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Un viaje al lado menos cool del músico más cool

Vuelve Devendra Banhart, el gurú del folk raro, que critica a Chávez y se declara fan del Topo Gigio

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Es posible que su nombre no les suene, pero cada vez que viene a España abarrota la sala donde toca (esta semana lo ha vuelto a hacer, en el festival Primavera Club de Madrid y Barcelona). Quizás su cara no les diga nada, aunque salió de refilón en alguna revista rosa por su relación con Natalie Portman. No suena en la radio, pero ha logrado que en el siglo XXI se vuelva a hablar de folk.

Devendra Banhart, que acaba de publicar What will we be (Warner), su séptimo disco, no es un músico de masas, pero su aparición a mediados de este década fue un bombazo cuya onda expansiva fue destapando un interminable rosario de músicos barbudos, arpistas alucinadas y liberados espíritus neohippies a los que se etiquetó como renovadores del folk.

Banhart, con los dos soberbios y misteriosos discos que publicó en 2004, se convirtió en el cabecilla de aquella escena de personajes con pinta de chalados (se la llamo weird folk o freak folk). De repente, parecía que todo músico que alcanzaba cierta notoriedad (o directamente el éxito) estaba relacionado de una u otra manera con él: Antony & The Johnsons, Rufus Wainwright, Cocorosie, Joanna Newsom... Su poder de influencia sobre lo que había que escuchar llegó a alcanzar cotas insólitas.

Un ejemplo: en 2004 recopiló 20 canciones de músicos que le gustaban para una revista. La mayor parte de aquellos artistas, entonces desconocidos, han obtenido repercusión internacional, de Vetiver a Iron & Wine, pasando por Josephine Foster, Six Organs of Admittance o los mencionados Antony y Cocorosie.

Banhart acaba de publicar su séptimo disco, titulado What will we be

Si a todo esto le sumamos su controvertida imagen (del neohippismo zen al travestismo), los intrigantes dibujos con los que ilustraba sus discos e inesperados datos de su pasado (se crió en Venezuela, vivió como vagabundo en Europa...), no es difícil entender por qué, con sólo 23 años, se convirtió en el personaje más cool del momento.

Lo de Natalie Portman terminó por cerrar el círculo.

Sin embargo, en los últimos años su aura se ha ido desvaneciendo poco a poco. Sus discos han bajado de nivel, sus directos se han vuelto aburridos y, por si fuera poco, este gurú de la independencia ha hecho algo tan poco cool como fichar por Warner, en un momento en que los músicos huyen de las multinacionales. 'Me gustó lo que hizo Radiohead: colgar el disco en Internet y que el oyente pagara lo que quisiera. Pero Warner no está en posición de permitirnos hacer eso', responde sin percatarse de que, claro, para emular a Radiohead lo primero que debería hacer es no firmar con ninguna discográfica.

Sentado en un céntrico hotel madrileño, Banhart habla español con acento venezolano y de manera fluida. Dice que recuerda perfectamente el golpe de estado de Hugo Chávez en 1992: 'Me desperté y en la tele estaba Chávez con dos tipos con metralletas, diciendo que la gente no saliera a la calle. Yo era un preso'.

A diferencia de lo que se espera de un artista indie de mentalidad progresista, él desconfía del presidente de Venezuela. 'En realidad no ha hecho mucho. Lo único, convertir su nombre en una marca'. Y a continuación ofrece su peculiarísima lectura política del momento: 'Es interesante, porque en Venezuela a Chávez lo llaman dictador, pero en EEUU es un héroe, porque habla contra Bush'. Pero, ¿no era al revés?

Y hay más. Escuchando el folk alucinado y experimental de sus primeros discos, no es descabellado imaginar que el pequeño Banhart se crió en una comuna hippy donde correteba desnudo entre el humo del cannabis mientras de fondo sonaba un mantra de sitar. Nada más lejos de la realidad. Su primer recuerdo musical es... Julio Iglesias: 'De niño, yo vivía con mi mamá en Venezuela. Ella era modelo y en una ocasión Julio Iglesias le pidió una cita. Recuerdo que en un momento determinado le cantó dos segundos de Midnight lady'. Cuando confiesa su pasión por el Topo Gigio, Banhart se hace definitivamente humano.