2010 Una odisea pendiente
La humanidad sigue anclada a la Tierra, todavía no se conocen alienígenas y las máquinas aún no se han rebelado
Ilustración para la portada de la novela 2010: Odisea dos.MICHAEL WHELAN
En 2010, un conflicto en Honduras inflamó la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética hasta el punto de declararse técnicamente un estado de guerra. La portada de la revista Time ilustraba la delicada coyuntura con las efigies de ambos líderes mundiales bajo una sencilla pregunta que reflejaba la gravedad del momento: "War?" ("¿Guerra?").
Por supuesto, lo anterior no ha ocurrido, ni ocurrirá, salvo una más que improbable resurrección de la URSS, desmantelada en 1991. Pero una pista de que se trataba sólo de una ficción se revela en las imágenes que aparecían en la falsa portada de Time: los rostros del presidente de EEUU y del premier soviético no eran otros que los de Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, dos cerebros que, a dúo y en doble versión para papel y pantalla, pulieron la mejor obra de ciencia ficción del siglo XX: 2001: Una odisea del espacio.
Con su largometraje de 1968, Kubrick dio por saldado su interés en el origen del hombre y la vida extraterrestre. No así Clarke; el visionario físico y escritor se dio tres oportunidades más para envolver en papel los paquetes conceptuales de 2001 y atar el lazo de su particular cosmología. No cabe comparación posible de las secuelas con su magistral precursora, pero tampoco Peter Hyams aspiró a suplantar a Kubrick cuando filmó la continuación, sobre un guión confeccionado en estrecha colaboración con Clarke.
La tentación de predecir
El escritor tenía un propósito más con el cierre de su saga: completar su cuadro de predicciones tecnológicas y sociales para el futuro, algo tan tentador para todo autor del género como para el lector lo es revisar los pronósticos cuando vencen sus fechas. Llegado 2010, Clarke y Hyams pasan examen. Y la primera, en la frente: fue 2010, Odisea dos, publicada en 1982 y estrenada en 1984, la que contenía el fallido vaticinio de conflicto entre EEUU y la URSS.
Obviamente, no es el único pronóstico que podría sacarle los colores a Clarke si no hubiera fallecido dos años antes de este 2010: los viajes interplanetarios, las bases lunares, los computadores cuasihumanos, la propulsión nuclear, la hibernación, el contacto con seres de otros mundos... En fin, prácticamente nada de su universo se ha hecho realidad.
Siendo justos, el desatino sobre el amago de Tercera Guerra Mundial no es achacable a Clarke; sólo figura en la versión en pantalla. Pero incluso este caso ejemplifica el espíritu que animaba el ejercicio predictivo del escritor: la conquista de metas no tiene límites en la tecnología, sino sólo en la capacidad humana. El autor lo formuló con otras palabras en su famosa Tercera Ley: "Toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". En 2010, la obcecación humana se solventa gracias a la intervención de una inteligencia superior. Aparentemente, magia.
Este optimismo es sello de la imaginación creativa de Clarke. Al contrario que otros autores que dibujaron un mundo tecnificado, pero para quienes esto proyectaba sobre el futuro una sombra de amenaza distopías como Nosotros, de Yevgeny Zamyatin, o Un mundo feliz, de Aldous Huxley, sin olvidar la vigilancia tecnológica orwelliana de 1984 o, en el cine, la ópera prima de George Lucas, THX 1138, Clarke se situó del lado de la utopía: el avance científico y técnico siempre conduce al progreso, sólo condicionado por sus artífices humanos, entusiastas y voluntariosos, pero aún en su infancia evolutiva.
El monolito
Para sustanciar este brillante futuro tecnológico en un demiurgo menos falible y finito que el hombre, Clarke inventó el monolito, protagonista silencioso de la saga. En realidad, fue una idea de Kubrick; Clarke quería un tetraedro, menos fotogénico. El TMA (siglas en inglés de Anomalía Magnética de Tycho, el cráter lunar en el que se descubre) es el epítome de una inteligencia extraterrestre que moldea el cosmos a su antojo, dirigiendo la evolución humana en 2001, o, en 2010, creando un hábitat planetario para un nuevo torrente de vida y, de rebote, disipando la tensión bélica que habían creado los terrícolas. El error humano presta la ocasión para que la sabiduría de una supercivilización hermane a los enemigos en una nueva conciencia de especie.
