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Zelaya se atrinchera hasta que Lobo asuma el poder

El depuesto presidente hondureño anuncia que permanecerá en la embajada de Brasil al menos hasta el 27 de enero. EEUU muestra su "decepción" por el no del Congreso a su restitución

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'Zelaya acabará su mandato el 27 de enero y entonces decidirá sobre su salida de la embajada. Nosotros seguimos en la lucha'. Carlos Eduardo Reina, su mano derecha, despejó ayer a Público la gran incógnita abierta tras el rechazo del Congreso a la restitución del presidente depuesto.

Pese a que 'los políticos hacen política cada cinco minutos', según reconoce el propio Zelaya, la decisión de mantenerse en la Embajada de Brasil hasta la toma de posesión de Pepe Lobo es firme. El abanico que se abre a partir de ese día no es muy amplio: amnistía, entrega a la Justicia o exilio, una posibilidad que Zelaya se niega a reconocer. La histórica decisión del Congreso comprime cualquier otra opción.

La votación fue abrumadora: 111 diputados confirmaron el decreto del golpe de Estado, frente a 14 que lo denunciaron. De esta forma se cumplía el punto más trascendental del Acuerdo Tegucigalpa-San José, que Zelaya dio por muerto hace semanas.

La reacción que más esperaba el país, tras conocerse el resultado, era la de EEUU, muñidor del acuerdo y que forzó el retiro temporal de Micheletti para dar una imagen de limpieza a las elecciones. 'Estamos decepcionados por esta decisión, esperábamos que el Congreso aprobara su restitución', declaró Arturo Valenzuela, subsecretario de Estado. 'Sin embargo, la decisión fue realizada de manera transparente', dulcificó la crítica.

Mucho más contundente fue Zelaya. 'Este resultado avergüenza a la nación, históricamente serán juzgados'. En un comunicado, repitió parecidos argumentos: 'Hoy, los diputados que están al servicio de las clases dominantes, con esta decisión de ratificar el golpe de Estado, condenan a Honduras a seguir viviendo en la ilegalidad'.

Sólo 14 diputados votan en contra de sancionar el golpe de Estado

La trascendental sesión sólo sirvió para comprobar que los que apoyaron el golpe lo siguen haciendo. Con empacho de parafernalia nacionalista y tras conocerse los informes en contra, los diputados votaron uno a uno, justificando los porqués. Sólo nueve liberales disidentes, cuatro de Unificación Democrática y uno de la Democracia Cristiana rompieron con la doctrina oficial.

Y entre todas las intervenciones, destacó la del liberal Edmundo Orellana, ex canciller y ex ministro de Defensa con Zelaya y doble disidente. Este político dimitió tres días antes del 28-J, en desacuerdo con la consulta sobre la cuarta urna, pero luego atacó duramente al golpe. Y el miércoles se reafirmó en sus posturas, demostrando a un país polarizado que no era necesario estar con Zelaya para condenar el ilegal golpe de Estado.

El PP de Rajoy pide desde hace días que se reconozca el resultado electoral

No sólo Zelaya fue atacado despiadadamente durante la sesión. Los otros enemigos, los medios internacionales, también recibieron su castigo. Acusación repetida por el presidente electo, Pepe Lobo, durante la conversación mantenida con Miguel Ángel Moratinos, ministro español de Exteriores. Lobo sostuvo que las autoridades españolas 'tienen algunos criterios que están fundamentados en informaciones que no son correctas, pero esas cosas se van aclarando y se van explicando', señaló a una emisora.

Moratinos felicitó a Lobo por su victoria, que no sólo le da la presidencia con el mayor número de votos de la historia, sino que también supera a su rival, el Partido Liberal, en 18 puntos (56% contra 38%). Todo apunta a que tendrán mayoría absoluta en el Congreso.

Uno de los primeros en felicitar a Lobo fue Mariano Rajoy, cuyo partido ha pedido al Gobierno español que 'rectifique' y reconozca el resultado. El líder popular ofreció al presidente in pectore la 'ayuda incondicional' de su formación y calificó la 'magnífica victoria electoral' como un 'paso decisivo' para la reconciliación democrática.

Zelaya se niega a considerar el exilio, tras su salida de la sede diplomática

Punto de vista muy distinto al de Zelaya y sus seguidores. 'Me mantengo luchando contra la dictadura y ahora también contra el fraude electoral', sentenció Zelaya. El encargado de dirigir esta batalla es Reina. 'En las 48 horas que llevo en la calle veo a la gente con las manos limpias (se refiere al dedo manchado de tinta, prueba de que se introdujo el voto en la urna). La abstención superó el 60%. Manejamos actas de Choloma, por ejemplo, donde el índice de abstención supera el 64%. Pronto presentaremos todas estas pruebas'. El Tribunal Supremo Electoral prosigue el interminable recuento.