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Villa y el virus del pase

El 7 aparca su ego goleador para cuajar en el fútbol combinativo del Barça

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El juego del Barça es un virus y Villa, el último contagiado. Laterales limitados técnicamente como Abidal, recuperadores como Mascherano o peones con llegada como Keita han sabido, paulatinamente, observar y asimilar el estilo azulgrana, en el que no cabe quien no sea capaz de mover el balón con rapidez y precisión para colaborar en la fiesta de la posesión y el dominio.

Pero el caso del Guaje, que el lunes disputará su primer clásico, llama especialmente la atención. Que el tercer máximo realizador en activo de la Liga (144 dianas) asegurara hace unas semanas que no le ficharon 'para ser el máximo goleador' del Barça deja muy claro que el asturiano no es solamente un depredador. 'Me parece perfecto que los goles los marque Messi',ha reconocido el delantero en alguna ocasión.

Ha asistido en tres ocasiones a Messi y entiende 'que los goles los marque él'

Así que Villa, en tres meses de competición y jugando muchos minutos en la banda izquierda (donde ya le ubicó Del Bosque en el Mundial), se ha convertido en un pasador de lujo, en un futbolista generoso que parece llevar años dentro del juego combinativo del Barça. Como si se hubiera criado en La Masia.

Su afición por la asistencia con el equipo azulgrana empezó en San Mamés ante el Athletic, cuando habilitó a Keita para que abriera el marcador. El resto de pases de gol han servido para alimentar las escandalosas cifras de Messi, que ha marcado en los últimos diez partidos: le asistió ante el Getafe, el Zaragoza y, de tacón, en el primer tanto de Almería. Nadie, tras ese partido, se llevó las manos a la cabeza por el hecho de que Villa no marcara ninguno de los ocho goles.

'Puede sorprender que el equipo gane 8-0 y el delantero centro no marque. Pero lo bueno es que Villa ha sabido interpretar un papel diferente al que tenía antes. En el Barça no todo es hacer goles. Pero, pese a esto, también está marcando', analiza a este diario Carles Rexach, como escudero de Cruyff uno de los culpables de la perpetua filosofía de juego azulgrana.

'En otros equipos le necesitaban más para finalizar' observa Eusebio

Pero la generosidad de Villa con respecto al argentino no sólo queda retratada en esos cuatro pases de gol en once partidos de Liga: ante el Sevilla, pese a que estaba en sequía y se encontró el balón botando delante de la línea de gol, decidió no empujarlo para que subiera a la cuenta de Messi, autor del disparo. Incluso levantó las manos, como diciendo 'yo no he sido'. Una actitud casi impensable en arietes con egos como el de Etoo, en ocasiones obsesionado con reconocimientos individuales como el Pichichi, o Ibrahimovic, al que le carcomían los celos por el trato a Messi.

Aunque Villa sólo lleve seis goles en Liga y dos en Champions (lejos de los 23 en total de Messi, los 18 de Cristiano e incluso los 11 de Ibra y los 17 de Etoo), Guardiola parece haber encontrado al 9 que buscaba en el asturiano. El Guaje no ha aprendido a dar asistencias en el Barça. En su mejor temporada en ese apartado, la 2006-2007, firmó once con el Valencia. Si sigue al ritmo que va, sin embargo, superaría también esa cifra. La inoculación de la bacteria del pase por parte de Villa se traduce también en números si atendemos al porcentaje de pases acertados entre el total de intentos. Con el Barça, actualmente, lleva un 75 % de pases buenos (196 de 262), mientras que en anteriores campañas no superó el 61 %.

'El espíritu de Villa, desde el principio, está siendo colectivo', analiza Eusebio Sacristán, actualmente técnico del Celta y ex colaborador del cuerpo técnico del Barcelona. 'El Barça tiene un funcionamiento claro a nivel de movimientos y los jugadores se adaptan a esos automatismos, de modo que la libertad de los jugadores queda enmarcada a ese engranaje', agrega el ex futbolista azulgrana, que reconoce que el 7 del Barça 'está utilizando más la combinación que otros equipos donde los compañeros le necesitaban más para la finalización'. La grandeza del juego coral del Barça ha absorbido, como ya hizo con otros, a Villa. Es mucho más que un matador.