Dentro de 50 ó 100 años, las fotos familiares impresas habrán amarilleado y los libros en papel estarán ajados, pero podrán verse y leerse. Sin embargo, sus versiones digitales, probablemente, se hayan perdido para siempre. Al menos ese es el temor de algunos informáticos y archivistas que avisan de que, de no tomarse medidas, buena parte de la cultura actual no estará disponible para las generaciones futuras.
Hoy, todo el conocimiento humano está en formato digital o en camino de la digitalización. "La gente cree que, al ser cadenas de ceros y unos, mientras podamos mantener una copia íntegra de cada cadena, la información digital vivirá para siempre", cuenta el profesor de Informática y Biblioteconomía de la Universidad de Illinois (EEUU), Jerome McDonough. "Pero de lo que se trata es de conservar no los datos sino la capacidad de poder acceder a ellos", alerta.
"Quien lleve 20 años usando ordenadores sabe a qué me refiero", dice. Programas como el procesador de textos Wordstar , que fue el rey de la ofimática en la década de los años ochenta, o la primera versión del sistema operativo MS-DOS y los disquetes de ocho pulgadas han sido la base de una gran cantidad de información que, en la actualidad, está al alcance de muy pocos. "Contrariamente a la creencia popular, los datos electrónicos son más efímeros que los libros, los periódicos o las obras plásticas", comenta McDonough.
Si se tiene en cuenta que, según los últimos cálculos, hay 369 exabytes (un exabyte es un megabyte seguido de 15 ceros) de información de todo tipo (correos electrónicos, mp3, fotos...), se puede entender a McDonough cuando dice que "si no somos capaces de mantener la información de hoy viva para las futuras generaciones, perderemos una gran parte de nuestra cultura".

La obsolescencia del soporte en el que se guardaron los datos ha provocado, por ejemplo, que parte de los recogidos por la nave Viking en Marte en 1976 se hayan perdido para siempre. La cinta magnética, usada para guardar copias de seguridad de la gran mayoría de los grandes ordenadores hasta hace unos años se degrada en una década.
También la dependencia de una tecnología concreta agrava el problema. Un ejemplo es el censo de EEUU de 1960. Se realizó con un tipo de máquina de la que solo quedan dos: una en Japón y otra en un museo.
Pero el problema más importante es el formato. Muchos datos se escribieron usando programas que ya no existen y en formatos que ya no se usan. En buena parte de esos casos, se trata de tecnologías de empresas que desaparecieron o que jubilaron aquellos sistemas por nuevas versiones incompatibles con la anterior.
Por eso, este profesor apuesta por el software libre y los formatos abiertos como medio de asegurarse la recuperación de la información en el futuro. "Nuestra capacidad para interpretar la información digital se agranda si contamos con las documentación técnica y las especificaciones de cómo fueron escritos originalmente los datos", explica McDonough.
El caso de Google y su plan de digitalización de toda la cultura también preocupa a McDonough. Pero en este caso no se trata tanto del formato de las imágenes, que es abierto, sino del carácter empresarial de Google. "La gran amenaza a largo plazo para los datos en sus manos es la viabilidad misma de la compañía del buscador. Aunque las grandes empresas pueden existir durante mucho tiempo, nada garantiza que Google siga ahí dentro de un siglo".
El problema de una edad digital oscura no es sólo de las grandes empresas y la cultura en mayúsculas. También afectará a los individuos. En la actualidad, la cantidad de datos personales y familiares nacidos y guardados digitales es aún pequeño. "Pero eso ya no será más así", advierte este profesor.
"Mis padres me dieron una foto que ellos tenían de mi tatarabuelo. ¿Podrán nuestros tataranietos ser capaces de saber cómo éramos nosotros, qué hicimos o cómo vivimos?", se pregunta McDonough. Para él, "las cartas familiares, correos, fotografías, el poema escrito a aquella chica en el instituto, todos los trazos digitales de la vida están en peligro como nunca antes".
