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Un viaje a través de arrugas, pelos y cicatrices

La fotógrafa Ana Álvarez-Errecalde busca la imperfección

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Una mujer sonriente abraza a su hija, el cordón umbilical todavía está sin cortar y una placenta se erige como el ojo que todo lo ve. La fotografía forma parte del díptico El Nacimiento de mi Hija. La autora es Ana Álvarez-Errecalde, una malabarista que realiza obras salvajes y cortantes.

Sus obras desprenden, en sentido literal, carnalidad. 'Desde el comienzo de mi embarazo, soñaba con hacerme una foto unida a mi bebé por el cordón umbilical. Esto surgió en un intento de contrarrestar tantas maternidades de película, las que refuerzan el estereotipo surgido a partir de las fantasías heterosexuales masculinas, donde existe la dualidad madre/puta', cuenta la artista recién llegada de Jaén, donde la universidad ha organizado la exposición Mater, en la que exhibe este trabajo.

Pero esa pieza es un paréntesis antes de continuar con TALLAS, una instalación que incita en la reflexión sobre el trato que la sociedad le da al cuerpo femenino y que surgió de la necesidad de dar una imagen sincera ante la publicidad que exhibe millones de imágenes de cuerpos perfectos. Por ello, el trabajo final parte de fotografías no retocadas que permiten ver arrugas, cicatrices, pelos e imperfecciones.

El trabajo se disparó cuando leyó que el Ministerio de Salud iba a escanear el cuerpo de 8.000 mujeres para unificar las tallas femeninas. Ana empezó a fotografiar a todas las mujeres que pudo. Pasó las imágenes a tela y confeccionó trajes a medida real. El trabajo se pudo ver el pasado diciembre en la cripta del FAD de Barcelona, pero ahora la intención de la artista es buscar más lugares para exponer TALLAS.

Todo su trabajo es autobiográfico, aunque advierte de que no pretende hablar siempre de mujeres. 'Utilizo el arte como terapia para resolver ciertas cosas, una manera de canalizar el dolor; aunque no cura nada, sí que ayuda. Con la fotografía, empecé por una situación personal difícil, mi primer hijo tiene un problema neurológico muy serio, no camina, no anda, no nada. En Nueva York, trabajaba en televisión realizando documentales; pero cuando nació el niño, lo dejé todo para intentar estimularlo. Así descubrí la fotografía. Era el aspecto creativo de un día bastante agobiante', dice sin descolgar la sonrisa pacificadora que la caracteriza.

Madre de tres hijos, antes de ganar la residencia de dos años en Hangar (un centro de producción audiovisual de Barcelona), trabajaba en la mesa de la cocina de su casa después de cenar. La salida comercial de las instalaciones de Álvarez-Errecalde es reducida, pero no afloja el pulso. 'En Barcelona, he tenido posibilidades. En Nueva York, para solicitar becas, tienes que pagar unos 50 dólares; allí no me presentaba a lugares porque no me podía permitir el lujo de pagar'.

Imparable, ya tiene en mente su próximo proyecto: 'Me gustaría tratar el tema de las mujeres que se reconstruyen el himen. Lo hacen por distintos motivos: prostitución, regalo de San Valentín, religión Me interesa ahondar en las modificaciones corporales en función de la aceptación. Sé como plasmarlo estéticamente, pero necesito apoyo'.