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Vilariño expone su obra en París en torno a la naturaleza muerta y el paisaje

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La relación entre la naturaleza muerta y el paisaje, entre la muerte y lo sagrado, inspira las obras que el fotógrafo, poeta y pintor gallego Manuel Vilariño, Premio Nacional de Fotografía 2007, expone desde hoy en París.

"Donde las ausencias abren sus alas" se titula la exhibición que alberga el Instituto Cervantes en la capital gala y adonde Vilariño (La Coruña, 1952) ha traído obra nueva y parte de la que mostró en la Bienal de Venecia en 2007.

Vilariño explicó el contenido de esta exposición en París antes de su apertura al público y quiso describir a EFE el sentido de las obras expuestas como un ejercicio de mirada desde la distancia, como si en realidad estuviera en Bergoño, la localidad gallega donde reside, rodeado de naturaleza.

El artista, que vive una época intensa desde la concesión del Premio Nacional y su participación en la Bienal veneciana, tiene planes para exponer próximamente en Brasil y sus obras se pueden contemplar en el madrileño Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y en el Museum of Fine Arts de Boston.

Interesado en captar lo que denomina "el tiempo auroral", el artista explicó con entusiasmo detalles de cómo trabaja, de cómo intenta captar esa luz de la primera hora del día, en la que aún ni los pájaros han comenzado a cantar, los minutos de silencio justo instantes antes del alba.

Para ello fotografía en su Galicia natal, que está en la exposición parisina, pero también en el paisaje duro y volcánico de Islandia y en el que inserta al animal "insomne", un gran oso cuya silueta se difumina bajo la luz tamizada del otoño gris de la capital francesa.

"Para mí la naturaleza muerta es algo que me acoge, en lo que yo puedo transitar", contó delante del políptico "Paraíso fragmentado", la obra que llevó a Venecia, compuesto por impactantes fotografías de animales muertos que yacen en lechos de especias y que se ha traído aquí.

Vilariño considera a esta obra parte del "eje central" de la exposición de París, que tiene en su otro extremo una especie de mosaico-damero, un montaje con calaveras que el artista considera una obra "política" y en el que ve referencias "al drama de las pateras y al conflicto de Oriente Medio".

"El damero de la muerte nos habla del juego de la muerte, que está a lo largo de toda la historia (...) es un recuerdo permanente a través de lo que está sucediendo con las pateras o el equilibrio en el Oriente Medio, la guerra de Irak o Afganistán", indicó.

"Es esa partida siniestra que jugamos día a día. Es una partida política", explicó el artista, cuya exposición parisina forma parte del programa de arte contemporáneo del Cervantes en la capital francesa y está integrada en el programa de manifestaciones del "Mes de la foto" que se celebra en noviembre en París

Pero, insistió durante el recorrido por la muestra su interés por "el otro aspecto, que es la intemperie, el afuera, ese territorio inhóspito -relató-, esa geografía donde yo me puedo desplazar para tener emociones de otro tipo".

Con referencias a María Zambrano o a Erza Pound, Vilariño expone en esta ocasión una selección de grandes fotografías, en dípticos y trípticos, donde la vela -"que simboliza el tránsito entre la luz interior y la luz auroral"- se acerca al bodegón barroco clásico español y menciona a Sánchez Cotán y Zurbarán.

"La vela, que es la metáfora de nuestra propia vida, vemos que se va consumiendo y está junto al cráneo que nos recuerda la vanidad, el juego de vanidades que tenemos que dejar un poco de lado", advirtió el autor delante de una de sus obras.