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Viajar con Los Strokes en la fila de atrás y aliviar el dolor de muelas a base de ron

 Polock

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Estamos esperando el barco que cruza de Francia a Inglaterra y hace el mismo frío que tres meses atrás cuando fuimos a girar allí por primera vez. El calor de España nos ha engañado, y aunque sabíamos que iba a hacer más fresco, no nos imaginábamos esto.

Algo parecido nos ocurrió en EEUU. Como íbamos a estar continuamente viajando no pudimos llevar mucho equipaje: dos bultos cada uno, en mi caso, la guitarra y una maleta en donde llevaba los pedales, los cables, transformadores de electricidad y, en el hueco que sobraba, algo de ropa. Los primeros conciertos fueron en Los Ángeles, con una temperatura ideal. Después fuimos a Austin, donde hacía más de 35 grados, luego a Washington, con la temperatura bajando, y por último, Nueva York, con un frío glaciar. Nos fuimos directos a una tienda de ropa de segunda mano a comprar lo más abrigado que allí tuvieran.

En las giras, lo de siempre: 'Sensación de familia', amistades pasajeras, minibares vacíos y algunos tópicos del rock and roll pero sin pasarse'

Nos pasaron muchas cosas dignas de comentar. Como fan, una de las más destacables fue viajar en avión desde Los Ángeles a Austin con los Strokes, justo en la fila de atrás. Tocábamos en el mismo festival y coincidimos en el vuelo. Lo único que hablé con ellos fue un 'Thank you' a Nick Valensi, cuando al aterrizar se apartó para que pudiera coger mi maleta y salir por el pasillo.

Una de las anécdotas más curiosas tiene que ver con Chris Douridas, un locutor de la radio KCRW de Los Ángeles. Le gusta mucho nuestro disco y desde que le llegó, lo pincha casi cada día. También organiza de vez en cuando una fiesta en Hollywood en una sala que se llama Bardot. Cuando fuimos nos invitó a tocar en la fiesta, y antes de la actuación, nos presento al público de una manera espectacular, como sólo en Hollywoodse puede hacer. También nos invitó a hacer una sesión en eléctrico en el estudio de la radio. Pues bien, dos o tres días después, ya en Austin, Alberto leyó en un libro unas líneas en las que el cantante de los Eels narra cómo Chris Douridas le llama para hacer una sesión en su programa. Una coincidencia. Nunca habíamos leído nada escrito por algún americano donde se hablara de alguien al que conocemos directamente.

Otra coincidencia de la que nos hemos reído bastante ocurrió el primer día que llegamos a Nueva York y fuimos reconocidos por la calle. Era un tipo que había estado en nuestro concierto en Austin. ¡Vaya casualidad! El primer día en la Gran Manzana y ya nos reconocen por la calle.

Todo esto sucedió en América. No tengo espacio para contar otras muchas cosas que nos han pasado en diferentes países durante este año de gira. Me viene a la cabeza una historia muy divertida. Sucedió en Londres, en la BBC. Teníamos una entrevista por la mañana. Sebas se levantó con un horrible dolor de muelas y, como llegábamos justos de tiempo, el único remedio que encontró a mano fue una botella de ron. Chupito a chupito fue bajando su dolor y subiendo su borrachera. A los diez minutos de estar en los estudios, Sebas estaba intentando congregar a todo el personal de la radio para hacer una gran foto de familia con nosotros. Con pose de fotógrafo de los treinta y el balanceo de Charlot organizaba la colocación de cada persona dentro del cuadro. Nadie entendía nada de lo que estaba pasando.