Sin menospreciar el resto de barreras técnicas, los expertos parecen haberse puesto de acuerdo en cuál es el principal obstáculo al que se enfrenta el ser humano para emprender largos viajes o estancias fuera de este planeta: el efecto de la radiación cósmica sobre el organismo. Hace dos semanas, un comité del Consejo Nacional de Investigación de EEUU hacía notar que, frente a esta radical limitación, la NASA “no está financiando los experimentos adecuados”. Mientras, Rusia parece haber encontrado su fórmula, que sin duda levantará controversia. Según informa la BBC, el Gobierno ruso planea rescatar la costumbre de emplear como sufridos conejillos de indias a los cosmonautas que menos protestan: los animales; más concretamente, monos.
Situado en la región de Krasnodar Krai, bordeando el Mar Negro, el Instituto Sochi de Primatología Médica es un centro de referencia ruso en experimentación con primates no humanos, y ya en la extinta URSS trabajó en la preparación de monos para el programa espacial. Durante los dos próximos años, el instituto seleccionará a los 40 macacos más aptos, que serán enviados al Instituto de Problemas Biomédicos en Moscú –organismo especializado en medicina aerospacial– con vistas a una eventual misión a Marte, que en ningún caso se contempla antes de 10 años.
Según el director del centro Sochi, Boris Lapin, “las personas y los monos son prácticamente igual de sensibles a grandes y pequeñas dosis de radiación, así que es mejor experimentar con macacos que con perros u otros animales”. Además del efecto de los rayos cósmicos, el programa examinará el impacto sobre la salud de los monos de otros factores como la ingravidez, el aislamiento y una dieta especialmente concebida, compuesta por zumos y purés.
El instituto encargado de la selección cuenta con su propio programa de cría de animales, por lo que éstos no serán capturados del medio natural.
Una de las estrellas del centro es Krosh, un veterano que ya participó en una misión espacial de diez días al espacio a finales de 1992, cinco años antes de que la sequía de fondos obligase al Gobierno ruso a cancelar esta línea. Los 16 años de Krosh equivalen a 60 humanos, según la investigadora del centro Anaida Shaginyan, pero “es muy activo, responde bien a la comida y es agresivo con sus parejas femeninas”, lo que implica una buena salud sexual. De hecho, tuvo descendencia después de su debut espacial, y no es descartable que alguno de sus hijos se convirtiera en el primer macaco cosmonauta de segunda generación.
Sacrificio polémico
De forma inmediata a su difusión, los planes del Gobierno ruso ya han suscitado la polémica. Aunque el uso de mamíferos superiores para experimentación continúa siendo una práctica habitual, su desaparición de los programas espaciales parecía haber dado carpetazo a un capítulo que ahora parece abrirse de nuevo. La investigadora Shaginyan explica: “Ciertamente, lo siento por los monos, pueden morir, pero los experimentos son necesarios para preservar las vidas de los cosmonautas que volarán a Marte en el futuro”.
No es de la misma opinión el representante de la organización ecologista World Wildlife Fund (WWF), Andrei Zbarsky, quien señala que “la humanidad sacrifica cada año más de 100 millones de animales en nombre de la belleza y la salud; ya es hora de pensar en una alternativa a la experimentación con animales”. El portavoz de WWF recuerda la historia de la perrita Laika, lanzada a la órbita terrestre por los soviéticos en 1957; “hoy no es ningún secreto que la perra murió de estrés nervioso inmediatamente después del lanzamiento del cohete y que su cuerpo muerto giró en órbita durante dos semanas”, subraya Zbarsky.
En total, 12 macacos han volado al espacio en misiones soviéticas o rusas del proyecto Bion. Los primeros fueron Abrek y Bion en 1983, y los últimos, Lapik y Multik, en 1997. Francia ha enviado dos macacos al espacio, mientras que EEUU empleó entre 1948 y 1985 a una veintena de monos, la mayoría macacos, pero también chimpancés como Ham y Enos.
Los planes del Gobierno ruso de enviar macacos a Marte se han difundido coincidiendo con el deseo, manifestado por el presidente Putin, de relanzar su programa espacial. El pasado viernes, víspera del Día del Cosmonauta –fecha que marca el aniversario del vuelo pionero de Yuri Gagarin–, Putin declaraba ante el Consejo de Seguridad de su país: “Ahora tenemos la oportunidad real para pasar de explotar y apoyar el previo –a menudo soviético– ‘capital espacial’ a emprender nuevos y ambiciosos proyectos”.
El gesto más notorio será la construcción de un nuevo centro de lanzamiento en el este de Rusia. La base de Vostochny asumirá todas las misiones tripuladas en 2020, lo que evitará al Gobierno ruso seguir dependiendo del cosmódromo de Baikonur, antes en la Unión Soviética, pero hoy en la república independiente de Kazajistán. Vostochny proporcionará a Rusia, según Putin, “un acceso garantizado al espacio”.
El presidente ruso mencionó otros proyectos en los ámbitos militar, civil y científico. Entre ellos se cuenta el sistema de navegación por satélite GLONASS. Putin declaró además que el próximo mes de julio propondrá en París a los socios europeos de la Estación Espacial que la vida útil de esta instalación se prolongue cinco años hasta 2020, para compensar los retrasos en la construcción del segmento ruso.
Podrían, antes de enviar a los monos, bombardear el planeta rojo con armas nucleares. De esta manera derretirían el agua y podrían sembrar algún tipo de alga o planta que pueda desprender el oxígeno del agua e ir modificando la atmósfera del planeta. Asi los simios tal vez tengan una oportunidad de sobrevivir y no enviarlos a una muerte asegurada. De paso pueden encontrar una utilidad mas interesante para estas armas.
En cierto sentido es más moral hacerlo con chimpancés. Al menos ellos, con un largo entrenamiento previo, pueden llegar a comprender que finalmente volverán al punto de partida aunque sea después de varios meses. Un macaco no tiene manera de imaginarlo. ¿Cómo pueden evitar el pánico sin esa comprensión? Hay seres humanos que se prestarían voluntarios para una misión de prueba, a cambio de un buen dinero y la oportunidad de ser el primero en vislumbrar la superficie marciana en persona. Y ellos pueden consentirlo. Es innecesario y cruel experimentar con animales.
Gracias por no publicar mi anterior comentario, eso significa que he dado en el clavo. Y por cierto, todos se acordaron de la perrita Laika hace unos días, pero NADIE recordó que el 12 de abril de 1961, el primer ser humano salió al espacio. Gagarin, se llamaba el mono desnudo. Pero ese no sirve para dar lástima ni merece ser recordado, al parecer.
Quizás deberíamos dejarles colonizar alguno de esos planetas con posibilidades de albergar vida. Lo mismo crean una sociedad sin explotación ni esclavismo; sin bombas nucleares, ni de las otras ni de las de más allá; respetando el medio ambiente; sin tantos ánimos de acumular riqueza, poder... Lo mismo es una segunda oportunidad para que los homínidos puedan crear una sociedad justa y duradera. Suerte.
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