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Bajo el volcán egipcio

Aznar cambia de opinión y ahora prioriza la democracia en el mundo árabe sobre la estabilidad de Occidente

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Bienvenidos al volcán democrático egipcio! José María Aznar ha cambiado oportunamente. Ahora, cuando la cuenta atrás del dictador se hacía evidente, el expresidente del Gobierno ha decidido dar su respaldo. A diez días de la movilización revolucionaria del pueblo egipcio, el pasado 3 de febrero, Aznar nos ponía en guardia. 'El mundo musulmán tiene unas enormes dificultades para adaptarse al mundo moderno, de adaptar parámetros de lo que podemos considerar la modernidad', explicó.

Para, acto seguido, mofarse: 'Lo que está pasando en Egipto y otros países árabes no es simplemente un juego de qué bonito es reclamar más libertad y más democracia, que lo es, o qué justo es reclamar más libertad y más democracia, que lo es. Hay que tener en la cabeza cómo es posible ordenar procesos políticos de modernización del mundo con unas garantías de estabilidad para toda la humanidad y a su vez también para los intereses del mundo occidental'.

Pero hete aquí que anteayer, jueves 10, Aznar reflexionó, inspirado en la ex secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, (¿se acuerdan, aquella que intoxicó con el 'hongo atómico' de Irak en 2002, durante la campaña de propaganda previa a la invasión?), según deja constancia en The Wall Street Journal y llegó a la conclusión de que 'las revueltas que estamos presenciando en Egipto y Túnez, que pueden incluso extenderse a otros países, están llenas de incertidumbres'.

Ahora estas no importan tanto. Aznar ha olvidado 'las garantías de estabilidad' que exigía hace apenas una semana. 'Pero nosotros, en Occidente, debemos mantener nuestros principios esenciales. Los que creemos en la democracia y en la libertad tenemos la obligación de ayudar a ver que los cambios en curso en la región van en la buena dirección. Debemos, por tanto, apoyar a quienes buscan establecer la democracia y libertad en sus países'. Incluso admite que es necesario 'erradicar el prejuicio de que el Islam es incompatible con la democracia', escribe.

Procesos contradictorios

Mubarak se ha ido 'humillado con la cola entre las piernas', exactamente como había dicho que no se debía ir el portavoz del PP en la Comisión de Exteriores, Gustavo de Arístegui, en una entrevista con el corresponsal de TVE, Lorenzo Milà, el 4 de febrero.

Y si así ha sido, se debe a dos procesos contradictorios. A la gran movilización popular inclaudicable, reforzada por la generalización de las huelgas de obreros y funcionarios en todo el país, especialmente en el Canal de Suez, y a la existencia de ese 'piloto del cambio' para la Administración Obama y el Gobierno de Israel que es el vicepresidente Omar Suleimán, cuyas manos están manchadas en la sala de tortura de personas que la Administración Bush le entregó y que más tarde murió o se comprobó que nada tenían que ver con la yihad islámica.

Es el caso de Mamdouh Habib, australiano de origen egipcio detenido por la policía paquistaní a petición de EEUU, torturado y entregado a la CIA, para ser trasladado después a bordo de uno los famosos vuelos clandestinos, a Egipto, para ver si Suleimán era más eficaz en la tarea, peripecia que el propio sobreviviente ha narrado en un libro.

Aznar evoca las movilizaciones árabes como otro 1989, pero la revolución egipcia ha sido un levantamiento propulsado por las políticas económicas y sociales neoliberales y sus efectos miserables sobre un país en el que el 40% de la población posee ingresos de dos dólares diarios. He aquí la levadura que la vigorosa primavera egipcia.