Publicado: 06.09.2009 08:00 |Actualizado: 06.09.2009 08:00

La violencia homófoba continúa siendo invisible

ONG y asociaciones pro derechos civiles reclaman un registro oficial de crímenes contra el colectivo homosexual en todo el mundo. Sólo en Brasil, se produjeron 190 asesinatos en 2008

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A Nuri (nombre ficticio de un iraquí) se lo llevaron de casa maniatado, lo colgaron boca abajo durante horas y, al día siguiente, sin darle agua ni comida, lo electrocutaron y lo violaron repetidas veces, mientras le tapaban la cabeza con una bolsa y lo amenazaban con no parar hasta que confesara que era "una reina".

Este es uno de los testimonios del último informe de la organización Human Rights Watch (HRW), que denuncia que más de 90 hombres han sido torturados y asesinados por su orientación sexual a manos de milicias iraquíes en lo que va de año. Resulta imposible saber con exactitud cuántos homosexuales son asesinados cada año en el mundo, aunque las diferentes estimaciones demuestran que pueden ser varios miles.

Para empezar, muy pocos gobiernos llevan un registro específico de los llamados crímenes de odio (motivados por racismo, homofobia u otro tipo de discriminación), tal como reclaman ONG como Amnistía Internacional o HRW.

De hecho, en muchos países ni siquiera se contempla esta motivación ideológica como agravante. Ese apagón estadístico dificulta cuantificar el "homocausto" que según ONG y asociaciones tiene lugar en todo el mundo, con Brasil a la cabeza. "No hay estadísticas de crímenes de odio en Brasil. Nos basamos en noticias publicadas en prensa, Internet y testimonios de asesinatos", afirma Luiz Mott, miembro fundador del Grupo Gay da Bahía (GGB), una organización brasileña pro derechos del colectivo homosexual. El GGB registró 190 asesinatos en 2008 y 50 en lo que va de año.

La falta de datos oficiales impide cuantificar el homocausto real

Es la punta del iceberg de la violencia que asola el país que preside Luis Ignacio Lula da Silva. "Brasil tiene un lado color rosa, con travestis y gay parades, y también uno rojo sangre, de tradición machista y homófoba", zanja Mott.

Los 190 asesinatos de 2008, uno cada dos días, supusieron un incremento del 55% respecto al año anterior, lo que llevó al GGB a afirmar que su país era "el campeón mundial de los crímenes homófobos".

Algunos activistas aseguran además que por cada caso denunciado, dos permanecen en la sombra. Ante la falta de datos oficiales las ONG, se limitan a denunciar los casos más flagrantes, como el que destapó recientemente HRW en Irak.

México es otro de los países con mayor número de crímenes por homofobia y tampoco se libra de las citadas dificultades para documentarlos. La cosecretaria general de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA, por sus siglas en inglés), la mexicana Gloria Careaga, cuenta que la "homofobia de Estado" sigue presente en su país, pese a que el movimiento LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) "logró desterrar la penalización de la condición homosexual del Código Penal Federal".

En agosto, la Asamblea Legislativa agregó los crímenes de odio a los delitos de homicidio y lesiones, gracias a la presión de la Comisión Ciudadana contra Crímenes por Homofobia y del movimiento LGBT. Pese a ello, Careaga denuncia la inhibición del estado hacia la promoción de un cambio cultural "que modifique los estereotipos con que está cargada la sexualidad". Las 337 víctimas mortales documentadas de 1995 a 2004 en México dan cuenta de la penosa situación de este colectivo.

Una de las características a nivel mundial de los ataques homófobos es la vulnerabilidad de los transexuales. Una persona transexual es asesinada cada tres días en el mundo, según la ONG Transgender Europe y la revista Liminalis. Lo que se traduce en 204 víctimas en el último año y medio (una de ellas, en Aldaia, Valencia).

El objetivo prioritario de los agresores, que no suelen responder a un perfil concreto, sigue siendo el transexual. La investigadora Vanessa Baird lo achaca a que muchos "se dedican a la prostitución en plena calle, exponiéndose a los ataques de la Policía o las bandas".

La ONU aprobó en diciembre de 2008 una declaración contra la homofobia y la discriminación por orientación sexual, con el apoyo de 66 de sus estados miembros, y el rechazo de algunos países de la Liga Árabe y el Vaticano.

Sin embargo, según un diplomático español en Naciones Unidas, la organización internacional "no emite informes específicos sobre homofobia por petición expresa de algunos países miembros, como Egipto, que lo verían como una imposición de los valores occidentales". Son motivos religiosos o culturales que sirven de escollo a muchos gobiernos para no respetar el principio de libertad e igualdad de las personas establecido en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948.

En las antípodas de esta inhibición, se encuentra Gran Bretaña, el mejor ejemplo del continente europeo en lo relativo a la persecución y registro de la homofobia. Desde 2003, el asesinato o agresión de un homosexual, por el hecho de serlo, se castiga específicamente. En 2007, el ejecutivo británico aprobó una reforma del Código Penal por la que incitar al odio contra una persona por su orientación sexual se castiga con hasta siete años de prisión.

En los últimos 12 meses, se produjeron 1.123 incidentes homófobos en el área metropolitana de Londres, un 13% más que durante al periodo anterior, informa Íñigo Saenz de Ugarte. Esta elevada cifra, en un país donde la homosexualidad se acepta con normalidad y se castiga su persecución, es indicativa de las agresiones que podrían permanecer en la sombra en países donde no se legisla contra la homofobia.

Un informe reciente sobre homofobia de la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales (FRA) atribuye parte de la falta de datos a los reparos del colectivo homosexual a denunciar.

En muchos casos, a las víctimas les pesa el estigma social. En otros, la falta de conocimiento sobre dónde y cómo hacerlo funciona como inhibidor. También hay casos de personas que temen el mal trato que ya han recibido de la Policía en el pasado. En última instancia, se apunta el perfil de víctima recurrente que ya "no se molesta" en denunciar.

Esta es otra de las paradojas de la homofobia: se da en países donde el colectivo está socialmente aceptado por la mayoría. En palabras del director del Programa LGBT de Human Rights Watch (HRW), Scott Long, "la visibilidad engendra violencia. Es la otra cara de las victorias políticas y el progreso social". Al mismo tiempo que aumenta el número de desfiles por el Día del Orgullo Gay más de 150 al año en el mundo, crece el número de asesinatos en países como Brasil. "Los homófobos se vuelven más violentos para impedir nuestra visibilidad", zanja el brasileño Luiz Mott.