Estoy de acuerdo con el autor 100%, y voy a poner un ejemplo simple del todo, el papel baritado se ha comprobado que puede durar hasta 100 años, una foto con ese papel simplemente se podría recuperar porque no se ha deteriorado y es accesible. Sin embargo todos los formatos RAW (negativo digital) actuales de las cámaras están protegidos y encriptados, si no podemos a día de hoy acceder de forma abierta a esta información, ¿Lo vamos ha hacer dentro de 50 años?, agravado por el monocultivo de M$ y otras compañias que generan incompatibilidades dentro de sus propios programas. O adoptamos formatos abiertos o la mayor parte simplemente se perderá, o es que como alguien comentó depende de la importancia, ¿acaso no eran importantes los datos de la nave Viking?
En mi modesta opinión, me parece exagerada la preocupación manifestada por el autor. Si Google y otras organizaciones se han esforzado por digitalizar buena parte de los clásicos y otras publicaciones relevantes, lo más probable es que de llegar ellas a decaer víctimas del tiempo o la avaricia, aparecerán otras organizaciones que lo tendrán incluso más fácil para convertir a nuevos formatos los contenidos relevantes de nuestra cultura.
También debemos considerar que gran parte de contenido digital no tiene mayor valor cultural. Tenía un profesor que decía, “yo borro cualquier cosa que tenga en mi ordenador sin tocar por más de seis (6) meses pues es seguro que no me sirve para nada y lo único que hace es ocupar espacio”. Entonces esa afirmación me pareció algo drástica pero no está muy lejos de ser cierta. Por tanto no deberíamos preocuparnos por la suerte de todos los contenidos digitales.
Cualquier cosa que sea importante es seguro que más de una persona u organización se preocupará por preservarla. Siempre han existido escribas y copistas, son profesiones antiguas. http://es.wikipedia.org/wiki/Copista
Con respecto a la dificultad de acceder los contenidos digitales versus los libros o material impreso el autor parece olvidar que los últimos históricamente nunca han estado al alcance de todos, además de raros, eran piezas costosas y celosamente guardadas en bibliotecas poco o nada accesibles y sólo para el consumo de una elite, la que sabía leer. Por lo demás muchos ejemplares se perdieron para siempre victimas de la humedad, el tiempo o el fuego. Podemos mencionar el incendio de la de la Biblioteca de Alejandría o más recientemente, el saqueo del Museo de Bagdad. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=52081
La humanidad ha sido capaz de descifrar viejos códices totalmente obscuros como “El Lineal B” http://es.wikipedia.org/wiki/Lineal_B ¿qué nos indica que en el futuro no existirán dispositivos desde donde generaciones futuras podrán acceder a información digital hecha hace siglos o milenios por nosotros.
Si debemos preocuparnos por algo hoy, es por garantizar el libre acceso a la cultura y por el uso de formatos digitales abiertos. Si aseguramos eso, nuestra memoria está garantizada por los siglos de los siglos.
Saludos.
Esta me parece una noticia como para una novela de ciencia ficción en la cual un monopolio informático se traga todos los datos del mundo y la gente queda sin memoria, sin ciencia, sin arte, a no ser que disponga de enormes cantidades de dinero y eso para recuperar sólo una parte irrisoria de la cultura humana echada a perder por este monopolio al que importa sólo ganar.
El problema es el soporte y el programa en que está escrito... ¿Que podemos encontrar lectores antiguos y programas obsoletos que lean la información? Sí. El problema es ¿de todo? ¿Todo lo que ahora digitalizamos estará disponible en cien años?¿Habrá fondos y voluntad política? Porque ahora mismo cuesta una pasta digitalizar, por ejemplo, libros (y si no, que se lo digan a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
No tiene absolutamente nada que ver el deterioro del soporte con la obsolescencia de los formatos digitales.
Cuando el soporte se deteriora, hay una perdida de información.
Cuando un formato cae en desuso y desaparece el soporte NO se ha perdido ninguna información, solo que es más dificil acceder a ella, pero la información sigue ahí. Alguien puede escribir un programa, contratar a alguien para que lo escriba o conseguir una antigua copia del programa, para abrirlo.
En cualquier caso, para hacer las cosas más fáciles, es muy importante usar formatos abiertos y apoyar el software libre. Si dentro de 50 años SVG, ODF, o OGG dejan de ser soportados por los principales sitemas operativos, no será dificil que alguien resuelva el problema de una de las siguientes formas:
a) Que adapte el código fuente de las viejas librerias que lo soportan para el nuevo sistema operativo.
b) Que alguien reimplemente la libreria/programa a partir de las especificaciones.
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