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YPF concreta el primer paso hacia su "reargentinización" con el ingreso de Eskenazi

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La entrada del empresario argentino Eduardo Eskenazi al capital de YPF es apenas el primer paso de la "reargentinización" de la estratégica petrolera, que hace nueve años fue la joya del proceso de privatización en el país suramericano.

La española Repsol, hasta ahora dueña del 99,04 por ciento de YPF, formalizó hoy la venta de un 14,9 por ciento de su filial local a Eskenazi, un ascendente empresario argentino con activos en el sector bancario y de la construcción, quien desembolsó 2.235 millones de dólares.

Pero el dueño del grupo Petersen, de estrechos lazos con el gobierno de Cristina Fernández y el de su antecesor y esposo, Néstor Kirchner, irá por más: tiene una opción de compra de otro 10,1 por ciento de YPF, por 1.515 millones de dólares.

De momento, Repsol seguirá controlando YPF y el español Antonio Brufau retendrá la presidencia, mientras Eskenazi, de 80 años, ocupará una vicepresidencia y su hijo Sebastián será vicepresidente ejecutivo, lo que introducirá "cambios culturales" en la organización, según el economista Pablo Tigani.

"Los españoles están acostumbrados a mandar y desde 2003 (con el inicio del gobierno de Kirchner) eso se ha puesto más difícil. Hablamos de energía. ¿Cree que una empresa extranjera puede influir o decidir la estrategia energética de Argentina? No va a suceder en este momento. Los españoles ya se dieron cuenta", dijo a Efe el especialista en política económica internacional.

Repsol tiene entre sus planes una oferta pública de venta de acciones (OPV) de YPF de aproximadamente un 20 por ciento de su capital, mientras las cuatro mayores provincias argentinas productoras de petróleo también quieren ser parte de la empresa y, aunque de momento no dijeron a qué tajada aspiran, la prensa especula que podría ser de un 10 por ciento.

Las autoridades de Mendoza (oeste), Neuquén (suroeste), Santa Cruz y Chubut (sur) se reunieron en enero con el presidente de Repsol YPF para manifestarle su interés por entrar en la petrolera, para lo cual preparan una oferta formal.

Las cuatro provincias aseguraron que no quieren entrar en YPF para tener decisión en la empresa, sino para "participar de sus ganancias" y "obtener una herramienta" para asegurar las tasas de crecimiento económico del país.

"El futuro de la renta petrolera es la clave. Con el petróleo a 90 dólares el barril, si el mundo sigue creciendo o se producen episodios con expectativa de conflicto geopolítico, tener participación en una petrolera es un buen negocio, para una provincia como para una empresa privada", aseguró Tigani.

YPF es, en varios aspectos, la mayor empresa de Argentina, lo que explica su importancia estratégica para el Gobierno: es el principal inversor en el país, el primer contribuyente al fisco, el mayor productor de hidrocarburos, el primer exportador y uno de los principales empleadores, con una plantilla de 11.696 trabajadores.

Fundada en 1922 por el Estado argentino para comandar el desarrollo de la explotación del petróleo, durante décadas YPF prácticamente dominó la actividad en Argentina, donde compañías como Shell y Esso sólo accedieron a posiciones parciales y minoritarias en el mercado local.

En 1996, Repsol desembarcó en el país con la compra de la petrolera Astra, pero fue la adquisición de YPF, en 1999, la punta de lanza de la expansión de la española en Latinoamérica.

La operación por la que el Estado argentino vendió el 14,99 por ciento de sus acciones en YPF a Repsol recibió no pocas críticas, en medio de sospechas sobre precios de venta menores a la real valuación de la compañía.

Repsol completó la compra de YPF mediante una oferta pública de adquisición de acciones. En total, desembolsó unos 15.000 millones de dólares.

Desde entonces, la petrolera ha dado millonarias ganancias, que muchas veces casi explicaron la mitad de los beneficios globales de Repsol.

Sin embargo, las ganancias se están achicando y en los primeros nueves meses de 2007 totalizaron 937 millones de dólares, con un descenso interanual del 19,7 por ciento.

La crisis energética que estalló en 2004 en Argentina ensombreció el panorama para YPF: comenzaron a circular rumores de estatalización y el gobierno amenazó con retirar concesiones de áreas a las petroleras que no invirtieran lo suficiente para ampliar la oferta de hidrocarburos.

Y mientras Kirchner alentaba los negocios de la nueva "burguesía nacional", el entonces presidente de Repsol YPF, Alfonso Cortina, se animaba a lanzar críticas por la falta de incentivos para el sector y la congelación de los precios de los combustibles, comentarios que no cayeron bien en el Gobierno.