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Zonas azules, o el mito de la eterna juventud

En la mayoría de los países, sólo 10 de cada 100.000 personas logran vivir un siglo

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El término zona azul se hizo muy popular en 2008 a raíz de un libro escrito por el explorador estadounidense Dan Buettner. En él se definen las áreas geográficas donde hay una mayor concentración de habitantes que alcanzan el siglo de vida, algo que, de media en el mundo, sólo logran 10 de cada 10.000 personas.

Sin embargo, en determinados puntos del planeta, la cifra se llega a multiplicar por cinco. Aunque el ejemplo más conocido es el de Okinawa (Japón), existen zonas azules repartidas en varios continentes.

Buettner describió tres de las más conocidas en un reportaje de portada de la revista National Geographic publicado en 2005. Con el título Los secretos de una larga vida, el viajero narraba la vida diaria de los habitantes de Okinawa, los de Sardinia, la región italiana que, precisamente, dio el nombre de zonas azules a estos lugares el demógrafo belga Michel Poulain utilizó este color para marcarla en un mapa y la comunidad de Adventistas del Séptimo Día de Loma Linda (California), récord de esperanza de vida en EEUU.

Poco después, se añadió la península de Nicoya, un enclave paradisiaco de Costa Rica. Además, son zonas azules el valle de Hunza (Pakistán), la región ecuatoriana de Vilcambamba y, en época de la Unión Soviética, la zona de Abkhasia, en la actual Georgia. El éxito del reportaje llevó a Buettner a publicar el libro Zonas azules: lecciones para vivir más de las personas más longevas, que se convirtió en un éxito de ventas.

Aunque ha sido este escritor el que más ha explotado el concepto de zonas azules, la ciencia busca hace años las claves que expliquen el secreto de tan larga supervivencia. El hecho de que los puntos sean tan dispersos hace a algunos científicos cuestionarse que exista un solo secreto para la eterna juventud.

El trabajo del Estudio Centenario de Okinawa de Makoto Suzuki, que comenzó en 1975, es uno de los que pretende resolver esta cuestión. También lo hace un informe de la Universidad de Harvard, el Estudio de Centenarios New England. En su introducción, los autores señalan que aún no hay datos científicos sobre este fenómeno y recuerdan que la persona más longeva de la que se tiene constancia fue la francesa Madame Calment, que vivió 122 años.