Publicado: 13.06.2014 10:04 |Actualizado: 13.06.2014 10:04

Víctima de abusos sexuales publica una carta abierta al obispo de Salamanca

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Javier Paz Ledesma, el joven que denunció al cura Isidro López Santos por abusar de él durante diez años (de los 10 a los 20 años) en la parroquia salmantina de San Julián, tras conocer las declaraciones del obispo afirmando en un comunicado del Obispado de Salamanca desconocer los abusos y pidiendo la presunción de inocencia para el acusado, ha decidido publicar una carta abierta dirigida a Carlos López Hernández, obispo de Salamanca. En ella le desafía a seguir negando cualquier conocimiento y le recuerda: "sabe que usted y yo nos llevábamos reuniendo ya más de tres años ... Ocasiones en las que usted reconoció que Isidro había admitido los hechos y aun así usted le escondió".

En la emotiva carta también le cuenta que "el dolor, el sufrimiento, el abuso no tiene cura. Se lleva toda la vida a cuestas, y modela tu comportamiento, tus conductas, tus maneras de relacionarte". Pero, sobre todo, le anuncia que hablar le ha rehecho como persona. "Me ha dado la paz necesaria para enfrentarme a la verdad y hacer de ella un estandarte que me empuje a seguir adelante sin dar un paso atrás".

Y ese estandarte ha animado a otra víctimas a ponerse en contacto con él e incluso a denunciar, como explica en su carta: "Le hablo de las víctimas que se han acercado a mí estos días tras la denuncia, víctimas de Isidro, víctimas de su silencio y connivencia, señor obispo, buscaban en mí conseguir un poco de paz". Y es que durante estas semanas le han contactado todo tipo de víctimas de abusos sexuales a manos de curas para animarle y agradecerle el gesto que quieren seguir. Desde una madre, de la que se sabrá en breve, hasta compañeros de parroquia que ahora han reconocido haber sufrido los mismos abusos, todo tipo de personas han sorprendido a Javier con sus confesiones, como reconoce en la carta. "Porque no hablo sólo de las víctimas de Isidro López Santos en San Julián, en Tejares, o de los menores que hayan podido ser abusados desde que usted le jubiló, ya consciente de su delito tras las conversaciones mantenidas entre usted y el que escribe. Conversaciones iniciadas en marzo del año 2011. ¿Se acuerda, señor obispo?", le espeta desafiante Javier al obispo.

"También hablo en nombre de las víctimas de otros sacerdotes y profesores de colegios religiosos que estos días se han acercado a mí, animándome y poniendo en mí su esperanza de que esto se resuelva y salga a la luz de una vez por todas", sigue Paz Ledesma, que no tiene reparos en hablar de casos concretos: "Por ejemplo, de una madre con un hijo aún menor, abusado en el centro privado cristiano Maestro Ávila de Salamanca. Y que sigue esperando que se haga justicia mientras los acusados siguen trabajando con menores en el colegio".

Pero ante todo denuncia "esa terrible cadena social [que] es la que les ha amparado hasta el día de hoy. A ustedes, señor Obispo, y a los que usted y sus compañeros esconden. Esa cadena social que impone la vergüenza y que se estigmatice a las víctimas. Cuando la verdadera vergüenza son ustedes y su silencio hipócrita, inhumano, criminal", para añadir que "se puede romper" como ha hecho él.

Porque si algo le espeta al obispo es que "ahora ya no tengo sonrojo en decir bien alto que fui abusado por un sacerdote, incluso siendo ya mayor de edad. A pesar de los comentarios de los que trabajan para ustedes en las redes sociales y se dedican a escupir veneno por sus bocas para desacreditarnos, incluso diciendo que ellos no se atreverían a dejar a sus hijos conmigo en un campamento".

Y aunque confiesa que esa verdad le haya supuesto perder a mucha gente, especialmente a familiares que ahora "se escabullen sin decir ni pio", Javier tiene un motor especial que le ha impulsado: su hijo. "El orgullo de mirar a tu hijo a los ojos y que te diga que el día que se encuentre con el señor malo que te hizo daño a ti y a más niños le va a dar un puñetazo en la colleja. Reconforta. Mi hijo, esa joya que hace que merezca la pena ver salir el sol cada mañana, y a al que con pocas palabras le he explicado qué pasó y lo ha entendido. ¿Sabe a qué me refiero, señor obispo? No, claro, usted nunca ha tenido un hijo, nunca ha querido a un hijo, a un niño de su sangre. De ser así no habría permitido y amparado esa monstruosidad que son los abusos a menores por parte de curas".

Porque aunque gran parte de la carta denuncia ese sufrimiento impuesto por la Iglesia, Javier afirma esperanzado: "Pero mi hijo no va a estar en ese oscuro mundo de mentiras y miedos en el que se mueven ustedes y me obligaron a moverme a mí. A mi hijo le he contado la verdad y la ha entendido fácilmente. Sin tapujos, sin tabúes, explicando lisa y llanamente la verdad. Y ahora entiendo el por qué le tenéis tanto miedo a una educación sexual en las escuelas. Perderíais ese reino de terror y abusos que habéis impuesto a lo largo de siglos de mentiras. Haríamos personas libres. No vulnerables".

Por todo eso le pide al obispo: "Vuelva a decir, como me dijo a mí en persona, que en función de unos rumores usted no podía hacer nada. Cuando tenía constancia de los abusos cometidos por Isidro López Santos, de las denuncias archivadas en Tejares. Denuncias, por otro lado, archivadas seguramente a cambio de un dinero sucio, que tapa bocas y permite que los menores enquisten una situación dolorosísima que a la larga va a marcar sus vidas, pues no se toman medidas terapéuticas adecuadas que eviten que el dolor lo devore todo, destruya sus vidas".

Y lo convierte en un desafío en la parte final, cerrando con un valiente: "Es un reto. Le desafío a usted y a sus superiores a decir que mis palabras son mentira y que desconocían los hechos". Un desafío que cimienta con un revelador: "No sólo le escondió, empezó un falso proceso canónico contra él, agotando mi paciencia, jugando con mi tiempo, con mi vida, con la justicia".

Habrá que esperar a ver si el obispo quiere aclarar la afirmación final de Javier en su carta: "Atrévase, si tiene valor, a desmentir mis palabras, señor obispo de Salamanca y que sea la verdad la que nos ponga a cada uno en nuestro lugar".

Por la gravedad de los hechos denunciados, sería de esperar que el obispo respondiese a la mayor celeridad posible, aclarando su participación en los hechos y la existencia de estas reuniones. De no ser así, el que calla ortorga.