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Zapatero también compite por la reforma laboral

Paisaje después del duelo con Rajoy

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José Luis Rodríguez Zapatero se reservó para su defensa de su proyectada ley de Economía Sostenible en el Congreso, el pasado miércoles, un tema que precisamente brilla por su ausencia en el borrador de la propuesta: la reforma laboral. Que el presidente de Gobierno concedía un valor simbólico a la inclusión de esa reforma en su intervención parlamentaria fue bastante evidente cuando la ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, anticipó en los medios de comunicación que Zapatero tenía previsto abordar ese asunto.

Zapatero ya había arrebatado a la oposición la bandera de reducir el déficit fiscal el pasado verano. El presidente del Gobierno cedió a la presión convergente de la Comisión Europea y los mercados y resolvió dar prioridad, en medio de la ejecución del plan de estímulos fiscales, a la reducción del déficit público mediante la subida de impuestos, una iniciativa que, en una recomendación inédita, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) ha aconsejado aplazar para aventar el riesgo de frenar la recuperación económica.

Ahora, con ocasión del debate sobre la economía sostenible, Zapatero quería recuperar la iniciativa en otro terreno, el de la reforma laboral, rompiendo con un tema tabú. Lo hizo con la negativa por delante de que esa reforma tenga que perseguir el abaratamiento de los costes de despido.

Ha sido el ex ministro Miguel Boyer quien mejor ha racionalizado los pasos de Zapatero a posteriori, expresando estos días su punto de vista personal. El ex ministro se había opuesto hasta ahora a adoptar el arsenal clásico de medidas de la escuela económica austríaca. Es decir, medidas en el lado de la oferta. Creía que esas medidas son útiles para perfeccionar el funcionamiento de los mercados, pero no están indicadas en medio de una profunda retracción de la actividad.

En cambio, la utilización del déficit público como motor mientras el sector privado (empresas, familias y bancos) avanza en su desendeudamiento era, a su modo de ver, la política adecuada. Pero Boyer cree ahora que la recuperación está más cerca y que, por tanto, hay que iniciar el debate sobre la reforma laboral.

Esa era, mira por dónde, la hipótesis de trabajo de Zapatero. De ahí la ansiedad del presidente por avizorar los brotes verdes y la salida de la recesión. Ahora, con un pase de prestidigitación, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, es decir que se ha aprobado el anteproyecto de ley de Economía Sostenible, Zapatero ha empezado a competir con el PP arrebatándole la exclusiva de la reforma laboral, una exclusiva que ha convertido esta semana a Mariano Rajoy en el candidato virtual del empresariado español.

Con todo, justificar el debate sobre la reforma laboral con la proximidad de la salida de la recesión es, como mínimo, prematuro, aún cuando haya algunas señales positivas. Las cifras del paro registrado del mes de noviembre arrojan, si se toman los datos desestacionalizados, por primera vez una caída del desempleo. Pequeña, pero caída de 8.815 personas al fin.

Claro que se trata de un mes y de una estadística, la de paro registrado, sometida a expurgaciones caprichosas. Mejor, sin duda, es el dato inapelable del empleo. La cifra desestacionalizada de afiliaciones a la Seguridad Social en noviembre registra una caída de 27.454. Si se exceptúa el despeñamiento de 161.287 afiliados de noviembre de 2008, en valores desestacionalizados, la media de subida de afiliaciones, en cifras desestacionalizadas, de los meses de noviembre, entre 2001 y 2007, ha sido de 41.000.

Por tanto, el dato desestacionalizado de noviembre de 2009, aun dando una pérdida de afiliaciones, indica que la colosal destrucción de empleo se ha ralentizado. Continuará, sí, pero con menor intensidad, y durante largos meses.

La estrategia del PP ha sido ganarse a la patronal con una propuesta de reforma laboral en blanco, sin definir. Las organizaciones empresariales han captado el mensaje. El pasado miércoles, en la Conferencia Empresarial 2009, criticaron con dureza al Gobierno, por la mañana, ante las narices del ministro de Fomento, José Blanco, y coronaron con aplausos a Rajoy a la hora del almuerzo. Y, ahora, como antes con el déficit fiscal, Zapatero ha entrado en el campo de batalla de la reforma laboral. Los empresarios dicen que para este viaje, el presidente no necesitaba las alforjas que ha venido llevando.