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Walter Van Beirendonck y Dior Homme, del color al blanco y negro

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El modisto belga Walter Van Beirendonck mostró hoy una colección masculina para el invierno 2010 llena de colores y que cuenta ya entre sus fans al cantante de rap Kanye West, el mismo que horas antes aplaudió también las creaciones de Kris Van Assche para Christian Dior Homme.

Los dos colores claves para la temporada masculina del otoño-invierno 2009-2010, el negro y el blanco, sobre todo el primero, fueron en Dior la gran constante, tanto en las pasarelas como entre el público invitado a los desfiles.

Kris Van Assche los combinó entre sí o tomó el negro en exclusiva para conjuntos monocolores de pantalones muy ajustados y americanas cortas y entalladas.

Negros eran también otro tipo de pantalones de la colección Dior, unas prendas anchas, tan anchas que su cinturón dejaba a veces un importante margen que ajustar sobre el cuerpo inevitablemente esbelto de su portador.

El objetivo fue divertirse pero sin olvidar el rigor que exige un corte impecable, actual y natural, en busca de "una elegancia excepcional", un estilo "estricto pero no austero", en el que el movimiento, la armonía y la 'caída' de la ropa son esenciales, explicó el modisto.

De ese planteamiento surgieron siluetas rigurosas, minimalistas, que en ocasiones lucían voluminosos cuellos drapeados, otras algún collar muy masculino, siempre sobre texturas de lujo, como la popelina, cachemira, tweed de lana, cuero o hilo de lana perlada.

Por su parte, el modisto japonés Masatomo siguió conquistando terreno desde el hotel Meurice, donde el ahora también productor de cine gusta convocar a su público.

Abrieron el desfile el actor Ikki Sawamura, en samurái vestido a la antigua, y su colega de reparto Riko Narumi, de 16 años, vestida de colegiala, como en el filme de 'terror-cómico' en preparación "Yamagata Scream", cuyo equipo se prestó con gusto a desfilar vestido de Masatomo.

Los modelos fueron casi todos negros, a veces con algún detalle de color, por ejemplo un lazo blanco en el cuello, o unos botines rojos.

Camisas de tul bordadas con brillos a juego y con guantes de idéntica materia adornaban numerosas creaciones destinadas a la clientela habitual de Masatomo, "constituida esencialmente de actores y de personalidades conocidas", según el texto que acompañaba la presentación y que nadie osaría desmentir.

De hecho, el desfile fue todo él un guiño a los clientes favoritos de Masatomo, los profesionales del séptimo arte, a la ceremonia de los Oscar y al espíritu de los grandes filmes de samuráis, tema de "Yamagata Scream".

Lo que se tradujo en jodhpurs, sarouels, lentejuelas, cremalleras de lujo, pantalones esmoquin con sofisticadas y triplicadas bandas laterales y pieles.

Un chic construido con materias primas ejemplares, con audacias a veces discretas, otras menos, como el ajustado traje pantalón de piel de leopardo trabajado al revés con técnicas que le daban un brillo especial.

Los pantalones de satén o de lentejuelas y cuero hasta por debajo de las rodillas tampoco pasarán desapercibidos en la fiesta donde se luzcan.

Desde otro universo cultural, Walter Van Beirendonck animó la semana de colecciones con colores rotundos: amarillos, naranjas, verdes y rosas chillones, brillos incrustados, y cierto toque "naif", para modelos difíciles de llevar en según qué ocasiones pero muy divertidos de contemplar.

Según contó a Efe Van Bierendock al término de su desfile, la fuente principal de inspiración fue en esta ocasión Nueva Guinea.

De ahí surgieron sus jerséis de vivos colores, con grandes escotes o calados con gruesos dibujos étnicos, sobre camisetas con dibujos muy gráficos en perfecta armonía.

La espiral es uno de los motivos favoritos del modisto que la comparte con el pueblo Papua, que vive en la región de Papúa-Nueva Guinea, junto a las Islas Salomón; son pueblos considerados por el etnocentrismo moderno como los más "primitivos" y atrasados de la Tierra, pero no por antropólogos y conocedores.

Terminada la fiesta que Van Bierendock ofreció esta noche en la galería Polaris, presentaba sus modelos invernales Gareth Pugh, famoso prodigio londinense de colecciones impactantes y todavía más imposibles de llevar que cerro las jornadas masculinas.