Vacaciones radiactivas
Miles de turistas visitan la zona prohibida cada año
Desde el último piso del Hotel Polissia se contempla una vista panorámica de la ciudad abandonada de PrÃpiat. M. A.
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"Por favor, sacúdanse los pies antes de subir al autobús para no meter partÃculas radiactivas en el interior", grita el director de la agencia SoloEast Travel, Sergei Ivanchuk, a sus clientes en la zona de exclusión de Chernóbil. No son bichos raros. En los últimos años, los viajes organizados a la planta nuclear ucraniana se han multiplicado. Según Ivanchuk, entre 3.000 y 5.000 turistas visitan el trágicamente famoso reactor 4 cada año.
El periplo dista mucho de ser un sentido homenaje a las vÃctimas del peor desastre nuclear de la historia. Chernóbil parece, 22 años después del accidente, un parque de atracciones más que un espacio para el duelo y la reflexión. La estrella del tour es la impresionante ciudad fantasma de PrÃpiat, fundada en la década de 1970 para acoger a los trabajadores de la central nuclear y hoy absolutamente abandonada. El paseo por la urbe es apocalÃptico, entre cristales rotos y ejemplares del 26 de abril de 1986 del diario soviético Pravda. Los turistas, armados con cámaras de vÃdeo y fotografÃa, contemplan la noria de PrÃpiat, cuya inauguración estaba prevista cinco dÃas después de la explosión; la vista desde la última planta del céntrico Hotel Polissia, invadido por los escombros; y el polideportivo, cuya vacÃa piscina olÃmpica pone los pelos de punta. Desde los balcones de las viviendas desiertas es inevitable imaginar a los 40.000 habitantes de PrÃpiat la noche del accidente, encaramados a sus ventanas para ver las llamas procedentes del reactor. Aquella noche todavÃa ignoraban la magnitud del desastre, ocultada por el Partido Comunista de la Unión Soviética, entonces dirigido por MijaÃl Gorbachov.
Evitar Chernóbil
El Ministerio de Asuntos Exteriores español recomienda a los viajeros en Ucrania evitar las "zonas de riesgo", como Chernóbil, Rovno y Ghmelnisky, las ciudades que acogen las principales plantas nucleares del paÃs. Sin embargo, la radiación es, precisamente, una de las grandes atracciones del viaje. En todo momento, los turistas están atentos al pi pi pi del dosÃmetro de Ivanchuk, para fotografiarse con el aparato en el pico de mayor radiación. Teóricamente, a pesar de estar sometidos a una dosis en ocasiones 20 veces por encima de los niveles normales, los turistas no reciben una radiación mayor que en un paseo por la montaña o en el trayecto de avión desde su ciudad de origen hasta Kiev. Los voyeurs de Chernóbil reciben una dosis que varÃa entre 5 y 8 microsieverts al dÃa, mientras que en un vuelo a 10 kilómetros de altura se perciben 5 microsieverts a la hora. Y un paciente que se haga una radiografÃa en un hospital recibirá entre 1.000 y 10.000 microsieverts en apenas unos segundos.
Para el radioecólogo ucraniano Sergei Gaschak, el problema no es la contaminación radiactiva, sino los moribundos esqueletos de hormigón de PrÃpiat. "Hay muchos edificios semidestruidos, agujeros escondidos en el suelo y un largo etcétera. PrÃpiat y las aldeas abandonadas no son lugares seguros ni parques de atracciones. Han ido destruyéndose de manera natural, gradualmente, dÃa a dÃa. Nadie puede garantizar al visitante que un edificio no se le derrumbará sobre la cabeza cuando esté dentro", explica. A juicio de Gaschak, del Laboratorio Internacional de RadioecologÃa de Chernóbil, el incipiente turismo en la zona de exclusión es "un negocio un poco salvaje, basado en el principio de conseguir dinero hasta que sea imposible".
Las palabras del guÃa turÃstico a su grupo al llegar a PrÃpiat confirman la impresión del radioecólogo: "Las normas de seguridad dicen que no les deje entrar en los edificios, pero sé que han venido a ver dos cosas, el interior de las casas y la radiación, asà que sÃganme".
Tras la excursión por PrÃpiat, los grupos de turistas se dirigen a Rossokha, el cementerio de máquinas radiactivas en el que se acumulan los centenares de camiones de bomberos, helicópteros y camiones militares utilizados en la batalla contra el fuego en el reactor. Hoy, un puñado de soldados vigila los vestigios de la catástrofe, a punto de ser devorados por la maleza.
El recorrido finaliza en el Bosque Rojo, el nombre dado a los pinos más próximos a la planta nuclear, que fueron estofados por la nube radiactiva, 30 veces más potente que la producida por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki juntas, hasta quedar de un color marrón rojizo. El guÃa siempre hace el mismo chiste mientras el pi pi pi de su contador Geiger se vuelve insoportable: "Háganme caso, no vengan al bosque con sus amigos a hacer un pÃcnic".
Hace 20 años, los periodistas occidentales y los agentes secretos de medio mundo se devanaban los sesos para burlar la seguridad soviética y entrar en la zona prohibida. Hoy, sólo es necesario comprar un billete de avión a Kiev y reservar unos 100 euros para adquirir una plaza en un tour al reactor 4 de Chernóbil. En 2004, una supuesta motorista ucraniana, Elena Filatova, contó al mundo a través de su web, www.kiddofspeed.com, que habÃa conseguido colarse en el área de exclusión de la central. Sus fotografÃas dieron la vuelta al planeta y sirvieron para resucitar una catástrofe olvidada. Sin embargo, la hazaña de Filatova no fue tal. El perÃmetro de la central está custodiado por las fuerzas de seguridad ucranianas y es imposible eludir la vigilancia. La turista patrañera, simplemente, compró una entrada.
4 Comentarios
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¿Tanto miedo a la energÃa nuclear...? Recordemos que la central tenÃa cuatro reactores y uno de ellos, por una maniobra mal llevada y probablemente por carencia de más seguridades, entro en fase crÃtica y fundió el núcleo rompiendose el blindaje y saliendo productos radiactivos. Recordemos que los otros tres grupos siguieron funcionando bastantes años hasta su parada. Pensemos que la tecnologÃa actual permite trabajar a estas centrales con total seguridad y peor puede ser el seguir emitiendo CO2 a la atmósfera.
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SÃ, pero hay muchas otras energÃas LIMPIAS que no producen residuos, no contaminan en caso de accidente y que tampoco emiten CO2.
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Todas las energÃas producen residuos. Las eólicas producen CO2. De hecho, la nuclear es la que menos CO2 produce.
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Que sirva de experiencia,el hombre no puede ir más de lo que no se puede conocer poniendo en risego las vidas y el medio ambiente.

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