K H., una mujer de 60 años cuya identidad no ha trascendido, lleva toda su vida sin ser capaz de reconocer la mayoría de las voces que escucha, ni siquiera la de alguien tan cercano como su propia hija. Durante muchos años evitó atender el teléfono, salvo las llamadas pactadas a una hora concreta para saber quién quería hablar con ella, y llegó a utilizar un nombre distinto en su trabajo y su familia para discernir si una llamada procedía del ámbito laboral o el personal.
Un día K. H., leyó en una revista científica un artículo sobre la prosopagnosia, una patología que impide reconocer las caras, y pensó que lo suyo era similar, sólo que afectaba a su sentido auditivo. Esta publicación le puso en contacto con el especialista Brad Duchaine, del University College de Londres, que acaba de describir el caso de K. H. en la revista Neuropsychologia como el primero congénito de fonagnosia del mundo. Hasta ahora, todos los casos documentados de esta enfermedad estaban provocados por lesiones cerebrales e ictus, pero el caso de K. H. demuestra que puede haber más personas que sufren desde el nacimiento esta discapacidad.
"No tenemos ni idea de cuántas personas pueden padecer esta enfermedad en el mundo, aunque sospechamos que debe haber más gente con déficits de reconocimiento de voz", explica a Público Duchaine, que señala que esta dolencia puede estar provocada por una falta de desarrollo de determinadas áreas cerebrales, aunque se desconoce la causa, ya que en el caso de esta mujer no existen antecedentes familiares.
A su juicio, con la fonagnosia, descrita por primera vez en 1982, puede ocurrir algo similar que con la incapacidad para reconocer caras, o prosopagnosia: "Hace quince años los problemas de reconocimiento facial eran muy raros, pero ahora creemos que el 1-2% padece estas dificultades", agrega Duchaine, que dice ser el especialista que más casos de prosopagnosia ha analizado, unos 150. Sólo la voz de Sean Connery.
Tras ponerse en contacto con el equipo de Duchaine, K. H, fue sometida, junto con un grupo de voluntarios, a una serie de pruebas, entre ellas una para determinar si era capaz de reconocer voces de personajes conocidos. Así, mientras que casi todos los demás identificaron sin problemas las voces de Margaret Thatcher, David Beckham o Sean Connery, entre otros, K. H. sólo fue capaz de identificar a este último.
Por lo demás, la paciente fue capaz de identificar sin problemas los estados de ánimo de quienes hablaban y también las distintas melodías que escuchó en las pruebas. Una resonancia magnética no descubrió en K. H. daños en la región relacionada con la audición. A juicio de Duchaine y sus colaboradores, de este caso se deduce que el reconocimiento de la identidad del orador depende de un mecanismo neuronal diferente que el utilizado para captar el resto de la información de la voz.
Tanto la fonagnosia como la prosopagnosia se engloban en un tipo de dolencias -las agnosias- que afectan también a otros campos de la percepción. Una más conocida es la amusia congénita, la imposibilidad de reconocer melodías. Según Marisa Barquero, especialista del Servicio de Neurología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, "si está demostrado que existe un defecto congénito para la percepción de la música, tiene que existir también para la entonación y las voces". A su juicio, este tipo de problemas surgen cuando las áreas auditivas del cerebro funcionan correctamente, pero "se conectan mal con las áreas asociativas".
Para esta especialista, el problema que representan para los médicos estos casos que tanto llaman la atención "es que son motivo infrecuente de queja" por parte de los pacientes. Esto se debe a que, en su mayoría, no sufren las formas congénitas de estas dolencias, sino que las padecen como consecuencia de una lesión que puede llevar aparejadas discapacidades más graves. "La gente que después de una lesión cerebral deja de identificar las voces, se queja poco porque les molesta mucho más sufrir una hemiplejia, por ejemplo", concluye.
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