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Virginia Ruano y Anabel Medina lucharán por el oro en dobles

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Virginia Ruano y Anabel Medina reivindicaron su parte de protagonismo en el tenis español y, tras sobrevivir al ambiente tremendamente hostil que les persiguió en el Centro Olímpico de Tenis, buscarán su oro, igual que Rafael Nadal en el torneo individual.

El infierno ambiental para las españolas duró dos horas. 120 minutos para acallar al alborotador público que intentó estimular el ánimo de las chinas Zi Yan y Jie Zheng (6-4 y 7-6 (5)).

El gran papel de Virginia Ruano y Anabel Medina prolongó el solvente panorama del dobles femenino. Las campeonas de Roland Garros, que disputarán la final olímpica ante las hermanas Venus y Serena Williams, alimentan la cosecha de premios del tenis español en unos Juegos. Especialmente por parejas.

Desde la edición de Seúl 1988, cuando el deporte de la raqueta regresó oficialmente al programa olímpico -cuatro años antes, en Los Ángeles, fue de demostración-, la modalidad de dobles española siempre ha brillado en el cuadro de honor.

En la sede coreana fueron plata Sergio Casal y Emilio Sánchez Vicario en dobles masculino. Cuatro años más tarde, en Barcelona, Conchita Martínez y Arantxa Sánchez Vicario fueron plata y en Atlanta bronce. En Sydney 2000, Alex Corretja y Albert Costa subieron al tercer cajón del podio. Y en la última edición, en Atenas, fue Conchita Martínez junto a Virginia Ruano la que perdieron la final olímpica y se colgaron la plata.

Sin embargo, en manos de Virginia y Anabel está la ocasión de alcanzar, por primera vez, el oro.

Mucho ha tenido que ver en ello la veterana tenista madrileña. La búsqueda del oro es casi una obsesión. Sin duda, una espina clavada después de la final que perdió ante otro dueto chino Li y Sun, en la capital helena.

Ocho títulos del Grand Slam, entre ellos cinco Roland Garros, dos Abiertos de Estados Unidos y un Abierto de Australia, se incluyen entre los 41 éxitos que resumen la trayectoria de Virginia Ruano, que llegó a Pekín con 35 años.

Formó parte de una de las parejas más sólidas del circuito junto a la argentina Paola Suárez, con la que empezó a tomar gusto a la modalidad del dobles. Una extraña composición que tuvo un rendimiento único.

Sin la sudamericana permaneció sin un dueto fijo. Logró la plata en Atenas con Conchita Martínez y decidió una última oportunidad para obtener el oro con Anabel Medina, que en Atenas jugó con Arantxa Sánchez Vicario. La unió fue fructífera.