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Víctor Ullate, Premio Max de Honor, estrena "Beethoven" en el Teatro Albéniz

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Víctor Ullate, flamante Premio Max de Honor, estrena el viernes con su compañía en el Teatro Albéniz "Beethoven", un nuevo programa que consta de una primera parte coreografiada por su director adjunto, Eduardo Lao, y una segunda firmada por él mismo, cargada de recuerdos personales.

Esta es la cita anual del Ballet de la Comunidad de Madrid Víctor Ullate en el Teatro Albéniz, donde permanecerá hasta el 17 de febrero con este estreno absoluto y con el que arranca el año del 20 aniversario de la formación artística.

"Beethoven" ofrece una primera coreografía con las sonatas 14 y 5 de Beethoven, en la que Eduardo Lao -que firmó el robótico ballet "Coppelia"- recrea la relación entre tres personas, interpretada por So Yeon Kim -un bailarín japonés de reciente incorporación a la compañía-, Dorian Acosta y María José Redelico.

La segunda parte del programa viene firmada por Víctor Ullate, que ha construido una nueva pieza a partir de La Pastoral y en la que repasa distintos momentos de la vida -desde la niñez hasta la esperanza en un mundo mejor después de la muerte-.

Esta coreografía, según ha explicado en la presentación del espectáculo, ha sido creada pensando en dos personas muy importantes para él: la bailarina Ángela del Moral -que murió el año pasado y que fue su amor platónico en sus primeros años de carrera artística- y su maestro, Maurice Béjart, fallecido recientemente.

Bailarán esta pieza Onuki Masayoshi y las parejas formadas por Isabelle Brusson y Rubén Ventoso y Alba Tapia y Dorian Acosta, aunque Ullate tuvo palabras de recuerdo y reconocimiento para Ana Noya, musa de su coreografía "El Sur" y con quien comenzó a preparar el segundo movimiento de La Pastoral. La bailarina se acaba de retirar de la danza, pero permanece como "ensayadora" de la compañía.

Con vestuario de Ikerne Giménez y escenografía e iluminación de Pazo Azorín, "Beethoven" es un espectáculo de danza neoclásica, que busca el movimiento y la armonía actual, sin renunciar a la técnica y a las puntas. No es lenguaje de danza contemporánea, que se fundamenta en el suelo y en el espacio, sino un espectáculo con la técnica de los bailarines clásicos, ha precisado el coreógrafo.