dolor abandonó su condición etérea y se hizo palpable con cada quejío de la soleá apolá, mientras que los tangos dibujaron un hermoso boceto del sevillano barrio de Triana. "Ahora os quiero llevar a Jerez, a Utrera, a Sevilla... Por todos esos sitios nos vamos de paseo", advirtió el cantante, que sedujo al respetable con una buena dosis de nanas y bulerías.

Se imponía un pequeño receso para que el artista se cambiara de ropa y recobrara el aliento, pero la tarima no estuvo vacía ni un solo instante. De ello se encargo el pianista Joan Albert Amargós, pieza imprescindible en la segunda parte del espectáculo, consagrada en este caso al género de la copla.

El primer homenaje de la noche recayó sobre Rafael de León, Manuel Quiroga y Salvador Valverde, tres autores imprescindibles que en su día firmaron la letra de "Ojos verdes", bellísima composición que Poveda ha sabido adaptar a su personal estilo interpretativo, caracterizado en ocasiones por cierta tendencia al histrionismo.

Con un punto de sana chulería recorriendo sus venas, el cantante deleitó en cada compás de "Rocío", y no se olvidó de agasajar al actor Rubén Ochadiano con "A ciegas", tema principal de la película "Los abrazos rotos", del director Pedro Almodóvar.

"Cuando estás sudando, el aire frío te deja mudo, pero tengo el corazón bien empapadito y no voy a parar. Me han dicho que a las doce tenemos que terminar, pero espero que tengan agua caliente, porque ni con eso me van a echar hoy de aquí", bromeó Poveda, que también dedicó minutos de recuerdo para su "maestro", el fallecido cantaor Enrique Morente.

"La leyenda del tiempo" y "No volveré a ser joven" sirvieron de colofón a la velada, un triunfo indiscutible del artista barcelonés, que durante las próximas semanas actuará en Fuengirola (Málaga, 8 de julio), Algeciras (Cádiz, 14), Alicante (16), Festival Pirineos-Sur (Sallent de Gállego, Huesca, 23), Roses (Girona, 29) y Roquetas de Mar (Almería, 30).