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Todos contra la violencia

Tensión en el Ulster. El IRA Auténtico y el de Continuidad amenazan la reconciliación

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Nadie camina por Cupar Way. Por esta arteria de Belfast que separa el barrio protestante de Shankill del católico Falls, sólo circulan vehículos. El entorno intimida al paseante. En una acera, viviendas descuidadas y almacenes en ruinas. En la otra, una pared de hormigón y metal, de ocho metros de altura, serpentea la calle. Se levantó en 1969 para frenar las pedradas y cócteles molotov que se lanzaban vecinos divididos por la política, la cultura, la historia.

Y ahí sigue, cuatro décadas después, la primera línea de la paz, como llaman en Irlanda del Norte a los muros coronados de alambradas que segregan físicamente a sus dos principales comunidades.

En Belfast hay más de 40 muros, la mayoría construidos después del Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que condujo al desarme del IRA y la formación de un Gobierno autonómico. Al otro lado de Cupar Way, en la Falls Road católica y republicana, ha saltado la alarma en torno a un paquete abandonado junto a la sede del partido Sinn Fein. 'Lo hemos hecho explotar, pero ha resultado ser una falsa alarma', explica Gerry Kelly, adjunto al viceministro principal de Belfast, Martin McGuinness.

La amenaza de bomba no parte de paramilitares protestantes, como ocurría en el pasado. Ahora son los renegados del IRA quienes atentan contra los miembros del Sinn Fein.

La situación dio un vuelco el pasado marzo, cuando McGuinness acusó a los responsables de la muerte de dos soldados británicos y de un policía norirlandés de 'traicionar a la isla de Irlanda'. Dos bandas disidentes republicanas, el IRA Auténtico y el IRA de Continuidad, acababan de atribuirse sendos atentados.

'Son grupúsculos, sin una estrategia política ni apoyo popular. Pretenden ser el IRA, pero no lo son. Intentan desestabilizar la estrategia del Sinn Fein y hundir las instituciones políticas. Supongo que también pretenden provocar a los lealistas [paramilitares protestantes]', explica Kelly. 'Pero han fallado de forma espectacular con sus asesinatos. La comunidad se ha alzado contra ellos. No hay espacio para estos minúsculos grupos. Su táctica no va a funcionar', añade.

Su homólogo en el Ejecutivo de Belfast, Jeffrey Donaldson, del Partido Unionista Democrático (DUP), coincide con él y apunta: 'Los violentos no van a ganar. Los atentados han unido a los líderes políticos de ambas comunidades y han reforzado las instituciones. Nadie va a arrastrarnos de vuelta al pasado'.

Donaldson celebra el 'prudente mensaje' hecho público por McGuinness y resalta lo simbólico de la situación: el dirigente del Sinn Fein, el único republicano con cargo institucional en Irlanda, lanzó su dura condena de los disidentes frente a las cámaras de televisión, flanqueado por el jefe de la Policía del Ulster y por el ministro principal de la provincia, el unionista Peter Robinson.

'Fue una declaración muy clara de que Sinn Fein apoya a la Policía, lo cual ayudará a preparar el terreno del progreso político. El grueso del movimiento republicano está comprometido con el proceso democrático y reconoce que la violencia no puede formar parte de nuestro futuro', señala Donaldson.

Quedan aspectos por cumplir del Acuerdo de Viernes Santo; entre ellos, la transferencia de seguridad y justicia al Gobierno autonómico. 'El Acuerdo es una estructura para construir confianza entre partidos ideológicamente opuestos. Y la base de dicha confianza es el consenso y el compromiso. Las decisiones han de tomarse por consenso entre unionistas y republicanos, y como todos somos conscientes de que unos y otros pueden imponer el veto, buscamos el compromiso para solucionar los problemas', explica Kelly.

El resurgir de la violencia republicana no ha dado pie a actos de revancha de radicales protestantes. Y, en las últimas semanas, los paramilitares unionistas se han acogido, por primera vez y cuatro años después del IRA, al proceso oficial de decomiso de armas.

Sus arsenales se están destruyendo bajo la supervisión de la comisión independiente del desarme, adelantándose al plazo dado por el Gobierno británico, que expira este mes de agosto.