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Weber recomienda ajustarse el cinturón

Verdades parciales sobre la burbuja

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Axel Weber es el presidente del banco central alemán, el hombre que por fin Alemania conseguirá poner al frente del BCE en noviembre de 2011, tras los mandatos del holandés Wim Duisenberg y los ocho años que cumplirá en esa fecha el francés Jean-Claude Trichet. Pero Weber ha decidido dar a conocer sus puntos de vista antes de asumir el cargo. Aunque no se ha mordido la lengua durante estos años, nunca como ahora está asumiendo un protagonismo fuera de serie.

En una visita a Nueva York, Weber explicó ante la Foreign Policy Association que la actual política del BCE respecto de Grecia y los países considerados como la 'periferia europea', corporizada en la creación del fondo de estabilización para rescatar eventualmente a países acosados por los mercados financieros, sólo puede ser considerada como una medida de corto plazo.

Zapatero tendrá que convivir con el sucesor de Trichet al menos tres meses

La conferencia breve pero sustanciosa de Weber puede interpretarse como la revalorización crítica que hace Alemania del euro en los diez años que van desde su gestación hasta la Gran Recesión.

Según Weber, 'el principal problema para los países miembros con déficit persistentes en sus cuentas corrientes es que la entrada de capitales no ha sido asignada de manera eficiente. En España e Irlanda el flujo se dirigió hacia mercados inmobiliarios cuyos precios aumentaban rápidamente; en Grecia, dichos flujos financiaron elevados déficits y en Portugal apoyaron el consumo privado. Esta asignación hizo disparar la demanda interior y por culpa de mercados de trabajo inflexibles los salarios se incrementaron más que la productividad. Esto, a su vez, redujo la competitividad de precios de estos países. Y como resultado, las importaciones aumentaron, las exportaciones mermaron y el déficit por cuenta corriente creció aún más'.

¿Cuál es, pues, la salida? 'Un número de reformas estructurales son necesarias para mejorar la competitividad de las empresas locales a través de un incremento de la productividad y el mantenimiento a raya de los costes. Los países deficitarios, asimismo, deben aumentar la flexibilidad de sus mercados laborales y consolidar los presupuestos gubernamentales. Al final, la absorción interior tendrá que volver a un nivel sostenible. Esto puede sonar duro, pero es el ajuste inevitable para las economías que han vivido por encima de sus medios'.

Es decir: Weber nos dice que tendremos que ajustarnos el cinturón durante varios años (deflación). Como dijo Raghuram Rajan, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) con Rodrigo Rato, y profesor en la Universidad de Chicago, países como España 'pueden retornar al status de países en desarrollo si su política conduce a desequilibrios, sin importar cuán desarrolladas son sus instituciones'.

Weber ha contado una parte de la historia. La otra es que el boom en España fue el resultado de que Alemania sufrió en 2000 una burbuja tecnológica y un endeudamiento sin precedentes de empresas y familias. Pero el Gobierno no quiso aplicar estímulos fiscales porque tenía el poder para obligar a Trichet a reducir los tipos de interés, lo que estimuló la burbuja española. Cuando Alemania comenzó a salir del pozo, en 2005, el BCE comenzó a subir los tipos.

Zapatero tendrá que convivir con Weber al menos tres meses y medio hasta las elecciones de marzo de 2012.