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La violencia pone en la cuerda floja la salud mental de los jóvenes afganos

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Dos de cada diez adolescentes afganos son propensos a desarrollar enfermedades psiquiátricas en el futuro, debido al alto nivel de violencia al que se exponen involuntariamente en su día a día, según un estudio que publica hoy la revista médica británica "The Lancet".

Esta es la principal conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores de la Universidad de Durham (Reino Unido), quienes, tras evaluar la salud mental de un millar de jóvenes en Afganistán, asegura que un 22 por ciento de los mismos reúne los requisitos necesarios para desarrollar una enfermedad psiquiátrica, una probabilidad que se duplica en el caso de las mujeres.

Hasta ahora, varios estudios han demostrado que la convivencia con el sonido de las bombas y de las balas está minando la salud mental de los habitantes del país asiático, pero no existen evidencias claras sobre cómo la violencia convertida en modo de vida afecta a los más pequeños.

Para tratar de comprenderlo, un grupo de expertos de la citada universidad británica ha entrevistado a un millar de menores de entre 11 y 16 años, residentes en Kabul y en las ciudades norteñas de Bamyan y Mazar-i-Sharif, zonas que registran un importante grado de violencia en sus calles.

Asimismo, evaluaron el estado de salud de 1.011 cuidadoras y 358 profesores de veinticinco escuelas repartidas por el país.

Los investigadores aseguran que, si bien las niñas son más vulnerables que los niños, existe un factor determinante a tener en cuenta: el número de experiencias traumáticas a las que se ha visto sometido cada menor.

De este modo, aquellos jóvenes que han soportado, al menos, cinco experiencias traumáticas son 2,5 veces más propensos a padecer algún tipo de desorden mental en su vida adulta y la probabilidad de que desarrollen síntomas de estrés postraumático se triplica.

Ante esta situación, los autores valoran que el Gobierno haya reconocido la necesidad de prevenir el aumento de las enfermedades mentales, aunque lamentan que estas buenas intenciones no se pueden poner en práctica "por la falta de profesionales, las dificultades del propio sistema sanitario y la falta de programas específicos para el cuidado de los niños".

En el caso de cuidadoras y profesores, los investigadores han comprobado que su propensión a los trastornos mentales está directamente relacionada con el malestar psicológico de los niños de los que se ocupan.

A pesar de todo, el estudio resalta la capacidad de los jóvenes afganos para soportar la violencia, ya que, tras el estrés que genera la situación de conflicto permanente, pueden desarrollar un comportamiento social adecuado y relacionarse con normalidad.

En opinión de los investigadores, en Afganistán se observa "un amplio rango de violencia que abarca desde la resistencia armada hasta los conflictos familiares con situaciones puntuales de tensión que causan un dolor persistente en el tiempo".