En cierto modo, el monolito se convierte así en un seguro contra predicciones erradas. Porque más que reflejar lo que la humanidad lograría en el futuro, Clarke quiso plasmar lo que habría podido lograr si... Esto se revela en el prólogo a 2010; a principios de los ochenta ya era más que evidente que la tendencia tecnológica había echado por tierra las primeras previsiones del autor. Pero este escribió que el escenario de 2001 se habría materializado si los fondos desviados a la guerra de Vietnam con el cerrojazo de la carrera espacial se hubieran lanzado a la frontera del cosmos.
Atinase o no, Clarke tenía razón en todo. Sólo que el monolito nunca apareció.
Naves interplanetarias
Pocas esperanzas de abandonar esta roca
A nadie se le escapa que el gran cuello de botella para el salto del ser humano más allá de la gravedad terrestre es el vehículo. Sin embargo, algunos –especialmente quienes apoyan la teoría de la conspiración lunar– sí parecen ignorar el sencillo motivo por el que el salto aún no se ha producido: dinero.
En plena ebullición de la carrera espacial, John F. Kennedy prácticamente firmó un cheque en blanco a la NASA: en 1966, los fondos de la agencia espacial tocaron techo con un 5,5% del presupuesto federal, según datos de la Casa Blanca. Con la conquista lunar en julio de 1969, el científico Wernher von Braun, artífice del cohete Saturno V que puso al hombre allí, declaró que la gesta era “igual de importante que el momento de la evolución en que la vida acuática se arrastró a tierra firme”. Enardecido por el éxito, el ex nazi pensó que aquello era sólo el principio, y presentó al Congreso un programa que llevaría colonos a la Luna y pioneros a Marte antes de 1990.
Pero Von Braun se equivocaba: no era el principio, sino el fin. La pérdida de interés público y la entrada de EEUU en el avispero de Vietnam fueron claves para que el presidente Nixon desinflara las arcas de la NASA hasta caer por debajo del 1% a finales de los setenta. La exploración tripulada quedó reducida al transbordador espacial, válido sólo para la órbita terrestre. En 2009, la NASA recibió un magro 0,55% del presupuesto federal.
Von Braun y otros expertos predicaron que el salto al espacio requería una revolución tecnológica desde los cohetes convencionales. En su nave ficticia con destino a Júpiter, la Alexei Leonov, el autor de 2010 instaló un Propulsor Sakharov, basado en la idea del físico y disidente ruso y que empleaba un reactor de fusión nuclear para calentar y expulsar el propelente, hidrógeno o amoniaco.
Estadounidenses y soviéticos han tanteado la propulsión espacial termonuclear. En los sesenta, la NASA lanzó el proyecto NERVA (siglas en inglés de Motor Nuclear para Aplicación en Vehículos de Cohetes), concebido para vuelos interplanetarios. Pero el recelo público y los tratados de no proliferación llevaron a su cierre en 1972. Más recientemente, otros proyectos en EEUU como el Prometeo rescataron cierto interés por estas tecnologías. La apuesta más firme es la del Gobierno ruso, que acaba de asignar casi 12 millones de euros a un proyecto de este tipo. La europea ESA no tiene planes en este campo.
Humanos en el espacio
Ni se sabe cuán aptos, ni para qué riesgos
La bisoñez del ser humano como viajero espacial es otro gran obstáculo. Ni siquiera los expertos, en centros como el Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú, el Instituto Nacional de Investigación Biomédica Espacial de Houston (EEUU), o el MEDES francés, creen que se haya dicho la última palabra sobre cuál es la magnitud real de los riesgos a los que se enfrenta el organismo fuera del abrigo terrestre. Incluso la convivencia forzosa es un problema: el proyecto Mars 500, actualmente en marcha cerca de Moscú, simula la reclusión de un viaje a Marte durante 500 días –tiempo estimado de una misión real– para observar el impacto fisiológico y psicológico del aislamiento en un grupo de voluntarios cualificados.
