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Y después de Díaz Ferrán ¿qué?

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Cuando José María Cuevas anunció su retirada a principios de 2007, próximo a cumplir 72 años, en la CEOE se reabrió el debate sobre si el presidente de la organización debe ser un empresario en ejercicio. El primero, Carlos Ferrer Salat, había accedido al cargo después de batirse el cobre durante mucho tiempo al frente del laboratorio farmacéutico de su familia. Cuevas, en cambio, era un alto funcionario de la patronal, a donde llegó procedente de los sindicatos verticales, apadrinado por el entonces influyente Rodolfo Martín Villa, del que había sido lugarteniente en el SEU. Aunque su currículo incluía la dirección del grupo papelero Sarrió, Cuevas nunca tuvo pedigrí empresarial, a pesar de que, siendo ya presidente de la CEOE, se prestó a dar lustre a varios consejos de administración.

Cuevas era un alto funcionario de la organización sin pedigrí empresarial

Esa relativa desconexión personal del mundo de los negocios le permitía dejar menos flancos al descubierto y explica en parte que fuese capaz de permanecer al frente de la CEOE durante 23 largos años. De ahí que para algunos dirigentes de la organización todavía sea un misterio por qué Cuevas escogió para sucederle precisamente a Gerardo Díaz Ferrán, que por la situación de algunas de sus empresas podía resultar muy vulnerable. El solo hecho de que el futuro de Aerolíneas Argentinas (propiedad suya y de su socio de toda la vida, Gonzalo Pascual) dependiera de los buenos oficios del Gobierno español ante la Administración Kirchner lo convertía en una presa fácil. Sobre todo si José Luis Rodríguez Zapatero optaba por impulsar un proceso de Diálogo Social con la patronal y con los sindicatos y las cosas se torcían, como en efecto sucedió.

Dos años y pico más tarde, la controversia, en el caso de Díaz Ferrán, ya no tiene razón de ser. Empujado por la crisis económica y por una gestión de la que deberá dar cuenta ante los tribunales, su emporio se ha venido abajo igual que si se tratara de un frágil castillo de naipes. La misma Aerolíneas Argentinas, Air Comet, Seguros Mercurio, Marsans e incluso Trapsa (la compañía de autocares que fundó estando en la universidad) han quedado fuera de su control. En consecuencia y muy a su pesar, se ha convertido en un empresario casi sin empresas. Pero, dentro de la CEOE, el debate sin duda va a reverdecer con motivo de la convocatoria anticipada de elecciones que los vicepresidentes forzaron después de pensárserlo bastante. La cita con las urnas será poco antes de las Navidades, y en ella la flor y nata de la patronal deberá decidir si en los siguientes cuatro años quiere tener al frente un Díaz Ferrán, un Cuevas, u otra cosa.