La ley del más fuerte se hace patente
Las grandes multinacionales tecnológicas logran cambiar la ley estadounidense de registro industrial para que el proceso resulte más caro y complejo
Imagen de una operaria de una empresa de microprocesadores. JUPITER
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En febrero de 2006, los tres millones de usuarios estadounidenses de la popular BlackBerry estuvieron con el alma en vilo, temiendo perder el cordón umbilical que les unía a sus correos electrónicos y al mundo exterior. Una disputa por la propiedad de una patente amenazaba con interrumpir sus preciadas comunicaciones. El caso sembró el pánico en la industria y empujó a los grandes de la informática a buscar una legislación que les protegiera mejor. Ahora, el polémico proyecto de ley que han apoyado ha sido aprobado por la Cámara Baja y está pendiente de ratificación en el Senado. Pero la decisión ha sublevado a los pequeños inventores.
El caso BlackBerry se resolvió con una indemnización de 612 millones de dólares que el fabricante canadiense Re-search in Motion (RIM) tuvo que abonar al demandante, NTP, una pequeña compañía de Arlington (Virginia), que le acusaba de violar cinco patentes con su tecnología. Pero aquella fue la gota que colmó el vaso. En los últimos años, la industria tecnológica se ha visto avasallada por denuncias de los llamados trolls, propietarios de patentes muy generales cuyo único propósito es llevar a los tribunales a los que luego utilizan estas ideas ya registradas, a menudo sin saberlo. Y se ha convertido en un negocio. En 1990, sólo se registraron 625 demandas de este tipo. Este año, ya van 1.550.
Cansados de pagar abogados, los grandes de la industria, Apple, Cisco, Dell, Hewlett-Packard (que ya lleva gastados este año 75 millones en costes legales) y Microsoft, entre otros, crearon la Coaliciónpor una Patente Justa (Coalition for Patent Fairness) para cambiar la legislación a su favor. Como era de esperar, sus esfuerzos han dado fruto y ahora la ley (Patent Reform Act) espera el visto bueno del Senado, que llegará seguramente a principios de 2008.
Estados Unidos es el único país del mundo que aplica el sistema de primero en inventar que otorga los derechos de un invento a la persona que primero registra su idea, independientemente de que luego quiera o no declinar sus aplicaciones. Es un sistema creado, en principio, para favorecer al pequeño inventor y garantizar la paternidad de su proyecto frente a las grandes empresas.
La nueva ley pretende cambiar radicalmente este método y equipararlo a la normativa europea que privilegia al que primero presenta un producto ya utilizable, lo que suele exigir mayor inversión e infraestructura. También pone un tope a las indemnizaciones y un límite de un año para presentarla. Si una firma vende un producto por cien dólares y uno de sus microchips, que cuesta cinco, es objeto de litigio, la compensación por daños no podrá exceder el 5% del valor de las ventas.
Tres intentos desde 2003
No es la primera vez que se intenta cambiar la ley de patentes en Estados Unidos; ya ha habido tres intentos infructuosos desde 2003. Todos piensan que es necesario adaptar la ley a los nuevos retos tecnológicos y agilizar el proceso de registro de la Oficina de Patentes(USPTO). Pero el nuevo proyecto ha desatado las iras de los pequeños inventores y de las startup (empresas emprendedoras) que acusan al Congreso de favorecer a los grandes frente a los pequeños.
“Esta legislación es puro veneno para los inventores”, declaraba a la revista New Scientist, Ron Riley, presidente de la PIA (Professional Inventors Alliance), una asociación que, junto con otras 430 organizaciones agrupadas en Alianza por la Innovación, ha declarado la batalla a la nueva ley.
Estiman que el actual sistema, y sus peculiaridades, es el que precisamente ha alentado durante décadas la innovación en Estados Unidos, donde en 2003 se registraron casi 17.000 peticiones de patentes en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación, una cifra muy parecida a la de la Unión Europea (16.010), por cierto.
Aseguran también que la nueva legislación debilita el sistema de protección de patentes. “Esto desincentiva a los inversores”, comentaba recientemente Dean Kamen, el inventor del Segway.
Miembros de lobbies de los dos bandos recorren ahora los pasillos del Senado, esperando la decisión final. En año preelectoral nadie quiere enemistarse con los grandes de la industria. Lo complicado es que, en este caso, están a ambos lados de la trinchera.
Del grito de Tarzán, al doble clic
El doble clic
En abril de 2004, la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de Estados Unidos concedió a Microsoft la patente del “botón de hardware basado en el tiempo para lanzar aplicaciones”, una enrevesada expresión que esconde el ‘doble clic’.
La rueda
El abogado australiano John Keogh, especializado en patentes, hizo en 2001 un curioso experimento para demostrar los fallos del sistema de propiedad industrial en su país. Patentó un “aparato circular para facilitar el transporte”, conocido como rueda desde hace miles de años.
El hipervínculo
British Telecom patentó el hipervínculo en 1972. Hace cinco años, la compañía perdió una batalla legal para cobrar ‘royalties’ por esta innovación.
El grito de Tarzán
Los herederos del escritor Edgar Rice Burroughs, creador de Tarzán, han intentado patentar el grito del señor de la jungla. La UE se negó el pasado octubre.
3 Comentarios
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Es loable el intento de la redactora I. Piquer ¡desde Nueva York! pero pincha en hueso: las definiciones de los sistemas de Primer Solicitante (First to File empleado en Europa) y Primer Inventor (First to invent empleado en EE.UU.). El primer sistema otorga el derecho a la patente al primer inventor que la solicite mediante una descripción completa- no siendo necesaria la exhibición o producción de un prototipo como recoge la información. El segundo sistema (de primer inventor) otorga el derecho a la patente al primer inventor que sea capaz de demostrarse como tal, independientemente de cuando solicitó la patente-también mediante una descripción completa y suficiente. Este sistema, como pone de manifiesto la información, entre otras inconveniencias, presenta graves inseguridades jurídicas.
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De todas maneras, en los últimos 20 años se ha visto cómo se relajaba el nivel de exigencia para otorgar patentes. Se hace malabarismos con el lenguaje que podría llegar al extremo. En el mundo anglosajón se habla de la "industria de espectáculo". El fútbol pertenece al mundo del espectáculo y es en consecuencia una industria. Les entrenadores se hacen llamar "técnicos". Las estrategias y métodos de entrenamiento son pues actividades ejercidas por técnicos de la industria del fútbol. Si un entrenado-técnico desarrolla una nueva táctica futbolística, como resuelve un problema "técnico" de la "industria" del fútbol, podría patentarla y cobrar royalties o prohibir que otros entrenadores que lo utilicen. Es, por supuesto, un caso extremo, pero ilustra hasta que extremos los abogados expertos en propiedad industrial pueden llega y , lo que es peor, las oficinas de patentes ceden y otorgan patentes chorras.
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