A falta de naves más rápidas, Marte pone techo a la duración aceptable para una misión tripulada, a no ser que se invente un método para hibernar a los ocupantes. Como otros autores de ciencia ficción, Clarke incluyó en su obra la hibernación por hipotermia, un método aún lejos del alcance de la ciencia. El investigador Mark Roth, del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson en Seattle (EEUU), ha logrado inducir hibernación reversible en animales con sulfuro de hidrógeno. Roth quiere experimentarlo en humanos.
A las largas travesías se superponen los peligros de vivir en el espacio en ausencia de gravedad. Esta cuestión se ha estudiado intensamente gracias a las prolongadas estancias de astronautas y cosmonautas en órbita. Los datos muestran varios daños, como pérdida de masa ósea y muscular, anemia, atrofia inmunitaria o cálculos renales. A largo plazo, los efectos podrían ser graves; el neurólogo del CSIC Javier de Felipe cree que un bebé criado en ingravidez “jamás podría andar”, y que su cerebro “maduraría de distinta forma”.
Para evitarlo, los científicos acarician la idea de simular artificialmente la gravedad terrestre. La manera más simple, fuerza centrífuga por rotación, fue aplicada por Clarke en la estación orbital de tránsito que aparece en 2001 y en las naves Discovery One y Alexei Leonov; en esta última, sólo en la película, tal vez para facilitar el rodaje con los actores. Por si fuera poco, los expertos advierten de que la amenaza más letal, al menos de las ya identificadas, es la radiación. También la más desconocida: no se sabe cuánta dosis sería admisible, y el experto de la NASA Frank Cucinotta advierte: “Un escudo no es la solución”. Con tales perspectivas, ¿quién se ofrece voluntario?
Vida alienígena
Si hay alguien ahí fuera, prefiere no hacer comentarios
La saga de Clarke sigue la estela de un concepto muy arraigado en la cultura popular del siglo XX: la idea del primer contacto con seres extraterrestres, que tarde o temprano se dejarían ver. En 2001, Clarke y Kubrick atrasan ese primer encuentro a los ancestros humanos sin posibilidad de dejar constancia de ello. El contacto en la era moderna es indirecto, a través de los monolitos, pues los alienígenas que los construyeron hace milenios que optaron por la inmortalidad cargándose a sí mismos en computadoras y más tarde desliéndose en energía pura. En 2010, se manifiestan a los humanos para alejarlos de Europa, el satélite de Júpiter donde han decidido catalizar la evolución biológica de los microbios presentes allí.
Sobra mencionar que la realidad en el verdadero 2010 es más aburrida. Pero Clarke plasmaba posibilidad más que realidad: Europa, con un probable océano interior, es para los científicos un candidato a albergar vida microscópica, como lo son Encélado o Titán, lunas de Saturno, planeta que era el escenario original en la novela 2001.
Los últimos hallazgos en Marte, como agua por doquier y compuestos energéticos, han reavivado la teoría de que pudo albergar vida abundante en tiempos más húmedos, y de que aún podría cobijar microbios resistentes parecidos a algunos terrestres. Pero para más pruebas hará falta más dinero.
Computación
Los ordenadores matan, pero sólo a marcianos y zombies
El supervillano psicópata más incorpóreo de la historia, el computador HAL 9000, hoy parece una webcam obsoleta. Quizá haya que apuntar esta anticipación en el haber de Clarke y Kubrick, pero lo cierto es que, a fecha de 2010, el rumbo de la tecnología informática parece haber tomado derroteros distintos a los de la ficción clásica.
Con independencia del futuro éxito de la inteligencia artificial –algo que los expertos presumen, aunque difieran en la previsión de fechas–, todo el concepto de HAL parece anclado en su época: un computador inmenso que sólo su creador sabe programar y que está dedicado en cuerpo y alma, o en hardware y software, al trabajo, salvo por la ocasional partida de ajedrez para relajar los circuitos.
Como otras proyecciones tecnológicas de su tiempo, la obra de Clarke no predijo la miniaturización. Pero, sobre todo, no hubiera sido fácil entonces prever el fenómeno 2.0 –redes colaborativas, software libre, código abierto y P2P– ni el rumbo de la computación hacia el ocio, con las redes sociales o los videojuegos. Al menos, 2001 acertó al usar retroproyección para simular pantallas planas. Una innovación que, sin embargo, se perdía en 2010, para retroceder al tubo catódico con una calidad de gráficos que hoy hace sonreír.
