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El veto a alquilar balcones irrita a los vecinos del circuito urbano

El Ayuntamiento de Valencia ha prohibido el uso público de balcones y terrazas. Empresas y propietarios ya habían firmado contratos de alquiler de azoteas

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Para compensar el ruido, los cortes de tráfico y el olor a goma quemada, los vecinos de la calle de enfrente del circuito de Fórmula 1 en Valencia tenían el negocio seguro de alquilar sus balcones y azoteas. El Ayuntamiento de Valencia ha acabado con estas expectativas. El pasado 18 de julio se publicó un bando en el que se prohibía cualquier uso de los edificios que no fuera el estrictamente privado.

La sorpresa fue máxima entre los vecinos y las empresas que iban a explotar las terrazas. Los contratos ya estaban firmados. Según los propietarios de los pisos, las cantidades cobradas durante los dos días que dura la competición habrían oscilado entre los 12.000 y los 70.000 euros. A su vez, las empresas que ocuparían las azoteas iban a cobrar entre 700 y 2.000 a cada aficionado que quisiera disfrutar de una vista privilegiada: desde cualquiera de estos edificios se puede ver el recorrido mucho mejor que en las gradas.

Fuentes del Ayuntamiento alegan motivos de seguridad. Aseguran que no está permitido dar a las viviendas otro uso que no sea el estrictamente privado. Pero los vecinos se sienten engañados. Incluso estudian medidas legales contra el Consistorio. Varios de ellos han recurrido a una abogada, María José Fano, que está estudiando el caso: 'Es claramente discriminatorio. En Fallas, los balcones del centro se alquilan por millonadas, incluso se organizan caterings. Aquí lo impiden, y además a poco más de un mes del evento, sin que haya posibilidad de reacción'.

La decisión no sólo ha enfadado a los vecinos. Las empresas se han visto en un serio problema. Vicente Macías, de Grand Prix Events, se declara 'agotado' por la actitud del Ayuntamiento: 'Ya pedimos información hace mucho tiempo, les contamos por activa y por pasiva lo que se iba a hacer, y a las fechas que estamos, publican este bando'.

Macías cuenta que su compañía también organiza actividades semejantes en el circuito de Fórmula 1 de Mónaco 'y nunca me había pasado nada parecido'. Ahora, están estudiando cómo resolver el embrollo. Para empezar, cuenta, intentarán que los vecinos consientan en cancelar los contratos y devolver el dinero.

Por su parte, Hacienda no se ha dado por enterada de la prohibición municipal. La Agencia Tributaria ha enviado una carta a cada residente de la avenida afectada, la del Doctor J. J. Dómine, para recordarle que, si cobra por su balcón, tiene que declarar las ganancias.

El circuito, una pista de más de cinco kilómetros levantada entre el Puerto y los barrios marítimos de la ciudad, albergará una de las fases del Mundial de Fórmula 1 el 23 y 24 de agosto. Para probar el recorrido, a finales de julio hubo una competición de Fórmula 3, una variante menor de este deporte. El ensayo sirvió para que pilotos y autoridades se felicitaran por la calidad de la pista.

La prueba también provocó infinitas quejas de los residentes de los barrios cercanos, que reprochan al Ayuntamiento y a la Generalitat la mala organización del tráfico a la hora de gestionar el corte de decenas de calles al que obliga la realización del evento. La zona más perjudicada es la de Nazaret, cuyos habitantes se ven privados de una salida peatonal. Francisco Puig, vecino, califica la situación de abuso: 'Nos dejaron aislados y los coches hacían un ruido insoportable'.

El Ayuntamiento asegura que el dispositivo funcionó según las previsiones. La Generalitat insiste en los beneficios que, según calcula, dejará el evento: más proyección internacional para Valencia, 500 millones de telespectadores de las carreras y un impacto económico de 70 millones de euros. Por su parte, las asociaciones vecinales destacan el contraste entre la inversión en el circuito y el abandono en el que están sumidos los barrios cercanos, faltos de limpieza, rehabilitación, guarderías, centros médicos y servicios sociales.

Colectivos vecinales, ecologistas y varios profesores de universidad se han unido en la coordinadora Fórmula Verda “contra el circuito urbano” y a favor de “una ciudad sostenible”, según se puede leer en su manifiesto. Vicent Gallart es presidente de la asociación de vecinos del barrio del Cabañal y miembro de la plataforma. La zona es una de las más deprimidas de Valencia: “Necesitamos que el Ayuntamiento y la Generalitat se tomen en serio la rehabilitación de viviendas, que haya una oficina para eso como las que se han instalado en otras zonas de la ciudad”.

La falta de atención a esta zona y a otros barrios situados también junto al circuito, han llevado a Fórmula Verda a pedir “atención a las prioridades sociales” antes que en “un negocio privado como es la Fórmula 1”. Desde la plataforma recuerdan que “en la Comunidad Valenciana hay un circuito, el de Cheste, que “podría adecuarse para ser un escenario de primer orden” para este deporte.

Otra de las quejas de Fórmula Verda es la falta de información y de demanda de participación ciudadana por parte de las administraciones. En su manifiesto abordan también los niveles de contaminación acústica que causarán las carreras y las molestias para la movilidad de los ciudadanos por los cortes de circulación. 

La familia de Natalia Fano vive en la avenida J. J. Dómine. Desde la azotea del edificio, se puede ver el Puerto y gran parte del circuito de Fórmula 1. El aficionado que suba hasta allí verá las carreras mucho mejor que desde un puesto en las gradas, por el que se paga una entrada que oscila entre los 195 y los 480 euros. Por eso, una empresa iba a pagar a la comunidad de vecinos por la explotación de la terraza. Algunos propietarios habían alquilado también el balcón de su vivienda. La prohibición del Ayuntamiento ha dado al traste con estos planes.

Natalia tiene ahora muchos reproches: “El problema no es el circuito, sino lo mal que lo han hecho todo, siempre de espaldas a los vecinos. Después de tantas molestias, lo único que íbamos a sacar en claro era esto, y ahora resulta que tampoco”. El dinero iba a servir para “mejoras en el edificio, como cambiar el ascensor”. Ahora, han decidido “en principio” devolver el dinero que habían cobrado.

Otros residentes, como Jesús Vicente Andrés, presidente de la asociación de vecinos del barrio, optaron desde el principio por no alquilar: “Temíamos que la estructura no aguantara. Y yo, personalmente, no quiero participar en este circo”. Andrés muestra una nota de su colectivo que detalla las quejas por el circuito, como el ruido, las emisiones de gases o los cortes de tráfico.