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Los vikingos invaden Catoira

La localidad pontevedresa celebra un año más su famosa romería, en la que se escenifica el desembarco de los hombres del norte en tierras gallegas.

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Primer domingo de agosto. Mediodía. Cuando todo parece tranquilo en la localidad pontevedresa de Catoira, un drakkar aparece en el horizonte. A bordo de esta embarcación, decenas de bravos guerreros, ataviados con pieles de ovejas, cascos con cuernos, escudos de madera pintados, espadas y lanzas saltan a tierra entre gritos de tierra y sonar de cuernos y caracolas. Su objetivo, invadir las Torres del Oeste y saquear las tierras que las rodean.

Aunque no lo parezca, la estampa es contemporánea, y se lleva repitiendo desde hace casi cincuenta años para devolver a la actualidad un acontecimiento milenario. Dentro de cuatro días, la invasión tomará cuerpo una vez más: llega de nuevo la Romería Vikinga de Catoira. Desde los años sesenta, los hombres del norte realizan un simulacro de invasión que atrae tanto a los habitantes de la localidad como a un número cada vez mayor de turistas. En 2002 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

El perfil del drakkar avanzando sobre el agua parece hoy una estampa insustituible, pero lo cierto es que el barco vikingo no se introdujo hasta 1968, y hubo que esperar hasta los noventa para conseguir una embarcación inspirada en los auténticos modelos de la época que se intenta recrear: los contactos mantenidos con la ciudad danesa de Frederikssund permitieron acceder a los planos de un auténtico drakkar vikingo encontrado en un fiordo de Roskilde (Dinamarca). Artesanos de Catoira visitaron la ciudad para conocer sus técnicas de construcción, y de esa visita salieron las ideas para elaborar, en la Escuela Taller del municipio, el barco que habría de convertirse en principal protagonista de la Romería Vikinga desde 1994, una réplica de una pequeña embarcación de guerra de fines del siglo XI.



El desembarco del 2 de agosto es el punto culminante de la romería vikinga, pero ya desde julio comienzan las actividades que hacen de este evento uno de lo más concurridos del verano gallego. Entre ellas pueden mencionarse un curso de dirección de banda, un campeonato de supercross, el festival de música Vikinsons o la sexta edición de la Rapa das bestas del Xiabre.

La noche del sábado 1 tiene lugar otro de los eventos más conocidos, la cena vikinga. La ambientación no podía ser más propicia: las Torres del Oeste, lugar, al día siguiente, del desembarco. Para asistir a ella es imprescindible usar ropa de época. Quienes lo hagan vestirán de vikingos pero disfrutarán de lo mejor de la tierra invadida: pulpo, cordero, postre, vino, agua, café, licores y hasta una degustación de queimada. Pura confraternización a través del paladar.

Llega el domingo, día grande de la Romería. Los pasacalles y el mercado medieval anticipan el desembarco, que a la una del mediodía cambia la fisionomía de Catoira. Claro que el encuentro entre lugareños y vikingos adquiere aquí tintes no de lucha sino de confraternización. Nunca invadidos e invasores habían compartido, a las pocas horas de enfrentarse, una comida campestre. Llegada la noche, la verbena popular pondrá el punto y final a la visita de los hombres del norte a la localidad. Seguramente más de uno ya estará deseando volver a escuchar aquello de '¡Que vienen los vikingos!'.



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