El ascensor espacial, la gran apuesta de Clarke
El autor británico destacó por predecir los satélites de comunicaciones en órbita geoestacionaria –sincronizados con la rotación terrestre–. Pero su aportación más notable fue el ascensor espacial. La idea aparece en su novela ‘Fuentes del paraíso’ y en la cuarta y última entrega de la serie ‘Odisea’, ‘3001’. Se trata de una cabina que ascendería por un cable hasta la órbita estacionaria. En ‘3001’, los terrícolas vencen el obstáculo de la resistencia que requiere el material fabricándolo con diamante, que se encuentra en abundancia en el sistema de Júpiter.
25 Comentarios
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yo no diria tanto... existe el que sabe lo que se esta cociendo y existen el fiel creyente que se cree todo las mentiras que cada dia nos sueltan sin nisiquiera preguntarse que hay o no de verdad en ellas
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Somos una generación engañada. Yo quiero coches voladores, vacaciones en la luna, y robots que hagan las tareas de casa (el robot de cocina es un timo, no va a comprar los ingredientes... ni tan sólo es capaz de cogerlos de la nevera).
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Aqui lo único que se ha cumplido de todas las predicciones furistas es BIG BROTHER DE H.G. WELLS, con sus ministerios de la verdad, la alienación cultural y la presencia de camaras por nuestra seguridad y nos tienen vigilados, casi siempre al ciuedadano medio
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Para predicciones fallidas, ahí van unas cuantas: adelantaremos a Francia en renta per capita. Empezaremos a salir de la crisis en marzo(09). En noviembre(de 2009) empezará a crearse empleo. No llegaremos a 4 Millones de parados. Y otras muchas que no incluyo. Todas del mismo autor.
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Supongo que lo tuyo es simplemente un lapsus pero Big Brother pertenece a la novela 1984 que es de George Orwell, no de H.G. Wells.
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Nada, se habrá confundido lo de HG Wells, un fallito sin importancia :-)
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creo que te refieres a 1984 de goerge orwell...
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justo lo acababa de poner yo y veo que ya estaba
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La ciencia ficción cumple dos de los tres consejos de Gramsci: instrúyanse, porque necesitaremos toda su inteligencia, emociónense, porque necesitaremos toda su ilusión.
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La ciencia, especialmente la de lo muy pequeño o lo muy grande, el átomo y el universo, te hacen comprender la NIMIEDAD y la FUGACIDAD de los problemas que nos absorben. Vivamos felices y en paz durante este brevísimo tiempo en que unos pocos átomos se han organizado de esta forma tan curiosa, la vida.
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Beuno el articulo, sólo que: "..para retroceder al tubo catódico con una calidad de gráficos que hoy hace sonreír" Ahí la pifias, la tecnologia crt de gama alta es superior aún hoy en dia a la de plasma o tft (por muy s-ips que sean)..ya ni hablar de los ridiculos paneles TN y sus 2 ms de lag... A veces la estetica y la amquinaria de consumo acaban con tecnologias que ofrecian mejor calidad de imagen y profundidad de color a un menor precio. No porqué sea lo más vendido es lo más bueno.
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Clarke no tiene la culpa de que los seres humanos sigan anclados a creencias irracionales que ralentizan su progreso ni de que los presupuestos para investigación dependan de los caprichos políticos de algunos. Pero hay algo que se le ha escapado al autor del artículo, ¿a qué le suena lo que hace Floyd mientras vuela de la tierra a la estación espacial? Una pista: está viéndolo en una pantalla.
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Son sólo las fechas las que yerran en la visión de futuro que el maestro Clarke nos regaló. Los politicastros al uso, que no ven más allá de sus narices nos han perfilado otros derroteros lamentables, para el futuro cercano, lleno de oscuridad y desesperanza. Clarke no tiene la culpa de esta miopía que nos envuelve. Hay un capítulo antológico en una de sus novelas donde un velero fotónico alienígena, no tripulado, entra en los dominios de nuestro Sistema Solar, recabando información, los sistemas de detección terrestres lo captan y se arma el esperado revuelo. Pero el velero pasa de largo y sigue su camino. No obstante, nos deja un mensaje clave: sabed que estamos ahí fuera, pero vosotros no estáis capacitados para el contacto. El corolario está claro: hay que superar un examen, tanto tecnológico como ético para que el contacto se consume. Que nadie espere el contacto sin un cambio de mentalidad profundo y con una tecnología que al menos pueda conseguir colonizar nuestro propio Sistema Solar, como prueba de que estamos mínimamente preparados para ser una especie estelar. Posiblemente esperan que superemos todo esto para que se inicien los protocolos del contacto. Y, de momento, lo estamos haciendo muy mal. Seguimos suspendidos.
