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2012, un año de descargas

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David Maeztu
Abogado especializado en propiedad intelectual en Internet

Comenzó 2012 con la resaca  provocada con la aprobación, durante el segundo consejo de ministros de Rajoy, del Reglamento de desarrollo de la conocida como Ley Sinde. El texto, aprobado el 30 de diciembre, suponía completar en los aspectos principales los fundamentos para la puesta en marcha de un mecanismo que, por la tenacidad con que la industria y los responsables del Ministerio de Cultura, parecía iba a solucionar todos los problemas del cine y la música en España.

El cometido principal de este Reglamento era la composición y funcionamiento de la Sección Segunda, órgano administrativo encargado de velar por el respeto de los derechos de propiedad intelectual en Internet. El Reglamento establecía una 'vacatio legis' de 3 meses por lo que parecía que, al menos hasta el 1 de marzo, las aguas permanecerían tranquilas en el panorama de las descargas. A pesar de ello, los efectos de su aprobación empezaron a notarse con el cierre de algunas páginas de enlaces ante el temor de la posible actuación de la Sección Segunda, antes incluso de esa fecha.

Lo que ha sucedido después con la Sección Segunda ha sido despropósito tras despropósito, jurídicamente hablando. Hasta el mes de agosto, prácticamente, no se han tramitado procedimiento, casi todos los tramitados han terminado caducando por transcurso del plazo. Además, las páginas afectadas no han visto su actividad alterada ya que los requerimientos de retirada han sido limitados. Todo ello por no hablar de la manifiesta ilegalidad en la que se basa su actuación, ya que los miembros de la Sección Segunda no constan nombrados en ningún Boletín Oficial y su identificación, incluso a los propios interesados, se ha realizado tras reiteradas solicitudes y con amenazas a los abogados en caso de la divulgación de sus nombres.

A día de hoy, como la propia industria ha reconocido, el único efecto que ha tenido ha sido la salida de España de la lista 301. Pero la bomba en esta cuestión, para la que nadie estaba preparado, ni siquiera la propia industria, cayó a finales de enero. El FBI, en una operación desarrollada en varios países, detenía en Nueva Zelanda al fundador y responsable de Megaupload e intervenía el popular servicio de streaming de video y descargas, interrumpiéndolo y paralizando por completo su actividad.

De repente, en unas horas, millones de archivos de todo tipo desaparecieron de Internet, ya hubiesen sido subidos con o sin el permiso de sus propietarios legítimos. En un momento, una de las mayores colecciones de video de la historia de la humanidad dejaba de estar disponible. Pero lo que en un principio pareció una gran noticia para la industria con el tiempo parece poder calificarse como de la gran oportunidad perdida, algo así como cuando pudieron colaborar con Napster en lugar de combatirlo a finales del siglo pasado.

La falta de coordinación entre las grandes tenedoras de derechos impidió que para esa fecha existiese un portal equivalente, una auténtica plataforma de descarga y acceso a todo lo que uno quiera ver, o a gran parte de ello, a coste razonable que hubiese podido convertirse en la alternativa legal que demandan y haber recogido a los usuarios que ante la desaparición de Megaupload deseaban un sistema para acceder a películas de manera sencilla e inmediata.

Y aunque muchos usuarios si completaron esa migración hacia alguna de las plataformas existentes,  ya sea por el temor a quedarse, nuevamente, sin los archivos subidos o por perder el dinero pagado por sus cuentas 'Premium', lo cierto es que al poco tiempo ha resurgido el tráfico P2P, se han mejorado los sistemas de transmisión de archivos cifrados y han surgido cientos de empresas que pretenden rellenar el hueco dejado por Megaupload.

Ahora, en lugar de luchar contra un gran dominador de la escena de las descargas directas como era Megaupload, la pelea incluye a varias decenas de servicios de almacenamiento de contenidos repartidos por todo el mundo y con sistemas mejorados para intentar evitar los problemas que sufrió Megaupload.

En España, hemos asistido a los intentos de la industria por ofrecer alternativas, pero la fragmentación, no encontrar todo lo que uno busca en un mismo sitio y tener que gestionar varias cuentas, está restando efectividad a los intentos. Aunque también grandes proyectos no han cuajado, como el servicio de vídeo de Telefónica y Tuenti, o la no llegada del gigante Netflix, al parecer por cuestiones relacionadas con la gestión de derechos y los elevados pagos exigidos por la puesta a disposición de un catálogo competitivo.

2012 ha sido un año de gran intensidad jurídica en el panorama de las descargas, y 2013 amanece con la promesa del dueño de Megaupload de reabrir su servicio, con mejor protección jurídica y la voluntad de alterar el panorama de la industria. 2013, sin duda, volverá a ser un año lleno de noticias entorno a las descargas.

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