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Clarke teorizó sobre los satélites artificiales de comunicaciones mucho antes de que a nadie se le ocurriera tal cosa, estableciendo la órbita geoestacionaria a fuerza de puro cálculo. No lo he leído al completo, pero su obra va desde la divulgación científica, a la ciencioa ficción y, a veces, roza la mística en el sentido de la Trecera Ley que cita el artículo, como en "El fin de la infancia". Queda pendiente una idea suya, el ascensor orbital, el único método teórico, por ahora, de hacer asequible la puerta del espacio. No es misión de la divulgación científica ni de la literatura poner fechas, sólo abrir puertas. Y como abridor de puertas, Clarke es todo un ejemplo de lo que puede ser un pensador conservador, nada que ver con los fachas de ultraderecha que por aquí pustulan. Me ha gustado mucho tu comentario, Quin.
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Este fragmento se ve ampliado a toda una novela: "Cita con Rama". El velero ahora es un objeto de 50x10 km de largo, que aparece a mediados de este siglo y al que se envía un equipo a investigar. Una vez dentro les ocurre que...(caaalla, mariano que se la destripas...). Muy intuitivo el futuro de la robótica. La nave tiene automatismos hasta para hacer calceta. Interesante es la parte 2, bajo el original nombre de Rama II. Esta vez no parece haber dudas sobre si pasará de largo. Desde el principio se sabe que lleva a una "órbita de aparcamiento", es decir, no es un suceso debido al azar. Interesante revolución mundial ahí. Luego editó en colaboración un par de secuelas (creo recordar que con Gentry Lee), pero no llegan a la sorpresividad (o capacidad de predicción, al cabo del tema que nos ocupa) de las dos primeras. En cuanto al vehículo, antes de llegar al estadio de "nave galáctica", se puede ver en "Cánticos de la lejana Tierra" un estadio intermedio donde se describe un vehículo capaz de albergar una colonia de humanos durante un viaje de nada más y nada menos que 400 años hasta.... la estrella más cercana: alfa centaurii. Lo sorprendente de éste es que tal vehículo cae fuera de las posibilidades actuales sólo en dos aspectos: la fusión nuclear y la ingeniería espacial, dos de los retos del XXI. Incluso se sugiere (en el universo literario de Clarke, claro) que el desarrollo de estas dos se vió impulsado a nivel mundial por la aparición del velero a mediados de siglo...superando las objeciones de tu primer párrafo. .... A ver si hay suertecilla y tal y tal...y tal suceso nos pilla aún vivos.
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Gran parte de la obra de Clarke gira en torno a las vicisitudes que surgirían con contactos con alienígenas, enfocándolo desde muchos puntos de vista, pero siempre de una manera muy seria y creíble, y alcanzando su cota más elevada con lo que propone en 2001, (que al principio fue un relato corto). Clarke fue el primero en considerar la posibilidad de que la especie humana estaba siendo observada atentamente por seres no humanos y dirigida con cautela, pero sin ingerencias directas, desde su misma prehistoria hasta nuestros días con la finalidad de que en el momento adecuado pudiera dar su siguiente paso evolutivo con la ayuda de estos entes muy superiores. Colofón cuasi-místico que Kubrick supo explicar, genialmente, usando sólo imágenes y casi sin palabras. Clarke consideraba esta presunta situación como normal y lógica dentro de su filosofía científica, Nos viene a decir que una comunidad de especies estelares se dedican a integrar a otras razas que se lo merecen a tal comunidad cuando éstas están preparadas; y medio mundo (con cerebro) se sumó a esta asombrosa idea. Ahora bien, obviamente, no tiene por que pasar como él describe en 2001. El caso es que pase de una manera u otra, pues buena falta que nos hace. En cuanto al velero solar extraterrestre no tripulado que pasa de largo, al que me refería en el anterior post, y que sería la forma de que se consumara el primer contacto, pues su presencia indicaría que hay gente fuera que viaja por el Cosmos; Clarke lo saca a relucir en varias novelas y relatos cortos. Al que yo me refería, creo recordar que se describe en Fuentes del Paraíso. No obstante, lo suyo es leer todo lo que escribió el Maestro.
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Y Blade Runner transcurre en 2019.
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Muy bueno el articulo. A mi me encantan las novelas de "anticipación" que son las que tratan de imaginarse el futuro, normalmente exagerando errores presentes, como "1984" de Orwell (escrita en 1948 pero casi de plena actualidad) o "un mundo feliz" de Huxley. Esas son clásicos, por eso también quero recomendar una novela más actual "Globalia" de un tal Ruffin que fue miembro de "Medicos sin Fronteras". Es muy buena y da que pensar.
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Con todos mis respetos y sin animo de ofender a quien escribe y que probablemente lo hace en base a sus experiencias, y sin animo tampoco de aparecer como chiflado que ni falta me hace, me temo que la mayor parte de las "ideas" sobre el "tiempo" de las que se intuyen en la pelicula, si que se han cumplido, y hace bastante tiempo, ya. Lo que pasa es que igual no exactamente de la misma manera a lo que se adivina que quiere decirse en la pelicula.
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Muchisimos de los avances tecnologicos de Blade Runner (logicamente no los que tienen que ver con la robotica)son hoy una realidad, desde los videoporteros automaticos, los videotelefonos, el sistema de tratamiento digital de las fotos que se ve en la peli, la multiculturalidad o multietnicidad de nuestras ciudades (especialmente en USA y Australia), etc.
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Quien sí acertó de lleno fue el autor de ciencia-ficción FREDERICK POHL, con una excelente novela distópica escrita a principio de la década de los cincuenta, titulada "MERCADERES DEL ESPACIO". Esta novela, olvidada durante años, está siendo rescatada ahora por su clarividencia a la hora de predecir nuestra situación actual. Los críticos ya la ponen al nivel de las grandes distopías como "1984", "Fahrenheit 451" o "Un munddo felíz". Quienes la hemos leído opinamos incluso que las supera, ya que, además de estar muy bien escrita, DA EN EL CLAVO. Casi todo lo que Frederick Pohl describía como una fantasía disparatada allá por los años cincuenta del pasado siglo, ya se ha cumplido en el 2010. Muy recomendable leerla. Sobre todo ahora.
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Ahh, Arthur C. Clark, un santo barón...investigar un poquillo sobre sus últimos años Sri Lanka. Un ejemplo para todos, ¿no?
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Y sobre los mensajes más votados.... a ver si nos damos cuenta que el progreso científico y el progreso moral NO van emparejados. Ejemplos hay de sobra. El hombre es un lobo para el hombre hoy y dentro de 2 millones de años (si llegamos). Y sobre lo de que razas alienígenas nos sacarán las castañas del fuego...eso es MESIANÍSMO, tendréis una mente muy "científica" pero en el fondo seguís siendo muy religiosos. Da que pensar ¿no?
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a ti no te dan de pensar muchas cosas...¿verdad?.
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Ya que me interpelas Randall, te contestaré: ayudar al prójimo no es nunca mesianismo, sería en todo caso: rectitud moral. Y no hay nada más satisfactorio en la vida de una persona que esto. Quien no lo haya hecho que lo pruebe (aunque sea banquero y lo quiera llamar filantropía). Los grandes conductores de la humanidad sabían lo relevante que es ayudar al necesitado y siempre lo integraban en sus filosofías. Tras esto no tiene nada de disparatado que vetustas civilizaciones estelares se dediquen a echarle una mano a otras especies más jóvenes. No digo que debe ser así forzosamente, digo que es viable. En cuanto a que somos religiosos es posible, pero en su acepción más pura del griego: religare, que viene a significar: nexo, unión y hermandad entre todos. Nada que ver con los consabidos comportamientos de las religiones actuales donde lo que prima es el enfrentamiento y el proselitismo. Yo concretamente me considero agnóstico. Busco la verdad sin intermediarios espurios. Buen día Randall.


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